
Florencia Raggi, deseos compartidos
En cine se la verá en el film Tres deseos y en teatro continúa con las funciones de El regreso del tigre. A los 37 años, la ex modelo disfruta de la familia que formó con Nicolás Repetto y del reconocimiento ganado como actriz
1 minuto de lectura'

"Para mí es un esfuerzo", le explica al fotógrafo, en un alto de la producción. "Hmm... ésta no soy yo", dice, al ver una de las tomas en la pantalla de la cámara digital. Florencia se relaja, se muestra, se deja ver como quieren que la vean: como la mujer, como la actriz que ya enterró a la modelo que supo ser.
"El cuerpo tiene memoria -reconoce-. Ya no hago producciones fotográficas como hace quince años. Ahora las fotos son por entrevistas por mis trabajos, pero de alguna manera mi cuerpo recuerda posiciones, poses. Siento que lo combato, pero se hace difícil. Veo una cámara y aparecen ciertas cosas de la modelo. Es como andar en bicicleta. Hay cosas de las que nunca te olvidás."
Lejos está de los prejuicios que la tenían como la modelo devenida actriz. Hoy Raggi asegura: "Es tiempo de levantar lo sembrado. Mi energía está puesta en la actuación y todo lo encaro con pasión y seriedad; el resto es ajeno a mí. Lo que importa es que lo haga bien, sólo eso, porque lo otro decanta solito".
Florencia dice tomarlo todo demasiado en serio. Quizá por eso, a pesar de que son varios los proyectos que llegan a sus manos, no a todo le dice que sí.
"Le doy mucha importancia al primer impulso, a la primera intuición -insiste-, porque mi cuerpo parece saber más de lo que se puede indagar. Le presto atención a ese cosquilleo en la panza; obviamente, después pongo más la cabeza."
-¿Sos de las que dicen "es una cuestión de piel"?
-Le doy mucha importancia a esa percepción, porque después tengo el tiempo necesario para ser racional.
Y ese cosquilleo fue el que la llevó a dar el sí a El regreso del tigre, la obra que presenta junto a Luis Brandoni y Patricio Contreras, y a Tres deseos, la película que se estrena el jueves próximo y que la tiene como protagonista junto a Antonio Birabent y Julieta Cardinali.
"No conocía a los directores (Marcelo Trotta y Vivián Imar) cuando me acercaron el guión. Lo leí y me entusiasmó muchísimo -reconoce-, más aún después de ver Legado (documental ficcionado que compila testimonios de inmigrantes de origen judío en el interior argentino). Tres deseos es un film íntimo, repleto de climas, de situaciones actorales, de sutilezas. Fue un ejercicio que agradezco, porque me enriqueció como actriz y como persona."
Rodada en escenarios naturales de la ciudad uruguaya de Colonia, Tres deseos se centra en una pareja que atraviesa una crisis, y donde el pasado y el futuro operan sobre un presente que no es el soñado.
-En definitiva, la película habla de cuando el amor ya no es suficiente para sostener la pareja...
-Es una frase contradictoria, porque creo que cuando hay verdadero amor sí se puede superar.
-Entonces, ¿vos creés que el amor todo lo puede?
-Cuando hablamos de un amor muy profundo, sí. El problema es cuando uno empieza a proyectar sus sueños, sus miedos, sus fracasos, en el otro. Esto ya no es amor, sino apego. Si todo resulta un gran esfuerzo, creo que es porque no hay suficiente amor. Yo no creo en esa frase "te amo muchísimo, pero no puedo estar con vos"; me parece que ahí hay otras cuestiones de fondo.
-¿Indagás en vos cada vez que encarás un personaje?
-Es la mejor excusa para hacer un trabajo introspectivo, de ver lo que me rodea, lo que me pasa, ver de cerca mis vínculos. Para este personaje indagué un montón, intenté ir más allá de lo que el guión proponía. Hice una búsqueda muy interna. Resulta fascinante poder encontrarse uno mismo y decidir qué le presto y qué no a esa mujer que puede tener cosas en común con uno.
Ella, la mujer de la película, está en crisis con su pareja y se enfrenta con el paso del tiempo. Llegó a los 40...
"A mí me falta (el 29 de octubre cumplió 37 años). Aunque parezca raro, cuando empecé a meterme en qué era lo que les pasaba a mis amigas de 40, me di cuenta de que de alguna forma yo también estaba atravesándola. Yo empecé a laburar desde muy chica [realizó algunos castings para publicidad a los 14 años], me fui a vivir con Nicolás (Repetto) a los 22 y fui mamá joven también [tiene dos hijos, Renata, de 10 años, y Francisco, de 8], así que por eso creo que la crisis tan trillada de los 40 me llegó antes.
-¿Te deprime el paso del tiempo?
-No. Ya tenía noción del tiempo, de los cambios por los que uno atraviesa. Uno se ve en el espejo; no nos hagamos los giles; todo pasa muy rápido. Ahora digo qué suerte que me avivé. No me deprimo, al contrario, tomé conciencia de que la vida vuela, y por eso estoy dispuesta a disfrutarla a pleno. Darme cuenta de que el tiempo pasa me llevó a ver la vida desde otro lugar, no desde la angustia. Me despabilé y está buenísimo, porque todo el tiempo nos engañan con eso de que uno es menos feliz con el paso del tiempo. No señores: se puede ser feliz aunque uno no tenga 20. Están equivocados: ser joven no es sólo sinónimo de éxito; pasar la barrera de los 30 no es sinónimo de declinación, de descarte. Podría estar angustiándome porque no tengo la misma cara, el mismo cuerpo, no hago las mismas cosas ni con la misma energía que a los 20, pero está buenísimo igual, porque puedo hacer otras cosas con la experiencia que tuve y sé que voy a seguir haciendo. Tengo la esperanza de vivir así, aunque parezca un bicho raro. Esta crisis la superé; obviamente voy a tener otras, y está bueno que pase; eso quiere decir que estoy viva y que hay que poner el pecho.
Se asume como una mamá presente y que el tiempo ya hizo lo suyo con aquellos años en los que "torturaba" a su madre por dejar de ser ama de casa para transformarse en actriz. La decisión de Nilda Marinovich de Raggi fue bastante revolucionaria en el hogar de Florencia. "Lo viví con bastante conflicto", confiesa.
-Y ahora, ¿tenés conflictos por estar del otro lado?
-No, en casa hablamos mucho esto de ser mamá y actriz. Obviamente, hay reclamos, pero como en toda familia. Los chicos lo resuelven de otra manera, pero esto tiene que ver con la forma en que se lo comunicás. Si vos lo transmitís con culpa, cargado de contradicciones, la reacción va a ser otra, pero si te abrís y dejás que lleguen a vos, no hay conflictos. Me pasan cosas, como les pasan a muchas otras madres que trabajan. El otro día Renata tuvo una fiesta en el colegio. A mí me hubiera encantado ir, pero tenía función esa noche. Yo sé que ella quería que estuviera ahí, pero lo hablamos y di mi presente de otra manera, preparándola para la fiesta, maquillándola, estando atenta a lo que necesitaba. Pero si me arranco las vestiduras y lo hablo desde la culpa, claro que va a ser dramático. Ella sabe que ahora mamá trabaja de noche. Me parece que la clave es ser auténtico con uno mismo. Ese es el mejor bagaje que les podemos entregar.
Cultiva el perfil bajo, no hay dudas. Florencia y Nicolás Repetto están bien lejos de ser una pareja mediática; al contrario, se mantienen alejados de los medios. "Como familia nos propusimos cuidarnos muchísimo, no exponernos. Está bueno para nosotros, como pareja, y también para nuestros hijos."
-Se habló mucho de este perfil bajo cuando se dio la noticia de que se casaron que secreto.
-¿Secreto? No, resulta esnob decir que nuestra intención fue hacerlo en secreto. Nada más alejado de eso. Tampoco teníamos la idea de salir en las revistas. Lo hicimos así porque no hay nada más íntimo que un casamiento. No queríamos que nos modificara demasiado a nosotros ni a nuestro entorno. No fue para que dijeran qué raros, por qué lo ocultan. Fue un momento para la familia, para la pareja.
Con los pies bien puestos sobre la tierra, Raggi espera ver su trabajo en el aún no estrenado film italiano Cómplices del silencio, a la vez que cruza los dedos para ser parte de una miniserie también italiana que se rodará aquí en Argentina. "Una buena manera de calmar la ansiedad es mantenerse conectado con uno mismo." Y el yoga es una de las actividades que le permitieron ir más allá del intelecto para conectarse con su propio yo. "Necesito estos espacios de introspección, de relajación. Necesito conectarme conmigo misma y con el resto desde otro lugar, porque la vida es un corto viaje y hay que encontrar la manera de vivirlo lo mejor posible, porque tiene principio y también final, y a veces nos olvidamos de esta última parte. Por eso hay que jugársela."
-¿Vos te la jugás?
-Todo el tiempo. Hay que arriesgarse para poder arrepentirse.
Mas datos: www.florenciaraggi.com.ar
1
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



