Finstagram, la opción teen para escapar de las vidas perfectas

Mezcla de fake e Instagram, se trata de un formato alternativo donde ellos se muestran sin filtro, con tono lúdico y "tal cual son"
Olivia Goldschmidt
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14 de abril de 2018  

"¿Se sentiría cómodo revelando el nombre del hotel donde pasó la noche de ayer?", le preguntó un senador de Estados Unidos esta semana a Mark Zuckerberg. El fundador y CEO de Facebook dijo que no, que no se sentiría cómodo. Tampoco, aclaró, le gustaría compartir los nombres de las personas con las que se mensajeó en la última semana. El video que recorrió la Web es incómodo de mirar hasta para quienes no están siendo juzgados.

Mientras tanto, Instagram, la red indiscutida de los adolescentes, no pasa de moda aunque adquiere nuevos usos. Una miradita rápida por cualquier teléfono millennial o teen muestra un "Feliz cumpleaños para mi todo" y la frase acompaña la postal de una playa paradisíaca con una pareja besándose, aunque a ella no se le ve tanto la cara porque se la tapa el pelo largo. Otra foto de una hamburguesa casi pornográfica. Un atardecer mágico. La vida, al menos en Instagram, se parece mucho a la de las modelos aun cuando el usuario sea un joven desde el recreo del colegio con mil seguidores.

Sin embargo, entre los adolescentes que compiten tácitamente por la mejor foto, la presión de ser y lucir perfectos se combate con Finstagram. Mezcla de fake, por falso en inglés, e Instagram, son cuentas alternativas, privadas y limitadas a los mejores amigos para mostrar su día a día, sus momentos menos estéticos o divertidos, pero que igual quieren compartir.

Abril, estudiante de arquitectura de 22 años, creó su Finstagram el año pasado. "Me divirtió tener una cuenta para mis amigas y poder subir cualquier foto, en ese momento no existía la opción de 'mejores amigos' en Instagram, y es más, creo que agregaron esa función porque mucha gente estaba creando usuarios nuevos", dijo a LA NACION. En su cuenta abierta y popular es @abrumadora_ y la siguen 1400 personas: "Me gusta mucho sacar fotos, así que subo fotos lindas, de buena calidad, y no tantas fotos mías (donde ella aparece en la foto). También cuido mis historias, solo subo de mis piezas de cerámica y alfarería o de alguna comida muy especial pero que no merece ser subida como foto fija", explicó la millennial.

Mientras tanto, su Finstagram que originalmente se llamaba @abrocoli (pero que cambió porque mucha gente le pedía seguirla y rompía con el propósito de ser privado), ahora la siguen 67 seguidores, sus mejores amigos y su mamá, aunque aclaró que esto no es normal, que sus amigas no dejan que sus madres las sigan. "No hay reglas para Finstagram, cada uno sube lo que quiere, de mi día, de mis amigos de la facu, de cuando hago gimnasia o diez fotos por el cumpleaños de mi hermana que nunca hubiera puesto en Instagram", comentó.

Eugenia Mitchelstein, la directora de la licenciatura de Comunicación en la Universidad de San Andrés, dijo que tanto en las redes como en la vida las personas eligen presentarse de distintas maneras según su público: "Somos distintos para colegas, amigos y familiares". La diferencia de la vida online es que tiende a potenciar la parte de las personas que se muestra al público y adquiere mayor importancia. "Antes de Internet, la teoría de representación selectiva de Ervin Goffman hablaba de un front end y un back end porque la vida real también es mediada, se elige qué mostrar y qué no", dijo Mitchelstein.

El fenómeno de Finstagram creció y ahora algunas de esas cuentas son compartidas entre amigos o familiares.

Bruno Gielczynsky tiene una cuenta cerrada con sus 12 primos, donde la norma es el ácido sentido del humor y el anonimato. "Es para los escraches, el autobombo y chistes internos con su propio hashtag. Hoy solo nos siguen 50 personas a las que también les hacemos un amistoso bullying. Cada primo puede agregar hasta dos amigos por año y tienen que ser conocidos por todos antes de participar", contó acerca del PrimTeam, que incluye fotos de un bebé de la familia llorando con la leyenda "Cuando salís de joda y tenés que bañarte, #EnElBolicheNoSeHuele #CódigosMoralesEstéticosYOlorosos".

Por su parte Nicolás Teperman, de 22 años, también usa Finstagram luego de que una de sus primas que vivió un tiempo en Estados Unidos le contó cómo funcionaba. Desde su intercambio por la Universidad en Lisboa, comparte con otros en la misma situación una cuenta que es @eurotaxa. "Hay cosas que no subiría a Instagram porque me sigue mucha gente, como mi familia, y no quiero poner la foto de un amigo claramente borracho", comentó en conversación telefónica. Explicó que lo bueno de tener una segunda cuenta compartida es que es más fácil que no caiga en inactividad ya que varios colaboran contenido, "es parte de lo que hace que mi intercambio sea divertido y nos mantenemos al tanto de lo que estamos haciendo", agregó. Para él, las reglas de Finstagram es que sea gracioso y que no se parezca a la cuenta principal. "Nadie pondría en @eurotaxa la foto de un paisaje lindo a menos que tenga como descripción, 'pensar que hay gente en la facultad'", comentó.

Una nueva red viene con sus propios códigos y en Finstagram se puede no ser perfecto, pero no se permite no ser gracioso.

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