
Galeras y fascinators, como Ascot, pero en San Isidro
Baron B realizó una nueva edición de su ya tradicional Prix, el evento con el despliegue de mayor elegancia de Buenos Aires
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Un carruaje tirado por seis caballos en la entrada. Damas y caballeros ataviados con sus mejores galas circulaban con paso cansino en un constante devenir de levitas, galeras, bastones, guantes y esmerados tocados. La imagen bien podría pertenecer al montaje de una película de época, de nobles, de lujos de antaño. Algo de ficción había en este particular convite: se trataba del Prix de Baron B, un evento que ya se convirtió en un clásico, configurado para emular a los grandes premios hípicos de Europa, donde personalidades de altísima alcurnia desfilan cada año ceñidos al estilo tradicional y elegante que caracteriza el mundo de las carreras. Como un Royal Ascot local, esta gala, que se realizó el jueves en el Hipódromo de San Isidro, convocó a 500 invitados exclusivos, que recibieron con entusiasmo la propuesta.
El estado general de los presentes era de contemplación. Una noche de antología parecía el resultado de algún conjuro mágico tras las tormentas del fin de semana: la luna baja en el horizonte, la pista de carreras con todas sus luces y el parque minuciosamente cuidado. El rey Eduardo VI supo definir una vez que el Royal Ascot, el derby por excelencia del Reino Unido, es "una fiesta en el jardín a la que se añaden las carreras". Algo de eso había. El foco, sin dudas, estaba puesto en el dresscode : galera para ellos; fascinators, para ellas. Es que el Royal Ascot, al contar con la presencia del monarca de turno como espectador vitalicio, exige que se respete el protocolo real: para saludar a la reina Isabel II, hay que llevar la cabeza cubierta, a menos que la invitación aclare lo contrario. La consigna fue cumplida con creces. Los fascinators competían con los vestidos de alta costura de los diseñadores más rimbombantes del mundo, y las joyas más costosas: espectaculares diseños de Valentino, Lanvin, Zuhar Murad y Prada competían con las firmas locales de Fabián Zitta, Evangelina Bomparola y El Camarín. Cristales Swarovsky en recargadas gargantillas, perlas, piedras preciosas y zapatos Louboutin tanto como Sarkany completaban los esmerados looks.
Los tocados más llamativos fueron obra de Laura Noetinger, una de las pocas diseñadoras de fascinators del país. Fue la encargada de vestir las cabezas de la mayoría de las invitadas y lo hizo con pericia: "Me adapté a los gustos de cada clienta, porque todas traían ideas muy diferentes y, por supuesto, tenían que combinar con los vestidos. Para la argentina, hay que simplificar bastante el tocado, no se suelen animar a los más recargados que se usan en Europa", comentó. El ingreso en escena de Ricardo Darín, acompañado por su esposa, no pasó inadvertido. Todos querían saludarlo y muchos, tomarse una foto con él, para lo que el actor se prestó con su consabida simpatía: "Vine a tomar algo y compartir con amigos".
Otras personalidades que no quisieron perderse la noche de sombreros fueron Rosella della Giovampaola, Evangelina Bomparola, Karina Rabolini, Maru Botana, Julieta Kemble y Justo Saavedra, Dolores Fonzi, Esmeralda Mitre, Teresita Frías, Cristiano Rattazzi, entre otros.
Con una suave música de fondo, a cargo de una orquesta y una cantante de jazz, la calma contemplativa de los presentes se vio interrumpida de súbito por el tañido de la campana, señal de largada de la primera carrera. "Últimos minutos para hacer sus apuestas", había anticipado por el altavoz Florencia Raggi, anfitriona de la velada. Cada invitado podía apostar a uno de los seis caballos participantes: Baron Bertrand de Ladoucette, Baron B Extra Brut, Renaud Poirier, Baron B Brut Nature, Baron B Brut Rosé y 1970. El ganador se llevaba su peso en botellas de espumante.
El menú hizo las delicias de los amantes de los maridajes osados: luego de un tapeo que podía ser de salmón ahumado en el acto o de bruschettas bien a la italiana, los platos principales fueron Curry de langostinos con cake de boniatos y Jambonneau de conejo braseado en vino chablis y mostaza suave de Dijón.
Cerca de las 23 se corrió la segunda carrera y luego se conocieron los ganadores del sorteo entre los que apostaron al caballo campeón: Renaud Poirier le dio la victoria al polista Mariano Aguerre, y Baron B Extra Brut, a Ricardo Darín, quien, distraído conversando con su mujer y Anita Álvarez de Toledo, no escuchó su nombre en el altavoz y apenas podía creer que fuera el afortunado.
La luna estaba en lo alto cuando el postre anticipó la retirada. Nadie quería perderse las delicatessen preparadas por el catering de EAT para finalizar una cena sin fisuras: pie quemado de maracuyá con helado de crema y pepitas crocantes y tatín de manzana. Masitas varias acompañaron un café tardío, amortiguador del efecto de las burbujas que parecían hacer efervescencia en los más entusiastas bailarines que acapararon la pista hacia la medianoche y más allá. La noche invitaba a seguir y nadie quería sacarse el sombrero.






