En el trabajo me cuesta pedir lo que necesito

Andrea Churba
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24 de abril de 2019  • 16:37

Hola, Andrea

Soy directora de Marketing de una editorial muy importante. No lo vengo pasando nada bien en relación con el nuevo CEO que entró hace ocho meses para hacer cambios en la compañía. En general no comenta nada sobre mi trabajo y el de mi equipo. Nunca sé si está contento o no, porque no marca los errores ni reconoce los que hago bien. Hasta ahora pensaba que era cuestión de acostumbrarme a su estilo y desarrollar mi capacidad de bancarme a alguien tan distinto a mi jefe anterior. Pero lo estoy pasando demasiado mal. La semana pasada fue terrible, tuve que tomar muchas decisiones y me sentí muy sola. Realmente necesito su feedback y me da bronca que no me lo dé, es difícil para mí vivir así en la incertidumbre.

Una compañera me preguntó si lo había hablado con él, y me di cuenta de que no lo había hecho, de que siempre me quedo callada, pensando que cuando me pasan cosas de este tipo , es así y no queda otra. Además, como soy la única mujer del directorio tengo miedo de que piense que lloriqueo, que crea que soy demasiado sensible. ¿Qué me recomendás?

Gracias por tu atención. Saludos, Analía

Hola, Analía.

¿Le digo o no le digo? Este dilema es más frecuente de lo que cabría suponer aun entre líderes con experiencia y altos cargos. El temor a confrontar, a ser malinterpretado o rechazado muchas veces nos inhibe de pedir lo que necesitamos para hacer mejor nuestro trabajo.

¿Por qué pensás que pedir feedback a tu jefe puede ser interpretado como lloriqueo, o asociado a tu condición de mujer? ¿Qué te hace pensar eso? ¿Es posible que allí haya un sesgo tuyo, y no del CEO de la compañía? A veces las mujeres damos por sentado que existe ese prejuicio, y no es necesariamente así. En definitiva, depende más de cómo lo pidas, del tono del planteo: no es lo mismo hacer berrinches, ir con quejas, reclamos o críticas sobre lo que hace el otro, que expresar tu necesidad de un modo maduro y profesional. La intención es ayudar a tu jefe a ver que estratégicamente es bueno, para vos y para todos, que te acompañe más, que esté más cerca y te compañe. Que, para hacer las cosas mejor, necesitás poder pelotear tus ideas con él y conocer su perspectiva, sobre todo en esos momentos terribles, como decís, en que hay que jugarse en decisiones claves.

La retroalimentación de quienes nos lideran es, o debería ser, una parte natural y saludable del trabajo. Si tu jefe no tiene la costumbre ni la iniciativa de darte feedback es tu responsabilidad ir a buscarlo, provocar que suceda. Y siempre es bueno, que este tipo de conversaciones, se lleven a cabo en un espacio tranquilo, fuera del vértigo cotidiano.

Es posible que al principio te resulte incómodo, y quizás también genere cierta tensión para tu jefe, pero va a ir cediendo a medida que estos intercambios se vuelvan una costumbre.

Más que "le digo o no le digo", la cuestión es qué le digo y cómo se lo digo. Cómo me acostumbro, y acostumbro a mi entorno, a que pedir lo que uno necesita no sea algo extraordinario sino un paso normal en cualquier proceso de evolución y aprendizaje.

Espero haberte sido de ayuda, saludos

Andrea

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