
Hijos únicos: ¿es verdad que sufren más la cuarentena?
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Anita tiene 5 años y se inventó un amigo imaginario; una semana después, su mamá le trajo de sorpresa a Tito, un caniche toy, porque la notaba sola; sin que su hijo supiera, Pablo, papá de Bruno, de seis años, invitó a varios amiguitos a su casa, y a Juana, de 8 años, la mamá le organizó un encuentro "casual" en la calle para que vea a Renata y Bianca, sus primitas con las que jugaba todos los fines de semana. Anita, Bruno y Juana no se conocen; solo tienen en común que son hijos únicos y están atravesando la cuarentena sin hermanos con quienes compartir sus días de aislamiento. También los une la preocupación de sus padres y madres, que sienten que a ellos cuarentena se les hace más dura que a otros chicos que conviven con un hermano.
"A Bruno lo empecé a notar triste más o menos al mes, mes y medio de la cuarentena. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que extrañaba jugar con sus amigos", dice Pablo, que después del día 50 de confinamiento decidió invitar, de a uno por vez, a algunos amigos para que jueguen con su hijo. "Ellos viven cerca, lo cual ayudó a que pudieran venir a casa. Se pusieron tan contentos de verse que enseguida supe que hice lo correcto. Bruno es hijo único, es muy sociable y necesita jugar con otros chicos. Creo que la situación sería distinta si tuviera un hermano. Pero no lo tiene", justifica Pablo, que trabaja como programador.
Iris, periodista y mamá de Juana, argumenta más o menos lo mismo para explicar por qué organizó ese encuentro "casual" en la vía pública. "Ella no me dice nada, pero noto que está angustiada. Todo el tiempo me pregunta cuándo va a poder jugar con sus amigas, y la verdad es que esto se va a extender mucho más. Ella no puede estar sin ver a niños durante tanto tiempo –plantea-. No me animé a invitar a ninguna amiguita a casa y tampoco sé si las madres las traerían. Por eso se me ocurrió que sería una buena idea que aunque sea vea a sus primas, que tienen casi la misma edad y son de la familia. Cuando las vio corrió hacia ellas y se dieron un abrazo que fue emocionante", cuenta Iris.
Después de más de tres meses sin salir de casa, salvo para hacer alguna que otra breve salida recreativa, muchos padres y madres de hijos únicos empezaron a expresar su preocupación por la falta de contacto con otros niños. Muchos de ellos consideran que no tener un hermano es una desventaja en esta situación. Y atribuyen los repentinos cambios de humor o de estado de ánimo a no tener un par con quien jugar. Sin embargo, varios especialistas consultados no creen que esto sea así. E intentan bajar esos sentimientos que afloraron con fuerza en esta situación tan atípica y que giran en torno al tema de tener un solo hijo.
"Para los hijos únicos no es un problema por no tener un par. Sufren la cuarentena por la cuarentena misma, no por no tener hermanos –plantea el psicólogo Luciano Lutereau, autor de Más crianza, menos terapia-. La presencia de hermanos no es garantía de nada porque un hermano puede ser un compañero de juego pero no necesariamente alguien con quien jugar. El hermano se acopla al juego; el amigo, se elige para jugar. Y además el amigo tiene un carácter exterior, es el afuera para un niño. Con él empiezan a pesar otros aspectos propios de la sociabilización, como la vergüenza o el pudor, que no está presente con un hermano. La relación fraterna y de amistad no son iguales", sostiene el especialista.
Según Lutereau, durante la cuarentena las consultas por este tema han aumentado. "Cuando se piensa al niño sin hermanos como hijo único, se lo está pensando desde el punto de vista de los padres. Es el hijo al que le faltan hermanos, no el niño que no los tiene. Faltar no es lo mismo que no tener. En general se tiende a victimizar a un hijo sin hermanos porque son los padres los que sienten que no le han dado algo. Muchos arrastran cierta culpa y eso es un tema de consulta permanente y ahora más. Al comienzo, muchos anticipaban que la cuarentena iba a ser más traumática para ese niño. Pero no es así: si el niño la pasa mal porque extraña a sus amigos, no es algo exclusivo de ese chico. Ese sentimiento lo tienen tanto los que tienen hermanos como los que no los tienen", asegura y agrega queno hay que alarmarse si los niños en este período han inventado un amigo imaginario. "No es patológico, sino todo lo contrario. Es positivo y parte de una instancia de crecimiento. El amigo imaginario es la proyección del niño. El niño que fue o que le gustaría ser. Es una manera sana de procesar lo que le pasa".
Por su parte, la psicóloga especialista en maternidad y crianza, Lorena Ruda, refuerza la idea adultocéntrica que suele haber en relación al tema del hijo único: "Ahora el niño o la niña están más demandantes y suele pensarse ‘pobrecito, es hijo único’ o se detienen a pensar en cómo sería atravesar esta pandemia con hermanos. Por empezar, no es cierto que al no tener hermanos ese chico la pasa peor en este contexto. En todo caso, los que peor la pasan son los padres que sienten que tienen que dedicarle más tiempo porque su hijo no tiene con quien jugar –plantea-. Y segundo, existe cierta idealización en torno a los hermanos: hay algunos que no interactúan en todo el día o que el punto de encuentro es la pelea. La realidad es que hay muchos más momentos de conflicto que de juego. Durante el día, el tiempo de interacción es muy corto. Las peleas entre ellos son más frecuentes por el hartazgo de estar juntos todo el día en casa y los padres tienen que intervenir mucho más. Yo diría que en las dos situaciones hay ventajas y desventajas", señala la especialista.
Más preparados
Incluso, Ruda asegura que el hijo único suele tener más herramientas que otros para enfrentar el aburrimiento. "En esta situación todos los chicos ponen más fastidiosos, se aburren pero quienes no tienen hermanos poseen más herramientas para combatir ese aburrimiento –plantea-. Son hijos únicos siempre, la cuarentena es como una extensión del fin de semana y a menudo se encuentran en situaciones donde los padres no pueden estar disponibles para jugar con ellos. También dependerá, obviamente, de la edad de cada niño. No es lo mismo uno de 5, que necesita la atención paterna o materna, que otro de 10, que por ser más grande tiene otras herramientas", diferencia la especialista.
Santi tiene 11 años. No tiene hermanos pero sí muchos amigos. Betty, su mamá, siempre supo que iba a ser hijo único. Por eso, de alguna manera, se preocupó por darle herramientas. "Desde muy chico le inculqué la parte social, traía de 4 o 5 amigos a jugar con él. Hice todo un trabajo para que esté con chicos. Por suerte tiene un montón de amigos del colegio y del club donde juega al rugby y con los que está en contacto permanente. Juega con ellos a la Play, se comunica… Pero nada reemplaza el contacto. Extraña esa interacción. No está triste, la va llevando bastante bien, ni siquiera necesitó salir a la calle a pesar de que se podía. Pero sí me pregunta cuándo va a volver a ver a sus amigos. Quiere ir al colegio para eso", asegura la mamá, que es docente.
Si bien es cierto que la demanda del hijo único se intensificó bastante, Lutereau sostiene que hay algo positivo: "Con esta situación muchos padres se volvieron compañeros de juegos, empezaron a jugar más como amigos. Un chico que no tiene hermanos siempre encuentra alguien con quien jugar. Hay que terminar con el mito de que el hijo único es un niño solo".






