Facundo recorre el continente en bicicleta junto a su perra Luna hace casi 3 años
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En abril de 2016, Facundo Nahuel Biosca estaba en Itajaí, un municipio en el norte de Santa Catarina, el estado brasileño cuya capital es Florianópolis. Había vivido ahí durante cinco años, trabajando como guardavidas, y hacía cinco meses había sumado una compañera a su aventura: Luna, una perra mestiza que tenía problemas de socialización después de experimentar el maltrato de sus cuidadores anteriores.
En ese entonces, Facundo, que creció en el barrio de Floresta y hoy tiene 33 años, decidió volver a su país para reencontrarse con su familia y sus amigos. Se presentó un gran inconveniente: la única aerolínea que permitía viajar a Buenos Aires con animales ofrecía pasajes prohibitivos para su bolsillo. Exploró otras alternativas, como trasladarse en un auto compartido, pero ninguna se terminó de adaptar a sus necesidades. Así, la bicicleta parecía ser la única solución. Un conocido le prestó un carro para llevar a Luna y el plan se puso en marcha.

"Le hice un service a la bici y un 13 de abril salimos. Para ese momento, ninguno de los dos tenía experiencia viajando en bicicleta, pero yo ya sabía que la única manera de hacer un camino es recorriéndolo", recuerda Facundo, en diálogo con LA NACION. Los 1850 kilómetros que tuvieron que hacer sobre dos ruedas pronto se transformarían en una lección de vida.
"Con el viaje aprendí que hay mucha gente buena. Nunca nos faltó nada, nos invitaron a casas, a comer, a dormir, a compartir vidas. Aprendí también que lo que verdaderamente buscamos las personas es más fácil de encontrar de lo que parece. Y con Luna, lejos de las frases hechas, aprendí lo que es el amor incondicional", sostiene Facundo. La travesía se extendió durante cuatro meses, a los que le siguieron apenas tres meses de estadía en Buenos Aires y, después, un nuevo proyecto: México.
Pero la vida, a veces, muestra los dientes. Ya habían partido hacía algunos meses cuando al padre de Facundo le diagnosticaron cáncer, así que regresó a territorio porteño para acompañarlo en su último tiempo.
Una vez que pudo despedirse, volvieron al ruedo.

Lo importante es el camino
Las aventuras con Luna continuaron hacia el norte argentino, "sin la necesidad de llegar a ningún lugar". Así fue, porque en el medio prefirieron quedarse recorriendo los diferentes valles y cerros de Córdoba.
Lo que empezó como un problema de logística, dos años y medio más tarde es una filosofía de vida. Facundo comparte los detalles de sus expediciones en las redes sociales (bajo el nombre "Facu y Luna a pedal", en Facebook, Instagram y también en YouTube), coopera con distintas entidades proteccionistas de animales y promueve el respeto por la naturaleza. El bolsillo no es un problema: da talleres de acroyoga y también vende un libro de su autoría, Sincronía fina.
"A la hora de compartir experiencias y aprendizajes, no hago apología del viaje, sino de buscar la forma de vivir en armonía, de sentirse bien con la vida que elegimos", explica. "Creo que los animales y la naturaleza son excelentes compañeros para aprender a ser más consecuentes con los sentimientos".

Hasta ahora, con Luna visitaron parte de Brasil, Uruguay y Argentina. La perrita de cuatro años transformó su temperamento: se le fue el miedo y hoy disfruta de acercarse a gente que la quiere y la respeta. En este momento están de visita en la ciudad, pero a mediados de mes van a conocer la zona serrana de la provincia. Pasearán por Tandil, Balcarce y Sierra de la Ventana.
¿Más adelante? Facundo no mira mucho más allá. Se concentra en el presente y en el futuro muy cercano. "Si bien no soy de proyectar a largo plazo, tengo la idea de pasar la temporada de verano en Pinamar, dando clases de surf".
El después, dice, queda lejos.
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