Es argentino y fue a estudiar a Irlanda: “Tuve que hacer escala en España para vacunarme y poder llegar a mi destino”
Con un curso de idioma que lo esperaba, tuvo que recalcular sobre la marcha para poder llegar a Irlanda y cuenta su experiencia.
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Sus planes se vieron modificados no una, sino dos, tres y tantas veces que perdió la cuenta. Con un pasaje para volar a Dublín, Irlanda, el 1 de mayo de 2020, tuvo que sentarse a hacer cálculos, especulaciones, proyecciones de ahorros y poner paños fríos a la situación. Le había llevado más de dos años investigar, dar forma y contratar aquel curso de idioma de seis meses de duración y por el que el gobierno irlandés le otorgaría una visa para poder trabajar y estudiar en simultáneo. Sin embargo, como en el resto del mundo, la pandemia por el Covid-19, afectó sus planes.
La intención de dejar el país, si bien siempre estuvo latente, comenzó a tomar forma quizás en el momento menos favorable para llevarlo a cabo por la incertidumbre que predominaba en todo el mundo. “A mi entender, el rumbo que comenzaba a delinearse en la Argentina como país -mas allá de la pandemia, aunque con el agravante de la pandemia- no iba a ser el propicio para que, quienes nos habíamos visto afectados laboral y profesionalmente por el prolongado confinamiento, pudiéramos tener la posibilidad de retomar nuestras actividades y recuperarnos en lo económico”.
Así fue que empezó a investigar las posibilidades a las que podía llegar acceder para ir a vivir a otro país. O, al menos, hacer una experiencia por un tiempo prolongado. Siempre había sido de su interés mejorar y ser más fluido en el idioma inglés. Supo que Irlanda ofrecía visas de estudio y trabajo por ocho meses para las personas que quieran ir a realizar cursos de inglés en algunas de las diferentes escuelas que el país tiene. Entonces todo confluyó. Pudo dar con la agencia de viajes para estudiantes VagaMundoTravellers e ir delineado el recorrido que lo llevaría hasta Dublín, Irlanda.

Finalmente, más de quince meses después, Matías Báez (33), que es profesor de Educación Física y trabajaba en la ciudad de Buenos Aires como entrenador de un running team y con alumnos particulares, pudo tomar un vuelo con un destino un poco distinto al que había planeado en un comienzo. Es que en Irlanda le exigían tener aplicada alguna de las siguientes cuatro vacunas: Janssen, Pfizer, AstraZeneca y Moderna. Pero el carnet de vacunación de Matías mostraba que en su país de origen había recibido dos dosis de Sinopharm, de origen chino.
Una vez más, tuvo que recalcular sobre la marcha. “En principio mi idea era viajar a Croacia para poder vacunarme allí. El tema en ese país estaba más oficializado y yo tenía la experiencia de otras personas que ya lo habían hecho. Pero luego de que España reabriese sus fronteras para turistas argentinos vacunados con algunas de las vacunas que Argentina estaba aplicando, me llegó la información de que era posible vacunarse allí aún siendo extranjero y no necesariamente de algún país de la Unión Europea. Fue así como tomé la decisión de ir a vacunarme a España”.

España, un viaducto hacia el destino final
Corrían los primeros días de octubre. Para poder ingresar a Madrid, España, tuvo que completar un formulario de sanidad que exige el Gobierno de España (SpTH) y que contiene un código QR. Además, presentar el certificado de vacunación de la vacuna que le habían dado en la Argentina (y aceptada por España, en su caso Sinopharm), un test PCR 72 horas antes de la llegada a España. Luego, al pasar los controles migratorios, le realizaron un test rápido que no demoró más de cinco minutos en brindar el resultado. “Eso fue al momento que yo tuve que viajar. Recomiendo hacer consultas a embajadas y aerolíneas vía correo electrónico o telefónicamente sobre los requisitos, ya que estos pueden modificarse a medida que pasa el tiempo. Es un contexto muy cambiante y mucho más para ir a otro país”.
Al llegar recuerda que se sentía con incertidumbre. Si bien cumplía con todos los requisitos y tenía toda la documentación exigida, después de tantos meses de espera y cambios de último momento, sentía que todavía no podía bajar la guardia. “Hay que estar atentos a las indicaciones y tener toda la documentación exigida para el ingreso al país. El clima social respecto del coronavirus después de todo lo vivido es diverso, En general, se siguen manteniendo recaudos en los lugares cerrados, donde piden que se use el tapabocas o barbijos. Hay conciencia. Pero también siento que, luego de todo el tiempo que hemos estado encerrados, la gente trata de volver a su actividad habitual de la mejor manera posible. Lo que pude percibir de mi estancia en Madrid es que para la mayoría de la gente la vida continúa de la manera más normal posible con algunos cuidados, a esta altura, ya incorporados como habituales”.

Un viaje lleno de imprevistos y sorpresas
Una vez que se instaló en el hostel que sería su alojamiento por los próximos días, comenzó con las averiguaciones sobre los centros de vacunación disponibles para extranjeros. Se presentó espontáneamente con pasaporte argentino en mano, completó un formulario con sus datos y finalmente estuvo listo para recibir la vacuna.
“Una vez que presenté mi pasaporte argentino ingresaron los datos al sistema, me pidieron un correo electrónico y allí me enviaron un link para poder tomar un turno y retirar mi certificado de vacunación de la Unión Europea. Es decir, luego de que vas a vacunarte, hay que sacar turno para retirar el certificado de la Unión Europa en otra oficina de Sanidad de España. Es importante tener en cuenta que el día que vayan a retirar el certificado se lo van a proporcionar en una copia en papel. Para acceder al certificado digital es necesario contar con un número de teléfono español, esto se resuelve comprando previamente un chip de alguna prestadora de telefonía local”.
Matías se vacunó en el Colegio de Médicos de Madrid. Solo le pidieron una identificación y presentó su pasaporte argentino. Y, una vez más, la sorpresa tocó su puerta, esta vez con buenas noticias. Sabía que tenía que estar, como mínimo, entre tres y cuatro semanas en España. Estimaba que le iban a aplicar dos dosis de Pfizer con veintiún días de diferencia entre cada dosis. Y luego de la segunda dosis, Irlanda lo iba a considerar completamente vacunado una vez que se cumplieran los siete días después de aplicarse la segunda dosis.

“Para mi sorpresa, al llegar al centro de vacunación en Madrid me informaron que me iban a aplicar Janssen, monodosis, lo cual acortaba mi proceso de vacunación y, al mismo tiempo, Irlanda me iba a considerar completamente vacunado catorce días después de la aplicación. Sí, atravesé un recorrido de tiempos e información absolutamente cambiante. De todos modos, yo preveía un mínimo de entre tres y cuatro semanas para finalizar todo el proceso. Estaba dispuesto a afrontarlo ya que mi destino final era Dublín, Irlanda, para llevar a cabo un programa de estudios por al menos unos seis meses. La espera merecía la pena. Con ese esquema, el 22 de octubre ya estaba en condiciones de viajar a Irlanda”.
Matías ya lleva una semana en Dublín, donde pasará los próximos seis meses estudiando. “Parece haber una presencia mayor de controles. Por ejemplo, en muchos locales gastronómicos piden el certificado de vacunación para poder ingresar. Pero en general la actividad de la población ya retomó vigor en todos los rubros. La primera impresión en estos primeros días en Irlanda fue muy buena. La gente es amable, el acento inglés de los irlandeses no es el que se acostumbra a escuchar pero es cuestión de adaptarse y aprender. Es parte de la aventura”.
Hoy Irlanda aparece como uno de los países más prósperos para realizar este tipo de experiencias, según afirman las dueñas de la agencia de intercambio cultural VagaMundoTravellers. Tiene el segundo mejor sueldo de la UE y para los extranjeros es posible aprender inglés y trabajar a la vez para costear los gastos e incluso ahorrar para aprovechar la cercanía a otros países europeos y viajar durante ese tiempo.
A la distancia, y ya con la tranquilidad de quien sabe que ha llegado a destino, Matías confiesa que no le resultó fácil desprenderse de los afectos, que extraña, que se enfrenta a diario a lo nuevo y lo desconocido, a otros idiomas, otras costumbres. “Siempre está presente todo lo que dejamos atrás y en varios momentos tuve que secarme las lágrimas. Pero es y será una experiencia enriquecedora. Voy por algo nuevo, quiero aprender de todo aquello que es diferente y positivo. No me olvido de mi país en ningún momento. Mi padre fue un soldado que defendió a mi país en la Guerra de Malvinas en 1982, y llevo esa herencia con orgullo en el lugar del mundo donde me encuentre. Estoy seguro de que en algún tiempo volveré y aportaré todo lo positivo que habré aprendido para que mi país salga adelante”.
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