
Gaspar Noé, las razones de un provocador
El talentoso director argentino radicado en Francia dividió las aguas del reciente Festival de Cannes con su película Irreversible, un festín de sexo y violencia explícitos. Antes de su estreno comercial en la Argentina, el propio Noé habla de su controvertido film
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CANNES.– Roman Polanski ganó la Palma de Oro con una historia épica sobre el Holocausto polaco, el finlandés Aki Kaurismäki resultó el favorito de los críticos con una sorprendente comedia romántica, pero la gran atracción del reciente Festival de Cannes no fue ninguno de ellos, sino Gaspar Noé, un joven director argentino radicado desde los 13 años en París que, en medio de una de las polémicas más violentas que se recuerden en las 55 ediciones que lleva la principal muestra cinematográfica del mundo, presentó en la competencia ofical su segundo y revulsivo largometraje: Irreversible. “Es una bomba que caerá justo en medio de La Croissette”, había anticipado Gilles Jacob, histórico director del festival. Y la explosiva película tuvo consecuencias impredecibles. Más allá de los avisos precautorios que la organización exhibió antes de la función de gala, lo cierto es que buena parte de los distinguidos espectadores enfundados en relucientes smokings o en vestidos largos llenos de brillos huyeron despavoridos tras la primera escena (en la que un hombre destruye literalmente la cabeza de otro con un matafuegos) y algunos de ellos hasta tuvieron que ser auxiliados sobre la célebre alfombra roja de las escalinatas de la imponente sala Lumière con máscaras de oxígeno. Al día siguiente, Jacob y compañía salieron a pedir disculpas al público afectado.
Los abucheos y las ovaciones más sonoras que se hayan escuchado en Cannes desde que David Cronenberg presentara Crash y Michael Haneke hiciera lo propio con Horas de terror fueron el prenuncio de una despiadada guerra que se desató en términos estéticos e ideológicos. Saludada por el sector más moderno y fashion de la industria y de la prensa francesas como una obra de arte radical y revolucionaria, y denostada por el ala más intelectual por su carácter explícito a la hora de presentar dosis casi insoportables de sexo y violencia gratuita, Irreversible dividió al festival en dos bandos irreconciliables. Noé, un experto a la hora de concebir el marketing personal y un verdadero profesional de la provocación, había conseguido su objetivo: mal o bien, todo el mundo hablaba de él.
“Mi idea original era hacer una película porno, pero de gran nivel artístico”, indicó este realizador, de 38 años, que ya había escandalizado a Cannes 4 años antes con su opera prima Solo contra todos, la sórdida historia de un carnicero depravado y xenófobo que obtuvó el premio de la Semana de la Crítica. “Pero ese proyecto era demasiado arriesgado si quería contar con verdaderas estrellas del cine europeo”, aseguró, con su acento porteño intacto, el hijo del prestigioso pintor Luis Felipe Noé.
Las estrellas eran nada menos que la diva italiana Monica Bellucci y el galán francés Vincent Cassell, que además de ser dos intérpretes de enorme popularidad en Europa y ahora también en los Estados Unidos conforman en la vida real la pareja favorita de las revistas ávidas de romance, glamour, excentricidades y escándalos.
Si bien no llegaron al extremo de filmar las escenas de sexo explícito que Noé (“el nuevo Pasolini”, según sus admiradores) había imaginado, Bellucci y Cassell sí se atrevieron a afrontar algunas de las situaciones más osadas que se recuerden en mucho tiempo. La Bellucci, por ejemplo, se sometió a una durísima escena de violación de casi 17 minutos sin cortes y con la cámara fija, mientras que ambos –para delicias de los voyeurs franceses– comparten varios pasajes de altísimo voltaje con juegos eróticos y desnudos totales incluidos.
El espíritu controvertido y los indudables atractivos de semejante propuesta –que se completó con la pareja acompañando y apoyando a Noé en la presentación del film en Cannes– tuvieron un efecto inmediato en la taquilla: la película se estrenó simultáneamente en 267 salas de Francia y en 161 de Italia con una recaudación de casi dos millones de dólares sólo en su primera semana de explotación. Un negocio redondo que servirá para alimentar entre sus detractores nuevas suspicacias respecto de las reales motivaciones de Noé a la hora de encarar un proyecto de estas características.
Máxima velocidad
Pese a que Noé se sentía frustrado por la demora que acumulaba en concretar el esperado proyecto posterior a Solo contra todos (film exhibido en el Festival de Buenos Aires y de fugaz paso por la cartelera porteña), nunca bajó los brazos. “Estaba un poco desanimado –recuerda– cuando una noche, en una discoteca parisiense, me encontré con Vincent. Entre vasos de whisky y bromas, le pregunté si no se animaría a hacer con Monica la película que Tom Cruise y Nicole Kidman intentaron hacer con mi admirado Stanley Kubrick. El me dijo que tenía muchas dudas, que le parecía exagerado que me comparara con el gran maestro, pero a los pocos días, para sorpresa mía, me dijeron que sí. Monica era la más entusiasmada con el proyecto.” El problema era que Noé no tenía un guión escrito, no contaba con un franco en el banco y Bellucci tenía que viajar en un mes y medio a Hollywood para internarse en el rodaje de las secuelas de Matrix, la exitosa saga futurista con Keanu Reeves que la tendrá como coprotagonista.
El director argentino no se amilanó y garabateó en tiempo récord cinco páginas “sobre una historia de violación y revancha”, suficientes para conseguir financiación (“con Bellucci y Cassell a bordo, los productores me daban plata para cualquier cosa”, admitió) y convocar sin demoras a su equipo al set de filmación.
Noé tenía en mente, además del cine de Kubrick (“buscaba el impacto de 2001, Odisea del espacio y el erotismo de Ojos bien cerrados), la provocación de Luis Buñuel, el desparpajo narrativo de David Lynch y el sentido de la violencia de directores como Sam Peckinpah y John Boorman. “También me había seducido lo que Christopher Nolan había hecho en Memento, así que, si bien rodamos la película de forma cronológica, decidí editarla en sentido inverso, empezando por el final.” El otro gran desafío era el tiempo (o la falta de tiempo), una de sus obsesiones: “Mi gran trauma –admite– es que hay demasiadas pocas horas en un día para todo lo que quiero hacer y para todos los lugares en los que quiero estar”. Ese sino trágico lo persiguió en la realización de Irreversible: “Tenía a disposición sólo seis semanas con los actores y, por eso, decidí contarla en apenas 13 o 14 planos. En muchos sentidos, se trata de una película muy jugada y experimental”.
Hiperkinético, con un aire distante y algo perdido, quizá por el sueño atrasado producto del aluvión promocional instrumentado en Cannes, Noé dice que Irreversible –que ya ha sido adquirida para su estreno comercial en la Argentina– “está pensada para shockear, pero no es más violenta ni obscena que las imágenes que se ven todos los días en el noticiero de la noche. Probablemente no encaje dentro de los lineamientos tranquilizadores de la dictadura de la corrección política y esté más cercana al cine de explotación de los años 70, pero me parece que mucha gente que me detesta aprovechó para montarse en el escándalo y denostar la película injustamente, sin argumentos sólidos”. Brillantemente construida con algunos de los planos-secuencia más sofisticados y embriagadores que se hayan visto en los últimos tiempos, Irreversible entrega al mismo tiempo una catarata de situaciones extremas en las que surgen “los instintos más primitivos que ese animal que es el hombre es incapaz de reprimir en circunstancias límites”. Acusado de racista, homofóbico, machista y varias cosas más, Noé asegura que su idea es “mostrar todo de la manera más conmocionante, pura, hipnótica, gráfica y visceral posible”. El director repite la palabra energía una y otra vez al describir el clima que se vivió en el rodaje con sus tres actores (al tándem Bellucci-Cassell se sumó el gran Albert Dupontel, que interpreta a la ex pareja de la bella actriz italiana) y advierte: “Que los hechos más violentos transcurran en una discoteca gay o que en algún momento se agreda a un travesti no significa que mi película o yo mismo esté en contra de ellos. Entiendo que alguien se irrite, que se quiera ir de la proyección sin esperar a ver todo lo interesante que puede venir después, pero no puedo aceptar que intenten censurarme. No hay nada explícito en mi película. Se trata de una representación del sexo y de la violencia. Francia siempre me ha dado una gran libertad para trabajar y yo pienso aprovecharla al máximo. Aunque a algunas mentes mediocres la posibilidad de ejercitar ese derecho no les guste. La autocensura es el peor de los males que están azotando a los artistas”. Firmado: Gaspar Noé.
Los desafíos de Mónica Bellucci
“Hay papeles que pueden incinerar tu carrera y éste es uno de ellos”, dice Monica Bellucci con una sonrisa provocativa durante la rueda promocional. “Pero son precisamente las películas como Irreversible las que cambian para siempre la historia de un intérprete. Gaspar Noé es uno de los directores más arriesgados, abiertos y talentosos que he conocido. Ante tanto cine prefabricado, es muy estimulante trabajar como lo hicimos con él: improvisando, investigando, creando en conjunto y en el momento los diálogos, las situaciones, los movimientos de cámara”, asegura. Esta bellísima morocha nacida hace 33 años en un puebo cercano a Perugia es considerada la heredera de Sofia Loren, trono que parecía reservado a Maria Grazia Cuccinotta, pero que le quedó demasiado grande a la protagonista de El cartero. Casi nadie creía en esta descomunal modelo cuando hace algo más de una década decidió dedicarse a la actuación.Pero ese rostro venerado en las pasarelas se lució también en la pantalla: en el último lustro, Bellucci se mostró como una actriz de buenos recursos expresivos, que maneja con fluidez el francés y el inglés y que, por supuesto, ostenta una excelente presencia. Desde que se consagró en 1996 con el thriller L´appartement (donde trabajó con su actual pareja, Vincent Cassell), su carrera inició una escalada casi sin tropiezos. Triunfó en Italia de la mano de Giuseppe Tornatore con el protagónico de Malena, se convirtió en figura muy popular en Francia gracias a los éxitos de Le pacte des loups (otra vez junto con Cassell) y de Astérix & Obélix: Mission Cléopâtre. Pero su gran objetivo actual parece ser Hollywood, donde ya compartió cartel junto con Gene Hackman en el thriller Bajo sospecha. “Hollywood no me quita el sueño –aclara–. Por supuesto que me gustaría triunfar allí, porque significa llegar a todo el mundo. Pero me interesa mantenerme cerca de gente talentosa como Gaspar Noé, porque son ellos los que seguirán proponiendo los verdaderos desafíos para una buena actriz.”






