
Espías fuera de control
Con tres nuevos libros sobre el tema en la calle y la futura ley de inteligencia apurada por los escándalos políticos de los últimos tiempos, los agentes secretos están más expuestos que nunca
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- El monstruo está suelto -le dijo a la Revista un asesor parlamentario en materia de inteligencia-. Sin control de ninguna clase, con más de 1200 agentes en la calle muy resentidos y con mucha información después del despido masivo ordenado por De Santibañes, la Argentina está más desprotegida que nunca; estamos peor que antes de lo de la AMIA -agregó en voz baja y extremadamente serio mientras consumía el segundo café, en un bar del microcentro, acorralado por el agobiante calor del último viernes de febrero-. ¿Y sabés qué es lo peor? Lo peor de todo es que si no hubiese existido lo del Senado ni lo de De Santibañes, ni la denuncia de escuchas ilegales de Elisa Carrió, ni el desorden interno de la SIDE, el Congreso hoy no estaría apurando la discusión de la ley de inteligencia. Según parece, en nuestro país tienen que pasar calamidades para que empecemos a preocuparnos por las cosas esenciales. Sin ir más lejos, la ley de defensa nació después de la intentona carapintada, remató. La Argentina cuenta con 19 organismos de inteligencia, pero sólo 11 de ellos cumplen con la obligación de entregar a la Comisión Bicameral de seguimiento de organismos de seguridad e inteligencia su informe anual. -Algunos informes parecen enciclopedias, de lo abultados que son; otros, puro papelitos, reconoce la senadora Beatriz Raijer (PJ-Córdoba). que preside la comisión desde hace un año y medio.
Todos los especialistas consultados coinciden en que la futura ley de inteligencia, cuyo tratamiento en la Comisión Bicameral se reanudó el 14 del mes último y que probablemente se vote a fines de abril, es, después de la ley de defensa y la ley de seguridad interior, uno de los capítulos más relevantes desde la puesta en marcha de la primera estructura de inteligencia de la Argentina, creada en 1946 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. De los ocho proyectos presentados, uno corresponde al secretario general de la Presidencia, Horacio Jaunarena; dos provienen de la Cámara de Diputados (Darío Alessandro, Frepaso-Capital, y Ricardo Quintela, PJ-La Rioja), cuatro se hornearon en el Senado (Ricardo Branda, PJ-Formosa; Carlos Corach, PJ-Capital; Néstor Rostán, UCR-La Pampa, y el de Beatriz Raijer). El octavo proyecto -en rigor, uno de los primeros- es el de la propia Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), llamado Proyecto de Consenso y que fue acercado espontáneamente, y no a pedido de la comisión, por la actual gestión de Carlos Becerra. Estos ocho proyectos se fundirán por acuerdo en uno para su aprobación. Si bien se admite que las ocho propuestas de la futura ley generan más adhesiones que confrontaciones entre sus autores, asesores del senador Rostán advierten que su proyecto presenta diferencias notorias en lo que se refiere a la capacidad de control y fiscalización que los legisladores pueden tener sobre la SIDE, siendo éste el punto más sensible de la futura ley.
-Mientras que los proyectos de los justicialistas Raijer y Branda prácticamente no proponen ningún cambio a lo que hoy rige en este sentido -explican-, el de Rostán apunta a modificaciones de fondo y muy articuladas, mientras que el de Corach se plantea en el medio de estas posiciones.
El senador radical se inclina por la creación de varios organismos de inteligencia dependiendo de los ministerios y no, como ahora, del presidente de la Nación. Propone, también, sustituir la actual Comisión Bicameral por comisiones permanentes sobre Inteligencia constituidas en cada una de las Cámaras, siguiendo el modelo estadounidense.
Su asesor en inteligencia, José Manuel Ugarte -ver entrevista por separado-, fundamenta de este modo la iniciativa: "Una estructura que acumule en sí virtualmente la totalidad de las funciones de inteligencia -cuando menos, de la inteligencia civil-, que carezca de precisos límites de competencia y que dependa directamente del máximo nivel del Estado aparece, en realidad, como exenta de control. (...) El presidente de la Nación no se encuentra por sí en condiciones de controlar nada, si no es asistido por una adecuada estructura administrativa -como la de un ministerio- que le brinde los medios humanos y materiales para hacerlo".
Heredera de aquella inicial Coordinación de Informaciones de la Presidencia de la Nación, la Inteligencia Argentina fue creciendo pendularmente entre dictaduras y gobiernos democráticos sin alcanzar jamás -según los expertos- un nivel de excelencia acorde con los tiempos y cambios históricos que se iban dando en la Argentina y en todo el mundo. Lejos de lograr un desarrollo técnico y profesional -no ya más o menos comparables a los del Primer Mundo, ni siquiera parecido al Servicio Nacional de Informaciones de Brasil, (SNI)-, una revisión histórica del accionar de la inteligencia argentina demuestra que, en períodos democráticos, la SIDE se destacó más por concentrarse en las necesidades y urgencias políticas de los gobiernos de turno que en atender la seguridad del propio Estado, la que debe ser su principal función.
Los atentados a la embajada de Israel, en marzo de 1992, y a la AMIA, en julio de 1994, terminaron por desnudar su incapacidad. Hoy, el escándalo por los supuestos sobornos en el Senado, en el cual la SIDE está fuertemente sospechada, más la denuncia de la diputada Carrió, agregan a este organismo otra nube, de las varias tormentas que lleva acumuladas.
Los servicios de inteligencia argentinos pasaron, tanto en su estructura como en sus operaciones, por distintas y traumáticas etapas. En sus orígenes, su organización se basó en modelos extranjeros, la mayoría de los cuales no era muy identificada con el sistema democrático. Al instalarse el gobierno de la denominada Revolución Libertadora se pretendió establecer algunos límites en su función, pero la esencia continuó. Todo esto iba a quedar encapsulado en lo que se dio en llamar la doctrina de seguridad continental y fronteras ideológicas, esto es, en el marco del conflicto Este-Oeste.
Finalmente, la actividad de inteligencia civil argentina durante el último régimen militar quedó bajo el control absoluto de los servicios de inteligencia del Ejército y la Marina (al inicio, como parte de un "orden estratégico"; con el tiempo, como escenario de disputas de espacios de poder) conformando, en el diagrama de la represión, el Grupo de Tareas 5.
En Terror y justicia en la Argentina -Ediciones de la Flor-, el filósofo y sociólogo Jaime Malamud Goti, ex asesor de Raúl Alfonsín, se detiene a analizar el sentido de la política de terror implementada por los militares. En uno los párrafos, se lee: "En sus apasionados discursos y arengas, los militares alentaban a sus congéneres a despojar de su máscara al enemigo subversivo: de acuerdo con los discursos pronunciados entre 1976 y 1983, estas fachadas eran los rótulos de contractualistas, utilitaristas, positivistas y freudianos. El enemigo acechaba detrás de estas etiquetas. Cuando el peligro es tan grande, sólo el terror puede desbaratar la conspiración. Por eso es que el terror pasó a ser la principal herramienta política del régimen militar".
De aquellos años de espanto, la historia menciona, entre muchísimos otros, a Eduardo Alfredo Ruffo, ex miembro de la SIDE, uno de los torturadores más sádicos de los aproximadamente 340 centros clandestinos de detención. Y, también, la premonitoria frase del ex gobernador de Buenos Aires Saint-Jean: "Primero mataremos a todos los subversivos; después mataremos a los que colaboran con ellos; luego mataremos a los indiferentes; finalmente, mataremos a los tímidos".
La Secretaría de Inteligencia del Estado se transformó, de ese modo, en un mero apéndice de la inteligencia militar.
Cuando concluyó la dictadura y asumió Raúl Alfonsín, se hicieron algunas modificaciones de trascendencia. Para empezar, estatutariamente, la SIDE debía estar siempre al mando de un militar, un general de División, un oficial general de las Fuerzas Armadas. Alfonsín borró eso de un plumazo, cuando al frente de la SIDE asumió, primero, el doctor Roberto Pena, luego Héctor Rossi, y más tarde Facundo Suárez. Otro aspecto fundamental fue la limitación de la actividad de inteligencia militar, al entrar en vigor la ley de defensa. Después, con la sanción de la ley de seguridad interior (de ahí iba a surgir la Comisión Bicameral, la única comisión parlamentaria creada por ley), la inteligencia militar quedó excluída. De ese modo, se fue extinguiendo el antiguo predominio militar sobre la SIDE.
-La Inteligencia militar -aclara Raijer- es un aspecto de la Inteligencia exterior, que es política, y se hace con las delegaciones de la SIDE dentro de las embajadas y, dentro de esas delegaciones, actúan los representantes militares. Esto no sufrirá modificaciones. La Inteligencia militar la van a seguir haciendo las Fuerzas Armadas. Ahora, el enlace con la SIDE se hará a través del ministerio de Defensa. De ese modo, el presidente va a tener dos vías de control: la Secretaría de Inteligencia, por un lado, y el ministerio de Defensa, por el otro.
Así como en la dictadura el esquema de la SIDE fue absorbido por los militares, desde 1983 hasta el presente su accionar le permite hacer y deshacer a voluntad convirtiéndose en un organismo libre de todo control, fiscalización y seguimiento: el control que hoy ejerce el Congreso a través de la Comisión Bicameral es de una importancia menor que la nada, limitándose a estudiar los informes que la SIDE remite una vez por año. La futura ley intentará poner blanco sobre negro todo lo relacionado con la labor de inteligencia. Por lo pronto, se disolverá la Central Nacional de Inteligencia, organismo creado para coordinar todas las estructuras de inteligencia, pero que nunca funcionó eficazmente, y quedará sin efecto la llamada ley SIDE, que hasta el momento rige la inteligencia civil. El Congreso Nacional será el organismo de control.
La ausencia de un control adecuado beneficia siempre a aquellos miembros de la estructura involucrados en los aspectos ilegales de la actividad de inteligencia; luego, a los sectores que utilizan esas capacidades para obtener beneficios. La falta de control beneficia a no poca gente.
La falta de control abona el terreno de la corrupción. Y la corrupción en inteligencia se manifiesta, principalmente, en el cuentapropismo. Se comienza a utilizar la información para su venta en el mercado empresarial y en otros ámbitos. Se trabaja para empresarios, políticos, periodistas; el cuentapropismo informativo es un arma poderosa. Alguien ha dicho que si uno pone un kilo de cocaína de primera calidad al lado de un kilo de papeles con información precisa, se cotiza más lo segundo que lo primero.
Esa misma persona, advirtió: -Es fácil demonizar la actividad de inteligencia, pero lo cierto es que hay mucha gente capaz, muy profesional y que se siente frustrada al verse metida en la misma bolsa. Esa gente, no lo dude, maneja información precisa. Y otros como ellos, pero que ya no están porque fueron despedidos, se han ido a sus casas con secretos grabados en sus ojos y oídos u ocultos en sus maletines.
En los países desarrollados predomina la actividad de inteligencia civil, que distingue muy claramente lo que es la labor de inteligencia interior y exterior. En esos países, las competencias están estrictamente limitadas. Y se refieren a aquellas actividades que puedan atentar contra el sistema democrático, contra las autoridades, y la contrainteligencia, que se ocupa de neutralizar la inteligencia de otros países. En la inteligencia exterior hay más amplitud, no careciente de control, pero con escasas limitaciones.
En un libro de reciente aparición, Los sospechosos de siempre: historia del espionaje en la Argentina -Planeta-, su autor, el periodista y escritor Jorge Boimvaser, apunta: "¿La SIDE? ¿Existe la SIDE? ¡No!
La respuesta -inserta en un formato de pregunta cargada de ironía- resume quizá la opinión de muchos especialistas en inteligencia (...) Ellos aluden a una inexistencia funcional-operativa, a los músculos entumecidos de una actividad disminuida con el transcurso del tiempo, a la parálisis de un pulmotor necesario para todo Estado moderno. Porque no sólo se entiende por espionaje la intromisión subrepticia en la intimidad ajena (...) La presencia multinacional del narcotráfico es también un enemigo de fuste que no le va en zaga a la criminalidad terrorista. También allí el Estado requiere un organismo apto para enfrentar los tentáculos multimillonarios desplazados por la comercialización de estupefacientes. Ampliar los mercados argentinos en el exterior, resguardar el medio ambiente, controlar el manejo óptimo de la energía nuclear, ejercer el contralor de las cuencas hídricas, priorizar las fronteras más susceptibles de ser invadidas culturalmente o identificar las operatorias ilegales de dinero que puedan causar daños al patrimonio de la Nación son también algunas de las tareas inherentes al espionaje del nuevo siglo. Así lo priorizan los servicios de inteligencia de las grandes potencias del mundo.
"La Argentina -en este terreno- lejos de encauzar la planificación de su inteligencia en un estadio socio-geopolítico de amplio alcance, minimiza la actuación de la Secretaría de Inteligencia de Estado a un espectro reducido, a una política de cabotaje que niega la globalización de su tarea específica."
-Cuando comencé a elaborar este proyecto yo me sentía como el llanero solitario -ejemplifica Beatriz Raijer-. En verdad, hasta antes del escándalo del Senado, todo lo que pasó después con De Santibañes y la denuncia de Carrió, no había ningún interés político por este tema. Al hacerme cargo, lo primero que dije fue: esto así no puede seguir... esta comisión no existe. Si no hay voluntad política, está claro que es porque los beneficiarios del descontrol son más de lo que uno supone. Ahora, todo es alboroto y llueven los proyectos.
Y agrega: -En más de cincuenta años todavía no hemos logrado tener una ley de inteligencia. Se sabe poco acerca de la inteligencia, ni siquiera desde el ámbito catedrático se ha profundizado el tema. Uno de los puntos por los cuales pretendemos una ley de inteligencia tiene que ver con los agentes que integran la secretaría, qué capacitación tienen y cuáles son sus antecedentes. Todavía no sabemos por qué se despidió a más de 1200 personas, ni qué hacen ahora. Y eso es grave porque no se trata de cualquier gente.
-No hay gente para hacer un seguimiento de los que ya no están en la SIDE -explica un avezado explorador de este enmarañado terreno-. El departamento de contrainteligencia, al que llaman Area 85, es el que se encarga de hacer lo que se llama control de fidelidad. Pero si vaciaron también ese departamento, ese trabajo ya no lo hace nadie porque si vos echás a mil tipos, necesitás por lo menos el doble para seguir el comportamiento de todos ellos. Y en la SIDE -remató- quedó afuera mucha gente que no es psicópata, son verdaderos profesionales de la inteligencia. Fernando de Santibañes los echó a todos porque su concepto era: un tercer atentado contra la colectividad judía de ninguna manera iba a desestabilizar a De la Rúa tanto como un golpe de mercado.
¿Para qué sirve la SIDE?, se preguntan unos y otros, interesados y distraídos. Una de las respuestas provino de Jorge Boimvaser.
-Con esta investigación, traté de ser lo más neutral posible porque, como en cualquier actividad, en los servicios de inteligencia hay grandeza y hay miserias, hay héroes y villanos.
Para algunos, su libro es extremadamente exhaustivo; para otros, superficial. Es un libro complicado, sin embargo. Tan complicado, que no sólo le llevó seis años de trabajo, sino, además, una cantidad de testimonios, de confidencias tiradas a la basura porque lo que al principio parecían verdades reveladas se tradujeron en parrafadas sin fundamento. -En un escenario donde hay muchos intereses en juego, me crucé con psicópatas, resentidos, delincuentes, mentirosos y fabuladores.
El encuentro con Boimvaser fue un mediodía en el Petit Colón, entre parroquianos, leguleyos, nubes de humo de habanos y cigarrillos, el apabullante trinar de celulares -uno por mesa, promedio- y personajes extraños, de esos que saben aparecer con la misma rapidez con que se esfuman. Una tos perruna, que lo perseguirá durante gran parte de la charla, enrojece el rostro de este hombre que tiene tantos libros escritos, entre ellos Las manos de Perón, como redacciones caminadas, entre ellas, La Opinión.
¿Para qué sirve la SIDE?, se preguntan unos y otros.
-De Santibañes vació de profesionalismo a la SIDE -resume el escritor-. Por ejemplo, levantó la base de Inteligencia en Ciudad del Este. Si bien los santuarios del Hezbollah se mudaron a la isla Margarita, en Ciudad del Este sigue habiendo un truchaje de computadoras impresionante. El 50 por ciento de las computadoras que ingresa en el país es clonado en Ciudad del Este, y quien maneja todo eso es un personaje salido de la SIDE, que nadie sabe su nombre verdadero, lo llaman el Ingeniero, o Jaime, también; ese tipo es un cerebro de las comunicaciones metido en la delincuencia. A esto sumale la droga, el dinero falsificado... Ciudad del Este sigue siendo un lugar estratégico. Sin embargo, De Santibañes levantó esa base. Extrañamente, durante algún tiempo continuaban llegando a la SIDE facturas de teléfono por 100.000 dólares.
-Lo que buscaba De Santibañes era desprestigiar a Chacho Alvarez, y después sentarse en el sillón de Machinea, pero lo que lo mató fue su enfermante necesidad de protagonismo, resumió un experto en inteligencia.
-Y así está la SIDE hoy -murmuró-. Si vos querés trabajar ahí, lo primero que tenés que hacer es afiliarte al partido radical. Segundo, tenés que hacer un curso en la Escuela de Inteligencia. Si sos muy bueno y te sacás un 10, no te van a tomar porque ha quedado tanta mediocridad que un inteligente molesta. Una vez que sos afiliado radical, o antes peronista, y una vez que en lugar de un 10 te sacás un 6, ponete a buscar un puntero político que te recomiende en la SIDE.
Una de las tareas que desde hace un tiempo lo mantiene ocupado al secretario de la SIDE, Carlos Becerra, el Señor 5, en la respetuosa jerga espía, es la de analizar los legajos de los echados por De Santibañes, "El detective millonario", "Chanel número 5", "Súper agente 86" o "Chantibañes" -en la jerga burlona de esos mismos espías y que Boimvaser lo transcribe en su libro-, para ver si pueden volver, porque, como han dicho algunos, "ha quedado en la calle gente muy herida". Algunos, incluso, arriesgan que el cuarenta por ciento de los despedidos debería seguir cumpliendo funciones en el organismo "porque es material valioso." Parte de esa gente, los más fuertes, los pesos pesados, se llama a sí misma Grupo 7 de febrero (porque fue el 7 de febrero del año último cuando los echaron). Algunos hasta se acercaron a la Comisión Bicameral a explicar su situación. -Lógico, ellos no tienen sindicato que los proteja y por eso vienen a hablar con nosotros -confirma con ironía, pero sin burla, Beatriz Raijer-.
Durante el gobierno de Menem, uno de los trabajos que encaró el Grupo 7 de febrero fue analizar qué posibilidad de atentado podía haber contra el avión presidencial, el Tango 01. Y llegaron a la conclusión de que la única forma segura era colocando una bomba en el camión que abastece de combustible a la máquina y activarla por control remoto. A partir de ahí, empezó a verificarse regularmente los camiones cisterna del Aeroparque y de Ezeiza.
Otro trabajo consistió en determinar desde dónde se podía atentar contra el jefe de la SIDE, en épocas de Anzorreguy. Y descubrieron que "hay un edificio en Puerto Madero, que no tenés que ser Lee Harvy Oswald para tirarle al despacho del jefe de la SIDE. Pero esta información no se la dejaron a De Santibañes. Nadie se atrevió a hacer nada, pero el gobierno se quedó con la espalda descubierta y el c... al aire echando a esa gente. Con lo cual, de proponérselo, podría hacer un desastre", se nos dijo.
-Otra de las cosas que hizo De Santibañes -cuenta Boimvaser-, fue ponerse a seguir a los agentes de la CIA destacados en la Argentina. Los agentes de la CIA salen a la calle con dos o tres cámaras multidireccionales ocultas entre sus ropas. Todo eso queda registrado en un diskette. Cuando vuelven a su base, que es la embajada de Estados Unidos, si es legal, o bien a una empresa si están en otra cosa, ponen ese diskette en una computadora que tiene un software especial, creado únicamente para la CIA, y si aparece tu cara cinco veces, te ponen en un costado y ahi empiezan a investigarte. ¿Nadie le dijo a De Santibañes que la CIA tiene esa tecnología? El grado de desprotección es pavoroso.
-Está todo muy desprotegido. Hay cosas elementales que no tienen ningún tipo de protección. Tampoco se protegen documentaciones ni informaciones ni los derechos de las personas. Es inexplicable que todavía no se hayan resuelto los dos atentados más serios que sufrió nuestro país -admite la senadora Raijer.
La SIDE no sólo no tiene control alguno ni del Congreso ni del Ejecutivo; tampoco el mayor organismo de inteligencia del país sabe, hoy, qué es de la vida de sus ex agentes. Si algo ejemplifica el caos de inteligencia, es la remoción de dos secretarios en menos de un año. -Yo propuse que el secretario de la SIDE -explica Raijer- sea elegido por el Presidente, con acuerdo del Senado y con una consulta no vinculante a la Bicameral. Debe ser así porque, de lo contrario, se lo pone al Presidente ante una situación crítica si pasa algo, porque el Presidente es totalmente responsable del secretario. En cambio, si fuera puesto con acuerdo del Senado, no se lo podría remover tan fácilmente. No se puede estar removiendo en forma permanente un secretario de inteligencia. Y acá, en menos de diez meses, se fueron dos. En ningún país serio pasan estas cosas.
-¡Ah!, te cuento una que me pasó a la semana de salir el libro -recuerda Boimvaser, repentinamente, antes de levantarse de su silla, cuando el sol ya había cambiado de ventana-. Los otros días estaba comiendo en Chiquín con unos periodistas amigos, y se me acerca un tipo y me dice: "che, mirá que aparte de lo que escribiste, yo sé cosas más importantes". El tipo era un agente de la SIDE, procesado por tráfico de droga, y que yo lo menciono. No estaba enojado, para nada; simplemente, tiró una carcajada, me palmeó el hombro tres veces y desapareció.
Desarrollo del sistema de información e inteligencia en la Argentina
- 1946
El presidente Juan Domingo Perón firma el decreto que crea la Coordinación de Informaciones de la Presidencia de la Nación. Luego llegaría la Coordinación de Informaciones del Ministerio de Guerra y, más tarde, la Coordinación de Informaciones del Estado. - 1956
Con la Revolución Libertadora se pone en marcha la Secretaría de Informaciones de Estado (SIDE). - 1966
La ley de defensa nacional establece que dependerán del presidente el Consejo Nacional de Seguridad y la Central Nacional de Inteligencia. - 1976
Cambia el nombre de Secretaría de Informaciones de Estado, por Secretaría de Inteligencia de Estado. - 1976-1983
La SIDE queda bajo la órbita de los servicios de inteligencia del Ejército y la Marina. - 1983
Alfonsín anula la exigencia de ser militar para ocupar la conducción de la SIDE. - 1992
Se aprueba la ley de seguridad interior. - 2001
La Comisión Bicameral Fiscalización de los Organos de Inteligencia trata los proyetos sobre la ley orgánica de información de inteligencia, que podría ser sancionada en el transcurso del corriente año.
"Problema de control, ejecución y objetivos"
El abogado José María Ugarte, profesor de Derecho Administrativo (UBA) y de Seguridad interior y de la asignatura especial Problemas de Estrategia, es asesor parlamentario desde 1984. Es especialista en temas de defensa nacional y seguridad pública, participó en la redacción de las actuales leyes de defensa nacional, de seguridad interior, de servicio militar voluntario y la ley de reestructuración de las Fuerzas Armadas, así como de proyectos sobre leyes orgánicas sobre información e inteligencia. Es autor del libro Legislación de inteligencia: Especialización y control, legitimidad y eficacia, Editorial Dunken, y asesoró al senador Rostán en su proyecto de la ley orgánica de inteligencia.
-¿Cómo definiría a la estructura de inteligencia de nuestro país?
-Es una estructura que se caracteriza por una concentración de funciones, por las leyes secretas, por la carencia de límites en inteligencia interior, por la poca capacidad de conducción, por la dedicación a temas que no tienen ninguna relación con inteligencia, por un profesionalismo parcial, por la desorientación, por la falta de objetivos y por la falta de controles adecuados. La Comisión de Fiscalización de los Organos de la Actividad de Seguridad Interior e Inteligencia, que fue creada por la ley de seguridad interior, lamentablemente ha tenido un funcionamiento bastante limitado. Por ejemplo, nunca se dotó de los medios necesarios en cuanto a personal para poder cumplir con su función. Hay una falta de voluntad política de ejercicio de control.
-Usted sostiene que la SIDE no debe depender directamente del presidente. ¿Por qué?
-Nuestro país no hace diferencia en cuanto a las competencias, es todo lo mismo. Lo primero que yo haría es crear organismos de inteligencia diferentes dependiendo de los ministerios, y no del presidente, con competencia específica en la materia que se trata. Por ejemplo, un organismo de inteligencia exterior y política económica dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores. Otro, dependiente del Ministerio del Interior. Y desde la órbita del Ministerio de Defensa, un organismo de inteligencia militar conjunto, tal como se ha pretendido establecer con la reciente creación de la Agencia de Inteligencia de Defensa, pero que no depende, como lo establece la ley de defensa, del ministro de Defensa, sino del jefe de Estado Mayor Conjunto, que no es lo mismo. O sea, acá no se ha cumplido con la ley. Finalmente, un órgano de coordinación dependiente del presidente que cumpla las funciones de analizar y elaborar una inteligencia estratégica nacional.
-¿Cómo debe ser controlada la SIDE?
-Primero, desde el Ejecutivo; y el Parlamento no debería efectuar un control burocrático, sino un control de actos y realizaciones: se gasta tanto, qué se obtiene a cambio.
-Imagine a la SIDE en lo más alto de una escalera. Si el Congreso se pone a investigarla, ¿hasta qué escalón llega?
-Mire, hoy sólo tiene acceso a los elementos de estructuras del organismo; recibe un informe anual sobre la actividad que realiza; los legisladores van a exposiciones invitados por los organismos de inteligencia...
-Entonces, con suerte, llega al primer escalón...
-Y, son meras exposiciones... Yo no llamaría control lo que hace el Congreso.
-¿Es condición excluyente ser amigo del presidente para manejar la SIDE?
-En los países desarrollados esos cargos los ocupan personas con conocimiento importante del tema. En la Argentina, eso nunca ocurrió. Poner a un político de cierto nivel, o alguien de buena relación con el presidente, ése es el manejo de la inteligencia en la Argentina. Lo que ocurre en nuestro país es que se ha buscado poner una suerte de ministro de inteligencia. Y eso es un error grande. Lo ideal es un director general, como tiene el MI5, en Inglaterra. De la otra forma, el funcionario pasa a ser un simple mandatario de la estructura.
-¿A cuánto asciende el gasto total de inteligencia en nuestro país?
-No se sabe exactamente, pero podríamos hablar de algo más de 200 millones de pesos, sumando la inteligencia militar, y que no se justifica de ninguna manera. En cuanto al personal, hoy suman alrededor de 1500 personas, cuando el histórico fue de aproximadamente 2700.
-¿La Argentina está desprotegida en cuanto a inteligencia?
-Es difícil decirlo... Los casos AMIA y embajada de Israel son emblemáticos. La SIDE no tomó nota del cambio de política exterior que se produjo en la Argentina en 1990, cuando ese cambio representaba un compromiso de seguridad. Hoy, le diría que la situación no es comparable con la de aquellos años, pero no hay controles adecuados. Es fundamental que se tenga conciencia de esto. Nuestro problema es de control, de ejecución y de objetivos.
-¿Cree que la Secretaría de Inteligencia está involucrada en el caso de supuestos sobornos en el Senado?
-No se sabrá nunca. Con los mecanismos actuales de control, es imposible afirmar ni que sí ni que no.
-¿A qué distancia de los países desarrollados está la Argentina en cuanto a la excelencia de los organismos de inteligencia?
-No somos los peores, como Perú, Venezuela o Ecuador. Tenemos, con todas sus fallas, una actividad de inteligencia civil de cierta significación. Acá por lo menos se discute el tema. En Brasil esto se discute más o menos y en Chile se está discutiendo muchísimo. Claro, nos falta prestigio. Mire, en la CIA ingresan los mejores graduados universitarios, gente de alto nivel intelectual, igual que en Gran Bretaña. Es una actividad de prestigio, incluso de prestigio social, más allá de los escándalos que a veces salen a la luz.
-¿Cómo son nuestros espías? ¿De qué manera se prestigia la inteligencia?
-Tenemos de todo. Hay gente que ha hecho maestrías, doctorados, y otros que, por el contrario, son de un nivel bajísimo. En este sentido, ha tenido mucho que ver la historia de reclutamiento de agentes. En ciertos niveles se exige título universitario, aunque, por supuesto, eso bien podría no significar nada. El reclutamiento de inteligencia es otro tema interesante. Tradicionalmente, había que ser pariente o amigo de un militar para ingresar en un servicio; toda la base de la estructura está formada así. En determinado momento, durante el gobierno de Alfonsín, se reclutó gente poniendo avisos en los diarios. En otros, por vinculaciones políticas. Entró una camada diferente. Muchos sobrevivieron a la época yofresiana y ahora ocupan puestos interesantes. Con Menem predominó la vinculación política y militar, fundamentalmente naval. Hoy, el criterio sigue siendo la vinculación. Pasa más por las relaciones personales que por las capacidades.
-¿Qué porcentaje de universitarios hay en la SIDE?
-Sólo en el personal superior, que es muy importante. Allí, el que no es militar de alto grado, es universitario. En los escalones inferiores, como el personal de apoyo, esta característica no se da.
-¿Subyace en los servicios la doctrina de seguridad continental?
-La verdad es que va a llevar muchos años modificar esto, porque subyace bastante. Yo estimo que la Argentina va a ser un país con relaciones cívico-militares evolucionadas en unos quince o veinte años, no antes, y si todo marcha bien. Pero estamos avanzando. Creo que tenemos la relación cívico-militar más evolucionada en América latina. Ahora, de ahí a decir que estamos bien, falta mucho.
El nuevo espionaje
El negocio del espionaje ya no es lo que era. Con la caida del muro de Berlín, el espionaje ideológico dio paso al espionaje industrial entre naciones con tecnologías de avanzada. Rusia acusa a Estados Unidos de robarle sus secretos. Estados Unidos hace lo mismo con Japón, China acusa a Europa y Europa se desquita con Estados Unidos.
La Argentina no produce ninguna tecnología secreta que pueda interesarles a los países poderosos, pero como entró en la globalización, en los últimos años se ha poblado de espías internacionales o, para ser más precisos, de los Estados Unidos de América.
No los manda el gobierno de su país ni los llamaron desde la Argentina, pero son serviciales a los gobiernos de ambos países. Vienen a hacer negocios.
Sucede que en el nuevo orden mundial posterior a la Guerra Fría, los Estados Unidos se ocuparon el lugar de policía del mundo. A caballo de la doctrina de justicia universal, y tomando nota de la extranjerización de la economía argentina, los espías se dedican, en esencia, a vender software informático de seguridad, preparar informes sobre competidores, vigilar la conducta de la tropa propia y, sobre todo, emitir certificados de buena conducta y prevenir o frenar investigaciones de organismos de seguridad del país del norte, como la DEA, el FBI o el Servicio Aduanero (Costums Service). El mecanismo funciona así: una agencia norteamericana, a través de contactos reservados y por vía diplomática, hace saber que le preocupa la seguridad de cierto sector de la economía argentina, llámese correos o aeropuertos. Las empresas de ese sector contratan a espías norteamericanos con buenos contactos con las agencias del norte que expresaron su preocupación. Las agencias dicen que les preocupa tal o cual problema, y los espías proveen soluciones a esos problemas, que entonces desaparecen, como por ensalmo. No por casualidad, los espías norteamericanos que trabajan en aquí son todos, ex miembros de agencias estadounidenses y todos, sin excepción, tienen llegada directa a la embajada norteamericana en este país. Todos viven en su país y viajan a la Argentina sólo para abrochar un negocio.
Acá tienen colaboradores permanentes, contratados de los servicios de inteligencia, comúnmente conocidos como mano de obra desocupada, como el ex montonero Rodolfo Galimberti, de Universal Control o el ex Guardia de Hierro Alejandro Ruiz Laprida, de Smith and Brandon.
En este momento, los enemigos del gobierno norteamericano en esta región son los carteles del narcotráfico, los lavadores de dinero, la mafia rusa y los contrabandistas que abastecen a la economía informal. Por eso, los espías se especializan en servicios para combatir estos males. El primer adelantado se llama Frank Holder, un ex empleado de la embajada norteamericana en Buenos Aires, entrenado por el servicio de inteligencia de la fuerza aérea norteamericana, ex socio del abogado Luis Moreno Ocampo. Holder representa en este país a Kroll Associates.
Kroll es una de las más importantes agencias de detectives de los Estados Unidos, que cimentó su fama en los años 80 haciendo espionaje industrial y financiero para las principales firmas de Wall Street.
Kroll llegó a la Argentina de la mano de Holder en 1995 para hacerse cargo de la seguridad de las empresas que Alfredo Yabrán le acababa de vender al Exxel Group, un fondo de inversión con sede en la islas Caimán.
El negocio lo armó el ex embajador norteamericano Terence Todman. Para aprobar la operación, el Departamento de Estado norteamericano puso como condición que la seguridad de las empresas que creó Yabrán estuviera en manos de gente confiable. Kroll le extendió a Exxel ese certificado de buena conducta.
Después llegaron los demás. El grupo Eurnekian, de la mano de otro ex embajador, James Cheek, contrató a otra agencia de detectives, Smith & Brandon, para reforzarse en su guerra comercial con el Exxel Group. "Vengo a recuperar la bandera norteamericana que nos arrebató el Exxel", dijo Cheek en una reunión privada donde explicó su rol de lobbista de Ogden, la empresa norteamericana que se asoció con Eurnekian para manejar los aeropuertos.
Además de Ruiz Laprida, Smith and Brandon cuenta con los servicios del periodista norteamericano Joe Goldman, que escribió, junto con Jorge Lanata un libro sobre la voladura de la AMIA.
El desembarco de espías también incluye a IFPC, del ex FBI Stephen Walker, que en la Argentina tiene clientes privados y estatales.
Este año llegó Universal Control, de los ex CIA Ronald Luzania, Frank Anderson y David Manners. Ya reemplazaron a Kroll en la vigilancia del Exxel.
Parece que Holder se dio cuenta de que ciertos elementos indeseables se habían enquistado en el aparato de seguridad del Exxel y no los podía desplazar.
A Holder no le gustaba que Héctor Colella, el sucesor designado por Yabrán, mantuviera un papel protagónico en el correo privado Oca, la criatura más querida del difunto Yabrán. Holder se quejaba ante los directores del Exxel y seguramente les contaba algunas cosas a sus contactos en la embajada.
Entonces el Exxel se deshizo de Holder y contrató a Universal Control, que tiene una gran ventaja: ninguno de sus espías norteamericanos vive en la Argentina. Aquí, el representante es Galimberti, un agente que se ha destacado por su flexibilidad y capacidad de adaptación, dos virtudes que sus nuevos empleadores aprecian mucho.





