
Fruto de madurez
Llegó al teatro al filo de los 40 y, veinte años después, sus personajes se destacaron en las obras de Mariana Obersztern y Alejandro Tantanian
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"Fue un año luminoso." Marta Lubos está contenta, pero no se muestra demasiado sorprendida de ser considerada revelación en materia escénica. Está consciente de que algo pasó con este año que sobresalió por sobre los anteriores. "Debe de haber sido la conjunción de encontrarse con la gente indicada en el momento y en el lugar exacto. Son coordenadas que se pueden dar o no, y que no podés prever." Esas coordenadas a las que Marta se refiere con tanta naturalidad -casi como si no contara la experiencia, la dedicación, el talento- dieron como resultado su Elsa de Lengua madre sobre fondo blanco (escrita y dirigida por Mariana Obersztern) y a la exquisita Amparo de Temperley (de Alejandro Tantanian y Luciano Suardi, dirigida por este último).
"Creo que es la primera vez que siento tan claramente que el trabajo que hicimos le llega a la gente." Marta busca una explicación. Piensa, se toma su tiempo..., pero enseguida abandona la búsqueda. Sonríe. Está feliz. Quince días atrás sí se sorprendió, y mucho, cuando fue a acompañar a su amigo Luciano Suardi a recibir el Premio Getea al mejor director del año y se encontró con que ella misma era la ganadora en el rubro mejor actriz. Esas cosas de las (in)comunicaciones hicieron que no se enterara sino minutos antes de recibirlo y por casualidad. Lo cuenta y vuelve a sonreír.
Marta Lubos tiene la calma de quien se siente segura, pero no la garantía que otorgan las previsiones. Más bien, todo lo contrario. Su seguridad deambula en lo imprevisto, en el paso a paso, en el día a día, en la certeza de querer conocer el camino que conduce al placer. No siempre fue así.
Marta tiene 59 años (revela el dato con la sugerente coquetería de la que sabe que, por lejos, no los representa) y comenzó su aventura en los escenarios a los 38, momento en que la enfermedad de dos integrantes de su familia le hizo repensar todo: "¡Qué frágil que es la vida!, uno cree que siempre hay tiempo y de golpe te das cuenta de que no tenés más chances. Eso me hizo dar cuenta de que ya no quería ir robando cachitos de lo que me gustaba. Quería todo", recuerda.
Y fue por ello. Al año siguiente se anotó en la escuela de teatro de Alejandra Boero, donde primero empezó a estudiar y después a enseñar. Han pasado casi veinte años y Marta no paró. De a poco, como le gusta a ella, se hizo cargo de un recorrido que la ligó profesionalmente a directores como Eduardo Riva ( Medea , Bodas de sangre ), Alejandro Samek y Luciano Suardi ( Teresa R. ), entre otros trabajos que también incluyeron Las troyanas con adaptación y dirección propias y el entrenamiento actoral de Esther Goris en la preparación para su papel de Cocó Chanel . En cine, participó en No quiero volver a casa , de Albertina Carri, con la que está a punto de empezar a rodar su segundo largo, Géminis . En el camino dejó un trabajo estable en el área administrativa del Teatro San Martín, que abandonó con la convicción propia y ajena (de la familia) de estar haciendo lo correcto. Marta dice que sus sueños no son muy delirantes, pero les hace frente a medida que se le presentan. Así, sonriendo, como hace ella.
Y tiene con qué. "Los años tienen a favor la experiencia que te ayuda, en este caso, a buscar recursos para enriquecer tus personajes", dice esta abuela a la que le gusta jugar a "tomarse unas pequeñas vacaciones" de sí misma, y que todavía siente que tiene mucho para crecer.
Revelación 2002
Marta Lubos
Edad: 59. Por qué se reveló: Sus personajes brillaron en Temperley y en Lengua madre sobre fondo blanco. Una frase: "En un momento me di cuenta de que ya no quería ir robando cachitos de lo que me gustaba. Quería todo". Curiosidad: Subió por primera vez a un escenario a los 38 años. Proyecto 2003: Comenzar a filmar su segundo largometraje, Géminis, con la dirección de Albertina Carri.






