
FRANCIA 60 años después
Por cierto, muchas cosas no tienen nada que ver. El Mundial de 1938, también realizado en tierra francesa, fue visto por 374.937 espectadores, y éste, gracias a la TV, lo presenciarán 37.000 millones. Otras, en cambio, coinciden curiosamente: también hace 60 años había en París inquietud gremial y amenazas de huelga
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¿Alguien en su sano juicio podría suponer, hoy, que el seleccionado argentino habría renunciado a participar en esta Copa del Mundo que acaba de comenzar en Francia?
Hace exactamente sesenta años, lo hizo y se perdió la posibilidad de jugar, con futbolistas que están en la historia entre los mejores de todos los tiempos, la tercera edición del Mundial, organizada justamente por los franceses. Embroncada con la FIFA porque la había dejado de lado como sede del torneo, la Argentina prefirió en 1938 automarginarse, igual que Uruguay y el resto de los sudamericanos, salvo Brasil.
No, por supuesto que nadie aceptaría hoy una renuncia de ese tipo. Pero está claro que desde 1938 a 1998 muchas cosas han cambiado. Se habla del mundo, por supuesto; entonces se habla de fútbol, también.
LA NACION, de ayer a hoy
Cinco de las ocho columnas de la página 15 del diario del jueves 2 de junio de 1938 estuvieron dedicadas a un recuadro que no excedía los diez centímetros de alto. Estaban encabezadas por un título genérico, en una tipografía más bien pequeña: Aspectos gráficos de la actualidad deportiva en Europa .
Entre cuatro fotos, solamente dos estaban dedicadas al Mundial de Francia que se hallaba a punto de comenzar. En la parte superior, una imagen apaisada y panorámica, con el siguiente epígrafe: El estadio de Colombes, donde se realizará el campeonato de fútbol por la Copa del Mundo, ha sido convenientemente reformado para darle mayor capacidad . Debajo, algo más pequeña, otra fotografía relacionada con el tema: Los integrantes del equipo brasileño que intervendrán en el campeonato mundial de fútbol en momentos de rendir un homenaje en la tumba del soldado desconocido, en París .
Y punto. Nada más.
Faltaban sólo dos días para el comienzo de la competición, que se abriría con el encuentro entre Alemania y Suiza, con el fantasma de la guerra sobrevolando el estadio.
Hoy, LA NACION Deportiva tiene 13 enviados especiales para cubrir el mayor acontecimiento mediático deportivo del universo: un Mundial de fútbol, en la actualidad, acredita a 10.000 periodistas y rechaza la solicitud de otros tantos.
El centimetraje de publicación en los medios, los minutos en radio y televisión son definitivamente imposibles de cuantificar.
El domingo 5 de junio de 1938, para el primer partido, la cobertura no fue mayor. Apenas dos columnas y el título en tres líneas: Los conjuntos de Suiza y Alemania empataron en un gol por la Copa del Mundo . Enseguida, la bajada: Con este partido, realizado en París, en el Parc des Princes, ante 7000 espectadores, se inició la etapa final del importante campeonato de fútbol .
Y, al fin, después de un aclaratorio Características del juego , el texto, signado como Especial, lo que admitía la ausencia de un enviado especial propio: El torneo por la Copa del Mundo entró hoy en los cuartos de finales, con el match entre Suiza y Alemania, jugado en el Parc des Princes, y que terminó empatado en un tanto .
La impresión del cronista es que no estaba esa tarde en la cancha de Auteuil el ganador de la Copa del Mundo. "Si los resultados nos contradijeran -decía-, habría que pensar en la irregularidad del torneo y lamentarlo, porque significaría mediocridad general en la clase del fútbol participante. Alemanes y suizos han jugado reñidamente, con ardor y ansia de triunfo, durante 120 minutos extenuadores, pero sin exhibir una calidad de juego satisfactoria. Si el resultado es justo, se debe a que ninguno de los dos bandos mereció ganar, aunque frente a un fútbol más vivaz, inteligente y eficaz, ambos merecerán perder.
"Alemania es ahora un equipo reforzado, porque se le incorporó el cincuenta por ciento de jugadores austríacos. Forzosamente la cohesión se resiente y la fusión de los dos sistemas hace que el sistema rechine."
Como para variar, se le dedicaba un buen párrafo a la actividad de los brasileños, desde aquellos tiempos tan propensos a las relaciones públicas con excelentes resultados y también a provocar admiración son su ritmo de samba.
Brasileños y polacos se enfrentarán esta tarde en Estrasburgo era el título. Y se anticipaba: "Se considera, en general, que los sudamericanos conquistarán la victoria".
Está claro que hay cosas que no cambian, y entre ellas está el estilo de Brasil, dentro de la cancha y fuera de ella. Hoy por hoy, no hay francés que no hable de Ronaldinho y compañía, mientras la camiseta verdeamarelha , puntillosamente vendida a la marca norteamericana Nike, aparece por todas partes.
Por los centenares de millones de dólares que la empresa puso, no se ocupa sólo de diseñarla: también decide cómo, cuándo y por qué debe ser mostrada.
El remate de aquella página de 1938, por otro lado, tenía un aviso bien de la época: Pase sus noches en Nueva York... Arturo Toscanini... Benny Goodman... Jazz... Sinfonías... Escúchelos con una Pilot. La radio, que habla todos los idiomas , se vendía a 295 pesos, para corriente alternada, 5 válvulas. Onda corta y larga de 16 a 52 y de 185 a 55 metros.
Al mismo tiempo, el diario no se perdía detalle del campeonato de tenis de Francia sobre cancha dura. Por aquellos días, Tutsuo Nakano vencía en la tercera rueda de singles de caballeros a Gene Mako.
Hasta que llegó la final
Y el lunes 20 de junio, LA NACION tituló a ocho columnas: Italia ganó el partido final del campeonato de fútbol por la Copa del Mundo. En Colombes se impuso a los húngaros. Setenta mil personas presenciaron su victoria, obtenida por 4 tantos a 2. Asistió M. Lebrún (el presidente francés).
Ahora, sea para la inauguración, sea para el cierre, se espera la presencia de mandatarios como si se tratase de una cumbre mundial.
De la guerra a los dólares
En 1938, el fútbol olía a pólvora. Por aquellos años, el Mundo se movía al ritmo de una desordenada música bélica, que sonaba más que en ningún otro lado en Europa central. Desde allí, un tal Adolf Hitler proponía su lema de batalla: Un pueblo, una nación, un líder . Según él, debía fundar una nueva Alemania y el primer paso era expandirse, crecer, ir más allá de las fronteras delimitadas en 1919, después de la finalización de la Primera Guerra Mundial.
En febrero de 1938, el Führer recibió al canciller de Austria y convirtió a ese país en un protectorado alemán. Enseguida, los nazis ocuparon el gobierno de Viena y, al mes siguiente, exactamente el 11 de marzo, exigieron la capitulación. Así comenzó su cruzada el Tercer Reich. Ya dominada Austria, se propuso someter a Checoslovaquia.
Mientras tanto, en América del Sur, Paraguay y Bolivia permanecían en litigio, y Perú y Ecuador reñían por cuestiones fronterizas.
Por su parte, la orgullosa Francia trataba de satisfacer la decisión del presidente de la FIFA, Jules Rimet, y se disponía a organizar la tercera Copa del Mundo de fútbol. Pero no podía, ni quería, dejar de mirar de soslayo y con preocupación lo que sucedía cerca de sus fronteras.
Sin embargo, la pelota comienza a rodar. Y quien abre el juego es, justamente, Alemania.
El 4 de junio apenas empata 1 a 1 con Suiza, después de presentarse al comienzo del partido con el saludo fascista: el brazo derecho levantado, la posición firme. La misma actitud asumió el equipo de Italia, al día siguiente y a pedido del Duce Mussolini, antes de encontrarse con los noruegos, y recibió el repudio del estadio colmado de Marsella.
Los italianos defendían el título del mundo. Tenían jugadores extraordinarios, pero aquella tarde jugaron rígidos, sin armonía, como ausentes. Ganaron por 2 a 1, en tiempo suplementario, pero perdieron su compostura ante una multitud que parecía pretender consolidar su vocación democrática en un permanente repudio al estilo fascista. Años después, recordaría uno de los integrantes del equipo: Jamás un jugador podrá sentirse tan nervioso como ese día nos sentimos todos los que defendíamos la casaca italiana .
En 1998, el fútbol olfatea dólares.
En estos tiempos, aunque de reojo se observa la temeraria carrera que se han propuesto la India y Paquistán, la vista de medio mundo está clavada en el Mundial. Los ensayos nucleares de unos provocaron la inmediata respuesta de los otros y las explosiones permitieron escuchar, de todos modos, un pronóstico inquietante: expertos norteamericanos advierten que el subcontinente podría ser el escenario de la primera guerra nuclear.
Pero el mundo es redondo, se sabe, y con forma de pelota. Y, sesenta años después, el negocio ha superado largamente lo que alguna vez soñó el fundandor de la Copa del Mundo, Jules Rimet. Para simplificar, quien llegó hasta París como secretario general de la FIFA y con pretensiones todavía mayores declaró, sin perder su compostura suiza: "El fútbol genera unos 200.000 millones de dólares por año".
Para engrosar esa cifra están los mundiales, cada cuatro años. Así, la FIFA y la International Sports Leisure (ISL, empresa suiza a la que el ente rector del fútbol le dejó el manejo de los números después del Mundial de España) se beneficiarán con 540 millones de dólares por Francia 98. Mientras tanto, el Comité Francés de Organización (CFO), que invirtió 430 millones de dólares, ganará algo más de diez millones.
La televisión está detrás de todo, como corresponde a estos tiempos: 1700 millones de espectadores verán la final; 37.000 millones -acumulados, obviamente- seguirán todos los cotejos. Esa cantidad de telespectadores ha permitido deducir que los 1800 millones de dólares de derechos pagados no fueron en vano. Es más: para los dos mundiales que se vienen (2002 en Corea del Sur y Japón, 2006 sin sede definida) la cifra se multiplicó hasta llevarla a 2500 millones de dólares.
Es que la televisión atrapará tanto, que un spot de 30 segundos en el entretiempo del partido final costará 300.000 dólares, en medio de una transmisión que recaudará 11.000.000 de dólares, según adelantó el canal local TF1.
Además, están los sponsors oficiales (Adidas, Canon, Coca-Cola, Fuji, Snickers, Gillette, Budweiser, McDonald´s, JVC, MasterCard, Opel y Philips), que pagaron 35 millones de dólares cada uno, a cambio de la exclusividad para usar el logo, ubicar dos carteles de publicidad estática en cada estadio y unos 20.000 tickets para presenciar los partidos. No es todo. También aportan los proveedores, que suman 55 millones de dólares. No es poco.
Ni hablar de los contratos y los valores de los futbolistas. Aunque suene temerario, los 35 millones de dólares que acaba de pagar el Betis, de España, por el brasileño Denilson, de San Pablo, seguramente hubieran sobrado para comprarse todos los planteles de los quince equipos que disputaron la Copa del Mundo en 1938.
Como dijo Silvio Piola, el goleador de los italianos, que finalmente salieron campeones: "Si vuelvo a pensar en el fútbol de cuarenta años atrás, si vuelvo a ver situaciones de juego, no puedo más que definir nuestro tiempo, es decir, aquel de la selección azzurra campeona del mundo. En aquellos tiempos, el fútbol era distinto, muy distinto. No como ahora, en que es un asunto más que nada mercantil. La calesita de los millones no giraba tan velozmente como ahora. Creo, sin temor a equivocarme, que juntando los contratos anuales de Giuseppe Meazza, Monti, Orsi, el mío mismo, no llegaríamos siquiera, aun teniendo en cuenta la inflación, a lo que perciben hoy algunas de las estrellas del fútbol italiano por un día".
Y eso que figuras no faltaban: el mismo Piola, el también italiano Giusseppe Meazza, el sueco Wetterström, el húngaro Sarosi, el checoslovaco Planicka y, por supuesto, el Diamante Negro de Brasil.
De Leónidas a Ronaldinho
En aquellos tiempos, tres nombres circulaban de boca en boca del pueblo brasileño: el del dictador Getulio Vargas, el del poeta Orlando Silva y... el de Leónidas Da Silva, el Diamante Negro.
Da Silva creció en el barrio de São Cristovão, en Río de Janeiro, y desde que se recuerda se dedicó a una pasión nacional: el fútbol en la playa. Inició su carrera en un club de barrio y de allí pasó al São Cristovão. Tenía sólo 19 años cuando fue convocado por la Seleção , para disputar en Uruguay la Copa Río Blanco. Allí mismo lo vieron dirigentes de Peñarol, de Montevideo, y dieron todo por comprarlo. Lo consiguieron...
Hoy, la gente de Brasil vive con el Jesús en la boca por la suerte de su economía, delira con cantantes populares como Daniela Mercury y adora hasta la exasperación a Ronaldo Nazario da Lima, Ronaldinho. A partir de aquí, cualquier coincidencia con la historia anterior es sólo eso, una coincidencia: fue creciendo en el barrio de São Cristovão, hizo milagros con una pelota sobre la arena, debutó como adolescente en el equipo nacional, lo vieron los holandeses del PSV Eindhoven y se lo llevaron.
El resto es materia conocida, para los dos. Leónidas terminó como la mayoría de los jugadores de otros tiempos, aunque supo ganarse la vida trabajando como periodista de radio y televisión. Ronaldo es, hoy por hoy, una marca en sí mismo, aunque detrás estén Nike, Pirelli, Brahma y cualquier multinacional dispuesta a gastar decenas de millones de dólares por algunos meses de contrato.
Hace sesenta años, el Mundial fue de Leónidas Da Silva, goleador, con ocho goles. En 1998, la Copa del Mundo, aun con unos pocos partidos jugados, pertenece a Ronaldo Nazario da Lima. Pero el tiempo dará su veredicto, porque en fútbol no hay verdades absolutas.
De Francia a... Francia
En 1938 gobernaba en Francia el Frente Popular, compuesto por socialistas, radicales y comunistas. El presidente de la Nación era Alberto Lebrun.
Por aquellos días, la inflación era cada vez mayor, los capitales nacionales no dejaban de fugarse a otros países y los distintos planes económicos del gobierno no tenían efecto y eran rechazados tanto por las organizaciones sindicales como por las patronales. Los obreros, en un busca de aumentos relacionados con el costo de vida y por mejoras laborales, realizaban extensas huelgas, multitudinarias manifestaciones y tomaban los establecimientos de trabajo.
Aquel año, toda Francia se vio conmovida por la acción de los trabajadores. Pararon los metalúrgicos, los textiles, los empleados de transportes, los hoteleros, las fábricas de armas, los agricultores... La poderosa CGT francesa, que tenía más de cinco millones de afiliados, apoyaba a los obreros, pero sostenía que era necesario negociar con el gobierno para conseguir una pacificación social. Por su parte, la derecha pedía la intervención del ejército. El gobierno sostenía que estaba dispuesto a implantar un nuevo código de trabajo que incluyera aumentos salariales, pero también que fijara estrictas reglas relacionadas con el derecho de huelga. Después de largas gestiones entre los gobernantes, los sindicatos, los empresarios y los políticos, se había llegado a fines de junio a un primer arreglo y habían empezado a aprobarse en el Parlamento las nuevas leyes laborales. Sólo a mediados de 1938, Francia comenzó a lograr cierta estabilidad económica y el gobierno pudo aplicar planes de obras públicas y estimular la industria local.
Para entonces, comenzó el Mundial. En 1998, tanto Lionel Jospin como Jacques Chirac, cada uno desde su lado y desde su función, afrontan el problema común de Francia y de toda Europa: la desocupación. Por estos días, el drama de los residentes ilegales está en el centro de la discusión y su expulsión del país es un hecho.
Al mismo tiempo, los pilotos de Air France, por ejemplo, aprovechan la atención mundial para gritar su disconformismo y amenazan con hacer aterrizar todos los sueños turísticos. Como dato al pasar, quizá baste decir que la Copa del Mundo agrega unos seiscientos mil visitantes a los cinco millones que vienen por aquí en esta época.
Es asombroso: a sesenta años de aquella pesadilla imperial del Führer, hoy la Unión Europea acaba de dar a luz al euro, la moneda única que comenzará a regir en muy poco tiempo y que ya aparece, con su equivalencia, en cualquier ticket de compra en tierras francesas.
Es fascinante: a sesenta años de aquel Mundial que fue visto en la cancha -no había otra forma, por supuesto- por 374.937 espectadores, hoy la Copa del Mundo será observada alrededor del globo por 37.000 millones de telespectadores.
Es asombroso y fascinante. Como el fútbol mismo.
TEXTO: DANIEL ARCUCCI
COLABORÓ: MARCOS MARTÍNEZ





