La historia de Mikhail Kalashnikov y del AK-47, el fusil de asalto más famoso del mundo
Creado por un sargento soviético después de la Segunda Guerra Mundial, esta máquina letal se utilizó en conflictos y países a lo largo y ancho del mundo
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Ante la posibilidad de que los Estados Unidos invadan Cuba, Silvio Rodríguez, el cantautor más famoso de la isla, aseveró que está dispuesto a defender a su patria. “Exijo mi AKM si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”, dijo el autor de Unicornio.
Para quien sepa poco de armamentos, vale aclarar que las siglas AKM se refieren al fusil de origen soviético Avtomat Kalashnikova Modernizirovanny, una versión más moderna del fusil Kalashnikov o, sencillamente, AK-47. Sin dudas, una de las armas más conocidas del planeta.
El arma que más muertos causó
El creador de la AK-47 fue el diseñador militar soviético Mikhail Kalashnikov, que ideó el arma en su juventud. En 2013, cuando este hombre falleció, a la edad de 94 años, su creación se había convertido en el arma de fuego que más muertos había causado en la historia.
Es que su fusil, surgido poco después de la Segunda Guerra Mundial, fue desde 1949 incorporado oficialmente al ejército soviético. De ahí en adelante este objeto, tan letal como sencillo de usar, participó en grandes conflictos bélicos como Vietnam, Corea y Afganistán.
Además, por parte de los soviéticos, y en el marco de la Guerra Fría, este fusil llegó a Cuba en tiempos de la revolución y quedó por siempre en la isla. También fue el arma predilecta de distintas guerrillas en medio oriente y en África. Tanto es así, que el perfil de este instrumento de muerte puede observarse en la bandera de Mozambique.
Nace el creador de la AK-47
Esta arma larga que se desparramó por todo el mundo tiene una historia que no puede despegarse de su creador, Mikhail Kalashnikov.
Nacido en 1919 en el seno de una familia campesina en el pueblo de Kurya, en Siberia, en lo que en aquel entonces era la Unión Soviética, este futuro diseñador de armas comenzó a interesarse por la mecánica. Su astucia y habilidad en esta materia contrastaba con la escasa educación formal que recibió en el humilde entorno en el que creció.

Además, en el año 1930, su familia sufrió la deportación a una región lejana de la Unión Soviética. Esto porque sus padres fueron considerados kulaks, esto es, campesinos opositores a los valores bolcheviques, el grupo político que había alcanzado el poder tras la revolución de octubre de 1917.
Al regresar a su pueblo seis años después, Mikhail pudo terminar su escuela primara y comenzó a trabajar en una planta de maquinarias y luego en el ferrocarril.

El ingreso al Ejército Rojo
En 1938, antes de cumplir sus 20 años, el muchacho decidió incorporarse al Ejército Rojo. Allí, con su destreza para las cosas mecánicas, se dedicó a reparar y poner a punto tanques de guerra. También a manejarlos.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el obligado ingreso de la Unión Soviética a esta contienda cambiarían la vida del joven Kalashnikov.

En principio, comenzó a desplegar su ingenio para mejorar el armamento que lo rodeaba. Inventó el contador de disparos del tanque, un apagallamas para la pistola Tokarev TT -un aparato que se colocaba en la punta del arma para evitar la llamarada del disparo-, para poder tirar desde el interior de la torre del carro blindado y un dispositivo para controlar el recurso técnico de los motores de tanques.
Pero el momento culminante en la vida y la creación del joven Kalashnikov llegaría en 1941. La Unión Soviética ya estaba inmersa en el conflicto mundial, que para los rusos era La Gran Guerra Patria. En octubre de ese año, y en su rol de combatiente en el interior de un tanque, el joven soldado del ejército rojo resultaría gravemente herido.
El germen del fusil de asalto
Una vez en el hospital, este sargento inquieto comenzaría a diseñar mentalmente el arma que el ejército soviético estaba necesitando. Sus biógrafos cuentan que el joven recogió testimonios de los otros heridos en combate, que se quejaban de las fallas que tenían las armas que utilizaban. Ese fue el germen que lo llevó a diseñar armas con su propia impronta.
Durante su licencia creó una pistola ametralladora y una carabina semiautomática, pero sus invenciones no pudieron realizarse en serie por el costo de fabricación. En 1945, el sargento Kalashnikov participó de un concurso en el que se premiaba la elaboración del mejor fusil, para poder disparar un cartucho de 1943. Allí fue donde nació el AK-47, que es un acrónimo de Avtomat Kalashnikova. El número, en tanto, se refiere al año en que el arma es “recomendada” para ser usada reglamentariamente por el ejército rojo.

En 1949, el diseñador puso una planta en la ciudad de Izhevsk y comenzó allí a fabricar en serie su invento, que ese mismo año integraría el arsenal de las Fuerzas Armadas Soviéticas. El humilde muchacho que aprendió mecánica de manera autodidacta veía ahora su apellido multiplicado en el armamento de miles de soldados de su patria.
No cualquier fusil
Muy pronto se pudo apreciar que este no era cualquier fusil, si no que se trataba de un arma de excelente factura y con un rendimiento inmejorable en cualquier circunstancia.
Entre las cualidades más notables del AK-47 se destacan su capacidad de ser utilizado en condiciones climática extremas y en escenarios húmedos, lodosos, con arena o con nieve. También cuenta con un diseño muy simple que hace que su uso sea fácil y lo mismo su mantenimiento. Finalmente, el costo de producción de este fusil es bajo, lo que permite su fabricación en masa.
Por todas estas razones, no cabía duda que Kalashnikov había creado un objeto que sería buscado y adquirido por distintos ejércitos regulares del planeta, pero también por organizaciones guerrilleras, rebeldes o de liberación.
A esto se suma que, en la Guerra Fría, los soviéticos distribuyeron su orgulloso invento entre los países aliados o que estaban bajo su órbita. De modo que este fusil de asalto se convirtió en el más difundido del mundo. Se produjeron, para tal demanda, decenas de millones de unidades, que tuvieron también distintas variantes.
Patente y premios
Un dato curioso es que la marca Kalashnikov recién se registró en la Oficina Internacional de Patentes de Suiza en el año 1998, más de 50 años después de su invención. Esto significa que su inventor no sacó provecho ni de la creación que llevaba su propio apellido.

En 2004, Vladimir Putin, presidente de Rusia, le otorgó a Kalashnikov la Orden al Mérito Militar. El padre del fusil de asalto más famoso recibió otras medallas y premios en su país. Pero el más importante de ellos le llegó en 2011, cuando le concedieron la orden de Héroe de Rusia, la distinción más trascendente en su patria.
“No es culpa mía”
Más allá de todos estos reconocimientos, en sus últimos años Mikhail Kalashnikov mostró ciertos reparos en relación a su invento. Defendía su fusil como una buena herramienta para la defensa de su nación, pero prefería no hacerse cargo de la cantidad de muertes que su creación había provocado en otros conflictos.
“No es culpa mía si hoy estas armas son usadas donde no se deberían usar. La culpa es de los políticos, no de los constructores. Yo creé armas para la defensa de las fronteras de la patria”, señaló el autor del AK-47, en una reflexión realizada sobre el final de su vida.

Como sucede en tantos casos a lo largo de la historia, la obra sobrevivió a su creador. Y hoy nuevas versiones del fusil de asalto Kalashnikov, como el AKM que exige Silvio Rodríguez, siguen estando en manos de gente dispuesta a morir o matar por diferentes causas. Muchas veces, ajenas.
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