
En celeste y blanco
Trucho, mersa, raye, aparato, ipso pucho... Palabras y frases de uso cotidiano reunidas en la segunda edición del Diccionario del habla de los argentinos , una monumental obra de expertos de la Academia Argentina de Letras que LA NACION comenzó a distribuir anteayer en los quioscos de diarios y revistas
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Finalmente existe un diccionario en el que se llama a los hinchas de River por su nombre: "gallinas". O donde los "canallas" y los "bosteros" también encuentran su lugar, detrás de las banderas de Rosario Central y de Boca. Un diccionario que recupera y define de la manera en que realmente las usamos, cotidianamente, palabras tales como "trucho", "bondi", "busarda" o "escabiar".
El sello de lo local, de lo nuestro, atraviesa de cabo a rabo esta segunda edición -corregida y aumentada- del Diccionario del habla de los argentinos , una obra que desde anteayer LA NACION ofrece en forma exclusiva en los quioscos (ver recuadro).
En una atmósfera informal, con el agua del mate siempre a punto para matizar el ir y venir de la charla, el doctor Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, la institución a cargo de la monumental tarea de elaborar el diccionario, se detiene en alguna de sus más de 700 páginas para compartir parte de sus más curiosos aspectos.
-Este es un diccionario del "habla", no de la "lengua" de los argentinos. ¿Qué significa esta diferencia?
-La lengua alude al gran sistema de comunicación general. Un diccionario que comprenda las palabras generales de la lengua, como silla, persona, revólver, es un diccionario de la lengua española, pero cuando se va a ocupar de la modalidad particular que la lengua toma en una determinada región, entonces podemos hablar de un diccionario del habla popular argentina o del habla argentina. La lengua oral es la que va por delante de toda manifestación lingüística, la que abre el camino de toda imposición futura de voces. Por eso, en la Academia Argentina de Letras hemos creado una institución llamada Auditorio de Radio, para empezar a atender aquello que la radio adelanta o anticipa. La oralidad de la radio -incluso la de la televisión- anticipa expresiones y frases que después tardarán un poco para llegar a la prensa gráfica o a los escritores.
-El diccionario cita ejemplos de utilización de la palabra definida en diarios y páginas de Internet...
-Sí. La compulsa de la Academia va hacia formas cotidianas del uso de la lengua y el diario es lo que día a día aparece escrito, de modo que nosotros atendemos, no lo que tradicionalmente se había hecho, que es buscar ejemplos de la literatura (lo que no está mal), sino también hacerlo extensivo a otras manifestaciones escritas. Además, vemos diarios de todo el país, para tener un espectro mayor de los usos del habla de los argentinos. Este diccionario no tiene ejemplos inventados. Y además de diarios e Internet usamos también ejemplos de manuales de electrodomésticos, recetarios de cocina.
-Acá, por ejemplo, en la definición de "piquetero" hay una cita del diario LA NACION donde se usó la palabra. Es una cita de 2001. ¿Qué indica?
-Que hay una documentación, no necesariamente la primera, sobre el uso de esa palabra. Y que para que esa documentación tenga un valor debe haber transcurrido un tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Hace unos años, por ejemplo, se decía "tirame las agujas" para pedir la hora. Pero esa expresión salió del uso. Se tiene que mantener aproximadamente unos 5 o 6 años; cuando tiene esa duración, significa que tiene pervivencia, tiene tradición.
-En las definiciones también se citan nombres de autores...
-Es el único diccionario que lo trae, y significa que se incluye a todos los lexicógrafos que en sus diccionarios han incorporado la palabra en cuestión. Son lexicógrafos argentinos o extranjeros que se han ocupado del habla de los argentinos. Yo tomo una palabra y recorro todos los tratamientos que los lexicógrafos le dieron a través del tiempo. Nosotros tomamos a los lexicógrafos pero no repetimos, redefinimos la palabra en función del uso que se le da. Para un diccionario común de argentinismos, la palabra "gorila" significa antiperonista. Pero, después, la palabra "gorila" adquirió un segundo significado, intolerante, que es el uso que el senador Cafiero empezó a darle en la Cámara cuando hablaba, pero no sólo de aquellos que son antiperonistas, sino intolerantes en un sentido más amplio. Y ésa es la nueva acepción de "gorila": intolerante.
-Entonces, el hecho de que una frase de un diario esté citada en este diccionario no significa que los periodistas gráficos hayamos escrito bien...
-No necesariamente. Significa que se documenta con un uso concreto y adecuado la acepción que le estamos dando a través de lo escrito por un periodista individual ubicado en un diario determinado día. Es ciencia porque estamos documentando con certificación real. Está bien de acuerdo a la acepción. Pero no quiere decir que usted escriba correctamente porque lo citemos.
-El hecho de que las palabras o frases estén incorporadas en un diccionario no significa, por lo tanto, que sean correctas...
-No. Por eso no decimos que existen buenas o malas palabras, sino buenas o malas palabras según el uso conceptual. Si yo le digo en mitad de una conversación "me he mirado al espéculo" es ridículo porque "espéculo" es una palabra latina afectada que no tendría que usar en una conversación coloquial. Es una mala palabra porque está mal situada. Si yo uso una puteada en el momento preciso en que tengo que usarla porque me han insultado, la madre no es una mala palabra, es la palabra que se espera para ese contexto. Lo que es desajustado es usar groserías en el contexto de mediano trato cultural. Es muy común que venga un periodista y me diga: "Tenemos 15 nominaciones para la palabra pene". Como usted sabe, en casi todos los diccionarios los órganos sexuales son los más abundantes en denominaciones porque la gente va buscando formas menos agresivas de nombrarlos. Entonces, ¿puedo usarlos? No, porque hay que leer al lado qué marca se le pone. Si dice "vul" significa que es vulgar. Usted la puede usar, pero es vulgar si lo usa. Hay que leer el asiento del diccionario en su totalidad, que esté aceptado no significa que lo sea para cualquier uso. No existen palabras sueltas, sino palabras en un contexto determinado, y el contexto es lo que configura la situación en la cual la palabra es adecuada o inadecuada. Es lo que importa en este caso.
-¿Cómo se hace un diccionario de este tipo?
-Es una tarea muy amplia. Y tiene una ventaja sobre otros: es colegiado. Es decir, no fue hecho por una sola persona, sino que es el segundo intento de un diccionario realizado por toda una corporación; por eso el trabajo es lento; es todo un grupo de expertos de la Academia. Este diccionario tiene una raíz muy vieja, porque hace muchos años se empezó a hacer un registro de argentinismos que se discutía en las sesiones de la Academia y que constituyeron nada menos que tres grandes tomos donde cada palabra tenía una historia bastante extensa. Luego se hizo una reducción para recoger los argentinismos de uso en nuestra habla, que no deben superar las 10 mil voces reales, y en esta segunda edición estamos en los 6 mil. Hay palabras que van desapareciendo y se pierden, así como otras se incorporan. Hasta hace dos años se dijo "tirar pálida" hoy ya casi no se usa, hoy es "buena" o "mala onda", y es factible que la frase "tirar onda" dentro de algunos años tampoco se diga más. Por eso tratamos de rescatar lo que se usa. Y de mantenerlo actualizado.
-Claro, un diccionario no es una obra que se termina, que tiene punto final.
-Exactamente. Es un proceso. En principio hay un Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas, que tiene una larga tradición acá en la casa, y le hemos incorporado un conjunto de jóvenes que enviamos becados a la Escuela de Lexicografía Hispánica que funciona en Madrid; allí aprendieron los últimos métodos de fabricación de diccionarios con técnicas informáticas, formas de definir las palabras, poner las marcas en cada asiento -si es humorístico, vulgar-, la definición que es muy difícil de establecer; con estos jóvenes hemos venido a enriquecer la experiencia: ellos van detectando algunas palabras y las proponen a la Comisión de Argentinismos, constituida por académicos de distintas provincias. Se larga la propuesta de la palabra ya elaborada, se discute la definición, se la va refaccionando, retocando. Hay que ser sintético en un diccionario, se va tocando, se quita, se gana precisión. Luego pasa a la aprobación de la totalidad de los académicos, que en este momento son 18, y se decide si se incorpora o no al diccionario. Gana la mayoría.
-¿Es lo mismo argentinismos que el habla de los argentinos?
-El habla de los argentinos es la realidad concreta con que yo me manifiesto por escrito u oralmente. Los actos de habla son expresiones concretas en situaciones concretas, orales o escritas. El argentinismo sería estrictamente aquella voz o frase o expresión ("andá a cantarle a Gardel") que es de uso exclusivo de los argentinos. Nosotros empleamos la palabra argentinismos en nuestro diccionario, pero tenemos muchas cosas en común con el Uruguay. Bacán es de origen argentino pero se usa también en Uruguay, en Chile, en Colombia. Los tangos de Gardel llevan el bacán a América Central, y entonces Costa Rica usa bacán. Hay pocas palabras que son exclusivamente nuestras. ¿Cuándo sabremos cuáles y cuántos son netamente argentinismos? Cuando termine el Diccionario de Americanismos, en el 2009 -y en el 2010 se publicarán, para el 5° Congreso Internacional de la Lengua, porque cada palabra lleva al lado todos los países en que se usa; los que lleven "arg" es porque son sólo argentinismos, los otros pueden tener origen argentino y luego se han expandido. Hay muchas palabras que son solamente argentinas: balneario , ambientalismo , bicisenda , expresiones como boca de urna , que se expandió al resto de América, pero salió de la Argentina. Bordeadora , caja chica o catarro también son argentinas. O borocotear , que nació en el campo político y que está bien usada si alguien dice borocotear (por dar vuelta) el asado .
-¿Hay otros diccionarios del habla en América latina?
-Hay otros cuatro diccionarios que se han ocupado de definir desde la Academia local el habla de su pueblo: el colombiano, que es el más antiguo pero muy breve; el hondureño, un diccionario colegiado hecho por la Academia; el de Nicaragua y el del Uruguay. Pero el nuestro es el más amplio y completo de todos, siempre enriqueciéndose porque va incorporando palabras.
-¿Este diccionario puede ayudar a saber si hablamos mal o bien los argentinos?
-No, porque en el hablar bien o mal el léxico es un elemento, pero lo determinante es lo sintáctico: si maneja la construcción sintáctica en forma correcta y debida usted habla bien. Usted puede hablar correctamente con un escaso caudal lexicográfico siempre y cuando la estructura sintáctica sea la que corresponda, los elementos de la oración estén bien articulados y las concordancias sean las correctas, de la misma forma que la articulación de los tiempos. Un léxico, por otra parte, es correcto cuando está adecuado a la situación y el contexto en que debe usarse: si un novelista quiere reflejar la vulgaridad de un personaje, está bien que lo haga hablar en términos vulgares. Es tan incorrecto usar una palabra afectada en un contexto de habla coloquial como usar una vulgaridad en una situación culta. Pero la riqueza del léxico es parte de la riqueza del idioma, y se vincula con la capacidad que se puede desarrollar en materia de inteligencia y conocimiento del mundo. En la medida en que alguien tiene un estrecho vocabulario, su experiencia del mundo se reduce a lo que puede nominar con esas palabras y nada más. Por eso, en los medios, más peligrosa que la vulgaridad -que es mucha, en especial en radio y televisión- es la pobreza lingüística. Porque indica la estrechez mental de quien no tiene casi instrumentos para expresarse y manifestar lo que desea.
-¿Por qué una familia debería tener este diccionario en casa?
-No sólo cada familia: debería tenerlo también cada escuela. Pero no éste, sino varios ministerios de Educación no lo compraron nunca para destinarlo a consulta, seguramente porque están atentos a otras compras, a otros negocios más urgentes. Sin embargo, este diccionario es importante. Es una toma de conciencia sobre el patrimonio común que tenemos los argentinos como cosa propia y, con vistas al bicentenario, ratifica nuestra idea de pertenencia, nuestro bien común, la tradición lingüística que tenemos, y el encontrarnos en una lengua que todos hablamos. Esto debería ser un eje de atención para los que planifican el bicentenario, está dándoles una idea del habla cotidiana, claramente, un libro que contiene las palabras esenciales del día a día de los hombres y mujeres argentinos de hoy. Porque el idioma, siempre, es un punto de encuentro.
Para saber más: http://www.aal.edu.ar/
Una obra monumental
Desde el viernes último, LA NACION ofrece en los quioscos la segunda edición corregida y aumentada del Diccionario del habla de los argentinos , una obra de la Academia Argentina de Letras en un único tomo que se ofrece a un precio especial: $ 49,90 (en las librerías, la edición de tapa dura cuesta $ 89).
Si bien el diccionario salió a la venta junto con la edición del diario el viernes último, estará en los puestos de diarios y revistas hasta agotar el stock.
La primera edición del Diccionario se publicó en 2003; en esta oportunidad, el trabajo se amplía con la incorporación de 1500 voces, ejemplificadas (al igual que las anteriores), con citas de diarios, revistas, sitios de Internet y libros.





