
Esclavos
La crueldad es ejercida contra los más débiles, indefensos, vulnerables, o los más necesarios para producir enormes ganancias sin cobrar un centavo
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La crueldad es una de las peores bajezas del ser humano y, desgraciadamente, ha estado presente en todas las épocas, en todas las civilizaciones (por llamarlas de alguna manera) y bajo todo tipo de gobiernos, religiones y costumbres.
La crueldad es ejercida contra los más débiles, los más indefensos, los más vulnerables o los más necesarios para producir enormes ganancias sin cobrar un centavo por sus labores.
Los esclavos en el mundo antiguo llegaban a tal condición sólo por pertenecer a pueblos vencidos en batallas desatadas para tener supremacías estratégicas, rutas comerciales de incalculable valor y obtener riquezas deslumbrantes. Como de costumbre se invocaban razones religiosas, dioses protectores u oráculos misteriosos que ordenaban masacres sin precisar razones concretas. Así, hombres y mujeres nacidos libres se convertían en objetos serviles sometidos a todo tipo de humillaciones y malos tratos. Pero como el negocio era ávido de ganar más y más también existía la posibilidad de que algún esclavo pudiera comprar su libertad cometiendo acciones tan reprobables como las de sus dueños, o sea, asesinar enemigos políticos, provocar incendios para arruinar cosechas de los adversarios a su patrón y todo tipo de aberraciones. De más está decir que muchos de estos desesperados terminaban en cárceles o patíbulos en lugar de obtener la ansiada condición de hombres libres.
Con los siglos la esclavitud logró ser abolida en muchos países, pero esa abolición era sólo una declaración de principios refrendada por congresos pero no cumplida por muchos sectores sociales que mantuvieron la esclavitud por años, refugiándose en la necesidad económica que exigía trabajadores sin sueldo viviendo en chozas inmundas y comiendo lo estrictamente necesario para poder afrontar trabajos forzados en los Estados Unidos de Norteamérica, extenso país cuyo federalismo permitía y permite tener autonomía suficiente como para optar por soluciones alternativas y leyes diferentes en cada Estado, había en el siglo XIX dos grandes zonas cuyas características geográficas y tipos de industria provocaban necesidades diferentes. El norte, industrial por excelencia, progresista y moderno, promovía el trabajo pago, la igualdad sin distinción de color, raza o religión; el sur, con sus plantaciones de algodón y tabaco como gran riqueza, más una tradición ultraconservadora, exigía mano de obra barata y sin el más mínimo derecho, para poder sostener su condición de clase privilegiada por ser dueños y señores de grandes extensiones de tierra fértil.
Poco se sabe de la época previa a la guerra civil que enfrentó al norte con el sur y que luego de un enorme y sangriento conflicto armado de consecuencias catastróficas, produjo la derrota militar de los sureños. Hay una tendencia equivocada a creer que toda la población negra estaba sometida al horror de la degradación esclavista, pero no era así. Una novela basada en la vida real de un hombre, que tiene una versión cinematográfica estrenada a fines del 2013 en Estados Unidos –y que llega a todos los cines del mundo en estos momentos–, llamada Doce años esclavo, ilustra la odisea de un hombre negro que goza de la libertad en Washington en 1851. Casado, con hijos, viviendo en una casa más que decorosa, vistiendo como cualquier blanco, es engañado por supuestos artistas que quieren contratarlo como músico; sin embargo, lo emborrachan en un lujoso restaurante y lo entregan a un tratante de esclavos en busca de brazos fuertes para plantaciones del sur. Doce años de horror para un hombre libre que vivía en un país libre y que tiene que pasar por torturas, vejaciones, latigazos y ser testigo de hechos incalificables. El film es extraordinario y de visión obligatoria para los que no debemos olvidar que la esclavitud disfrazada con otros nombres sigue siendo ejercida por bestias con apariencia humana.






