
Gaspar Noé, el irreversible
Hijo del artista plástico Yuyo Noé, amigo de Benicio del Toro y adorado en Cannes, el realizador de culto convierte en descarnado y opresivo todo lo que toca. Y nunca pasa inadvertido
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Entre al mundo de Gaspar Noé. Sienta que la cámara da vueltas, que todo da vueltas, que marea, que transpira. Imagine, haga como si sus ojos fueran los ojos de la cámara de Noé. Imagine esta nota como una escena de sus películas. Imagine. Véalo entrar al bar donde le dimos cita. Un bar desolado, sucio, algo destruido por el irreversible paso del tiempo. Que adquiere esa significación justo cuando entra él. Porque antes había parecido un bar más. Es como si alrededor de Noé flotara una burbuja de celuloide, un mundito donde uno se mete y está por unos segundos en una de esas películas opresivas de este maldito y genial cineasta que nació en nuestro país, pero que a los 13 años tuvo que exiliarse en Francia porque sus padres eran perseguidos por la dictadura militar. Así que ahora usted lo tiene enfrente a Gaspar Noé. Se sienta a la mesa. Le da la mano y habla rápido. Una inconfundible pelada, bigotes largos. Lleva un vendaje en el dedo que comienza a deshilacharse. Gaspar dice que se cayó, que su dedo medio se hizo hacia atrás, un desgarro o algo que no especifica o no sabe especificar del todo bien. Y usted le pregunta por sus próximos proyectos. Nada. Niega. No quiere hablar de las próximas cosas que va a filmar. Dice que prefiere hablar cuando están terminadas. De todas formas las películas de Noé hablan por sí solas. Hablan de la carne, sobre todo de la carne, y de cómo el tiempo corroe y corrompe a la misma. Y de cómo el tiempo lo destruye todo. Como si estas palabras, esta nota, todo, también estuviera predestinado a sufrir el daño irreversible del paso del tiempo.
En estos días presentó 7 días en La Habana, un film que reúne siete cortometrajes de distintos realizadores entre los que se destacan sus amigos Benicio del Toro (en su primera experiencia como director), Pablo Trapero, el francés Laurent Cantet (Entre los muros, Recursos Humanos) y el español Julio Medem (Los amantes del círculo polar, Lucía y el sexo). "7 días en La Habana son siete cortometrajes. Había poco dinero para hacerlos, eran cortos de entre 10 y 15 minutos, y a mí me gustaba la idea de filmar en Cuba, así que acepté y fui, pero por poco tiempo. La gente de allá me pareció divina, pero vos llegás como extranjero y entonces se produce una tensión económica extraña. Es raro."
Gaspar no filma todo el tiempo. No quiere transformarse en una máquina de hacer chorizos de celuloide. Se toma sus tiempos. Incluso, hasta se va a dar el gran gusto de filmar una película erótica en París. "Sólo estoy esperando que me depositen el dinero en mi cuenta y entonces me largaré a filmar. Pero como te dije, no quiero hablar antes sino después de filmar". Y entonces corta por lo sano y te deja con ganas de saber más, pero enseguida cruza el charco y con su relato se va para Estados Unidos y cuenta que "existe un proyecto allá. Hay un guión escrito que me propusieron, pero recién sería para filmar en el año que viene. Voy de a poco. A muchos directores les encanta filmar, prefieren hacer una o dos películas por año; yo, por ser un poco obseso, prefiero filmar más espaciado sabiendo que cuando filmo me van a salir bien, como yo quiero. Hay tantas causas por las que una película puede quedar mal: basta que haya un elemento perturbador para que toda la película se te vaya al carajo; un mal productor o actor te pueden derrumbar la película. Así que yo prefiero esperar que todas las estrellas estén alineadas y recién ahí salir a filmar".
Pero mejor ir un poco más para atrás. Al año 2002. Cuando la película Irreversible lo hizo conocido en el mundo del cine arte (fue nominado en el Festival de Cannes y ganó varios premios, entre ellos, el del Festival de San Diego), pero también en el mundo del cine comercial. Porque en su momento todos querían ir a alimentar al monstruo interno del morbo y todos hablaban de esa "película francesa de la violación en tiempo real". Y acá entra otra vez la voz de Noé para explicar cómo se dio todo aquello: "Lo de Irreversible fue así: juntaron el dinero para filmarla recién cuando tuvieron el nombre de los dos actores franceses del momento, que eran Mónica Bellucci y Vincent Cassell. Ellos dos me conocían de antes y me propusieron a mí para que filmase; yo en ese verano no tenía ningún proyecto y acepté y dije bueno, hagamos una película de violación y venganza, pero contada al revés. Prácticamente no había guión cuando empezamos a filmar. Así fue".
Si algo ha vuelto conocido a Gaspar Noé es esa escena, la de la violación, aunque muchos otros también recuerden la escena del matafuego aplastando la cabeza de un proxeneta-violador. A ver: la primera escena es la de una violación en una galería subterránea en medio de la noche. La otra es el aplastamiento de un cráneo con un matafuego. En las dos escenas el director pega la cámara al sujeto atacado. Primero es la mujer violada. Luego es el turno del proxeneta-violador. Los dos son castigados por la vida, los dos tienen un monstruo más fuerte que los ataca. "Por lo que me dice la gente, creo que la secuencia del matafuego impresionó más a las mujeres. Y la escena de la violación impresionó más a los hombres. Supongo que las mujeres se imaginan más fácilmente una violación que un hombre, conviven mucho más con esa idea."
Y entonces se distrae con el televisor. El conductor del noticiero habla del caso de un niño asiático que supuestamente ve en la oscuridad. Gaspar se vuelve loco con eso, comenta la noticia, pide que le anote el nombre del chico que sale en la tele. Ahora empieza a preguntar. Pide que le cuenten de crónicas policiales argentinas, las más impresionantes. Se le cuenta el caso de Marita Verón. Gaspar no lo conocía, le interesa mucho la historia de Marita Verón. Gaspar pregunta cosas, quiere saber todo, dice que mira y lee muchas crónicas policiales, que le sirven de motor creativo. "De adolescente miraba muchas películas de terror. Las que más me marcaron fueron Un perro andaluz, de Luis Buñuel; Cabeza borradora, que es la primera de David Lynch; Videodrome, de David Cronenberg; 2001: Odisea del Espacio, ésa es la película que más veces vi en mi vida. Del año pasado me impactó mucho El árbol de la vida, de Terrence Mallick. Toda la parte abstracta del comienzo me pareció muy interesante."
Sobre nuestro cine, afirma que no ve prácticamente nada. "No estoy capacitado para hablar del cine argentino, es un cine que se despertó, pero del que veo poco. Por ejemplo, todavía no vi grandes clásicos como Nueve reinas. Me quedé colgado del viejo cine de Leonardo Favio, de Aristarain. Pablo Trapero, que es amigo, me pasó Carancho y aún no la vi. Ni siquiera vi El secreto de sus ojos. Miro muchos noticieros, documentales. Las películas que más me han gustado últimamente son de origen iraní o rumano. Una separación (la iraní, ganadora del Oscar) me pareció brillante."
No se puede negar la influencia artística que recibió de su padre, el reconocido artista plástico Yuyo Noé. "Cuando nací, mi viejo ya se había ganado la beca Guggenheim para ir a pintar a Estados Unidos, así que nos fuimos con mis viejos y mi hermana para Nueva York. Volvimos cuando yo tenía 5 años. Hasta los 12 estuve viviendo en Buenos Aires. Pero mis padres eran izquierdistas y las cosas para ellos estaban mal en la Argentina; así que acababa de cumplir 13 y me subí a un buque con mi familia y llegué por primera vez a París. Después de varios años mis viejos se volvieron y yo me quedé viviendo allá con mi hermana. Hice estudios de cine en París, trabajé como asistente de Pino Solanas, tanto en El exilio de Gardel como en Sur. Después comencé a filmar por mi cuenta. Cortos, más que nada. Siempre me resultó muy fácil hacer cine en Francia".
Ante la pregunta de si sentía la sombra de su padre a nivel artístico, Gaspar contesta: "A mi viejo le parecía natural que su hijo fuera artista; entonces yo no quería competir. De chico me divertía la idea de llegar a hacer cine. Pero también quería hacer historietas, de chico leía muchas. Después mis primeros trabajos fueron en cine, y ya me fui perfilando en eso, que era donde yo me sentía más cómodo".
Y acaso de eso se trate el cine de Noé. Porque sí, con escasas películas en su haber podemos decir que ya hay un cine de Noé. Una marca registrada. Una forma de ver el cine con la que él se siente a gusto, "donde puede ser truculento lo que se filma, pero aun así me encuentro cómodo, feliz, haciendo lo que me gusta". Y aunque el espectador se sienta incómodo, aunque la mirada quiera hacerse a un lado, no se puede, porque tiene que mirar, porque hay que mirar, como si hubiera algo hipnótico en las imágenes de Noé, algo carnal y animal y sexual, que llama desde la pantalla, que asfixia y oprime, que marea, como una montaña rusa, como una experiencia que aunque se cuente para atrás siempre avanza hacia adelante, porque el tiempo lo destruye todo, porque todo es irreversible.
Primer plano
Gaspar Noé es un director de cine argentino radicado en Francia. Nació el 27 de diciembre de 1963. Cuando su padre, el artista plástico Yuyo Noé, se exilió en Francia en la época de la dictadura, inició su transformación. Allá estudió cine y fue asistente de Pino Solanas. En 1991 ganó el Premio A la Juventud en Cannes con el mediometraje Carne.
En 2002 fue aplaudido de pie en ese mismo festival, con uno de sus más impactantes largometrajes Irreversible.
En pantalla grande
- 7 días en La Habana (2012)
- Enter the Void (2009)
- 42 One Dream Rush (corto, 2009)
- SIDA (corto, 2006)
- Destricted (corto, 2006)
- Irreversible (2002)
- Intoxication (corto documental, 2002)
- Solo contra todos (1998)
- Sodomites (corto, 1998)
- Une expérience d’hypnose télévisuelle (corto para TV, 1995)
- Carne (corto, 1991)
- Pulpe amère (corto, 1987)
- Tintarella di luna (corto, 1985)
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