
Gillespi, un músico en la frontera
En tele y en radio, Gillespi hace reír con su humor inteligente. Los fines de semana despunta el vicio de músico con su banda. Se define como tímido y cuesta creerle
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Llega al bar tranquilo, silbando por lo bajo, como quien está seguro de tener todo controlado. El tipo hace radio por las tardes, alterna las grabaciones de El resumen de los medios con las de Cara y ceca y sale a tocar con su banda los fines de semana. Sin embargo, no hay señales de cansancio en su cara. Saluda, se sienta lentamente y pide un trago. "El tiempo es el arte de combinar los horarios -dispara- pero esto no quiere decir que todo lo haga bien. Eso me llevaría más tiempo."
De Marcelo Rodríguez se trata, el músico que hace tiempo se dio cuenta de que su capacidad para hacer reír podía ser redituable. Entonces buscó un alias, se apropió del célebre Gillespie y le quitó la e . "Me embola esa e final, le da un toque internacional. Es gracioso, muy pocos conocen al verdadero, a Dizzy Gillespie, aunque no puedas creerlo. Y me pasaron algunas cosas... Como ir a comprar un disco de él y que el cajero me mire con cara de boludo, te estás comprando un disco tuyo . O alguien que se acerca y me dice: fui a ver a (Michael) Brecker y tocó un tema tuyo . En definitiva, es la prueba de que uno puede inventar algo y hacérselo creer al mundo. Si tiene suerte."
Y Gillespi tuvo suerte. Después de su adolescencia como músico de jazz, su madurez repentina con Sumo y su apogeo como trompetista en Las Pelotas, aceptó un ofrecimiento de su amigo Roberto Pettinato -tras un fugaz paso por 360, todo para ver - y se sumó al equipo de Mirá quien canta . Pero recién con Orsai a la medianoche el gran público le conoció la cara. "Me di cuenta de que la música era una excelente manera de perder plata y me tuve que buscar un trabajo más o menos normal para mantener a mi familia (Ema, su mujer y los pequeños Olivia, de 4 años y Santino, de cinco meses). Lo bueno es que encontré algo que me gusta. El aspecto histriónico de mi personalidad me divierte y no es que soy (Gerardo) Gandini y tengo que estar contando chistes en El Show de Videomatch para ganar plata. No me causa ningún esfuerzo hacer televisión."
Muchos pueden pensar que Gillespi es un jodón bárbaro, pero regula, como el futbolista que sabe que el partido está ganado y es necesario cuidarse para el próximo. "Tuve una época en la que era totalmente cómico y gracioso, pero en la medida que trabajás en esto, encontrás una cosa metódica, te vas poniendo cada día más amargo y cuidás cada chiste como si fuera el último. De repente hago dos horas de radio tirando cualquier batata a mil, después salgo y grabo para el cable, a la noche grabo El resumen ... y tengo que ir administrando mi energía. Me pasa de estar en mi casa, súper serio, cuando antes era gracioso todo el día."
A los 35, cuando ya es demasiado tarde para cumplir los sueños adolescentes, pero muy temprano para tirar la toalla, Marcelo habla como un tipo maduro, evitando el tono aleccionador de tipo exitoso. "Creo que siempre fui un viejo -se resigna-, eso no lo voy a poder cambiar."
Sin embargo, todavía se hace tiempo para hacer lo que le gusta. "Tocar con mi banda es como un recreo. Subimos al escenario, nos miramos y empezamos a sin mucha idea de lo que vamos a hacer. Es distinto cuando laburo con otras bandas. Desde fines del año pasado estoy tocando con Divididos y ahora me voy a presentar con Los Piojos, y hace poco toqué con Charly." Pero su relación con el rock tiene historia. Un día de 1985, a la salida de un show de Sumo, paró a Luca Prodan y no atinó más que a decirle que el show le había volado la cabeza. "Lo volví a encontrar en Liniers, en un barcito, al lado de la estación, tomando un vinito. Se acordó de mi, le comenté que tocaba la trompeta y me dijo que hablara con Roberto (Pettinato). Así terminé ensayando un jueves en Hurlingham y saliendo al otro día de gira con ellos. Después me shockeó bastante la muerte de Luca. Era la primera vez que moría un ser querido, alguien cercano a mi."
Si alguien piensa que estas historias vienen de una adolescencia de enfant terrible se equivoca. "Era muy tímido y lo sigo siendo. Creo que es el secreto de mi trabajo. Siempre me quedé en un costado."
Creáse o no, el tipo aún no miró su reloj, pero apura un balance. "Soy joven, gracias a Dios estoy sano. Puede parecer que hago un montón de cosas, pero todas están orientadas al mismo público. Yo sé que para alcanzar una fortuna hay que ser como Tinelli y hablarle a todos, pero prefiero ser El Flaco Spinetta y no Ráfaga."
Perfil del personaje
- Divide su tiempo entre El resumen de los medios (ahora los viernes, a las 23, por Azul), Cara y ceca (lunes a viernes a las 20, por TyC), ambos con Gozalo Bonadeo y Rockangol (lunes a viernes de 14 a 16, por La Red).
- A los 18 años largó su carrera de músico de jazz y salió de gira con Sumo.
- Cuando se dio cuenta de que la música no era redituable, optó por algo más "digno", explorar su faceta de humorista






