
Goldie: un heavy metal
Tembló de frío, hizo tiritar con su férreo drum & bass, habló sobre la fiebre del oro y ciertas crudezas actuales
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LAS LEÑAS, Mendoza.- “¡Por Dios, no siento mis piernas!”, fue lo primero que dijo en público. Y no se refería a las 26 horas de viaje (entre avión, auto, avioneta privada y combi) que tardó en llegar desde Londres hasta el Valle de Las Leñas Amarillas (los lugareños dicen que ése es el nombre original de la región). Goldie apenas había dejado su caja de discos y algunas pilchas en la habitación del Virgo -casualmente, su signo del Zodíaco- cuando el team de Gancia montaba en el atardecer, a la intemperie, una recepción de tragos frozen para su agasajo.
"¡Se están helando mis piernas!", repetía el DJ con risa dorada, el hombre emblema del drum & bass en el globo, el dueño del sello Metalheadz, el embajador de "un estilo con las propiedades del hierro: frío y duro, no se corroe", según definiera la referencia local del género, Bad Boy Orange. Así, frío, duro y heavy metal como esa tarde en la nieve estuvo el set que horas más tarde ofreció, magistral, para una pista de baile tan íntima como extravagante. Padres e hijos adolescentes, algunos amigos, parejas jóvenes y hasta niños de 11 y 6 años que espiaban la fiesta de los grandes desde la baranda del lobby; todos, con los ojos encuadrados por la marca de los lentes de sol (¿acaso el peculiar bronceado era requisito para entrar?), esperaron el viernes último el show con la expectativa de lo desconocido. Costó, como suele sucederles a los bailarines con los bombos y los bajos, pero se animaron a la frenética ecuación que cerró con "Inner City Life", la gema del británico incluida en el film "Trainspotting".
"Fue una audiencia muy diferente, nunca había tocado en un centro de esquí así; lo más parecido fue ir a Japón", diría luego, para describir su primer encuentro con los argentinos que, sin embargo, lo dejó hinchado de satisfacción. "El show en Buenos Aires será especial. Sé que el año último vivieron un desastre, que mucha gente murió en una discoteca, que no está claro qué pasó, que no hay culpables, que el club no estaba en condiciones -expone su conocimiento sobre Cromañón-. Mis condolencias para las familias que perdieron a su gente. Haremos un minuto de silencio por ellos mañana." Y cumplió el sábado en la cabina de Niceto, mudo, con su encendedor prendido, alto.
Goldie tiene razón, al menos en una cosa. "Soy muy diferente de lo que se ve en mi cara", balbucea algo tímido. Esa mole helada de metal (lleva en su cuerpo un kilo y medio de oro, incluyendo dientes, anillos, cadenas, relojes) se derrite con su discurso, que oscila entre el humor y la sensibilidad extrema. "Creo que con la música se puede ayudar a las personas y eso me hace sentir orgulloso. Durante muchos años la gente vivió oprimida, y ahora que la ciencia y Bush hacen con el mundo lo que se les da la gana hay que mostrar solidaridad, alma, corazón, fe", sugiere lejos de su Londres amenazada. Como una grúa, alza su mano a 30 centímetros de la boca y suelta sashimis de salmón, que se pierden, encandilados.
-¿Cómo empezaste con el oro?
-Cuando era rastafari descubrí que es el único metal que podés tragar sin que te envenene. Es un elemento orgánico y muy purificador.
Próxima estación: los Andes
En octubre, Goldie volverá al país por un "desafío personal". Formará parte de un grupo de artistas británicos ("no, celebrities, no") que se internará en los Andes para "recorrer la ruta que hicieron los sobrevivientes y entender la historia completa" de la catástrofe de 1972, cuando el avión de unos rugbiers uruguayos se estrelló en la cordillera. La experiencia, pensada para un film documental, ya tiene al hombre de oro en un régimen de entrenamiento cardiovascular y gimnasia reflexiva. "Para ustedes, la historia es parte de su cultura, como para mí la tragedia del Manchester United (cuyo equipo de fútbol volaba en un avión que cayó en Munich, en 1958, y dejó ocho muertos). "A veces como hombre tenés que hacer algo así y es el momento justo en mi vida, este año cumplo 40 -piensa Goldie-. Estaremos allí doce días, pero creo que no se trata del tiempo, sino de qué preguntas nos hacemos, cómo nos moviliza la situación. Es duro pensar en «esa» maldita alternativa de no tener comida. Muy duro."
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