
Hace más de 15 años, un grupo de historiadores de la UBA creó la agencia de turismo Eternautas para cruzar el saber con el placer de conocer otros lugares. Hoy facturan $ 7 millones anuales.
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Por Cicco / Foto de Ignacio Sánchez
Viajar, viaja cualquiera. De hecho, hoy en día, gracias a internet –otra cosa más para sumar a la lista de agradecimientos–, ni siquiera hay que molestarse en contratar una agencia de viajes; menos aún, imprimir la reserva. Hasta los vagos viajan: los perezosos pueden seleccionar el asiento, móvil en mano, desde la mismísima cama. Ahora bien, como usted ya sospechará, no todos los viajes son iguales. Solo, en familia; viaje romántico, viaje de prófugo de la justicia; bien acompañado, mal acompañado. Pero resulta que a la modalidad del viaje que parecía que ya nada ni nadie podía cambiarla, alguien sí lo hizo. No un alguien: un historiador. A decir verdad, un grupo de historiadores. Ellos están convencidos de que el mejor modo de aprender sobre nuestro pasado –o el pasado de cualquier sitio, llegado el caso–, el modo más eficaz, vívido y radical de pasarlo de las palabras a la realidad es desandando los escenarios que la vieron pasar, cual tren en marcha. La Historia, como se dice, la escribirán los que ganan; pero las construcciones, las calles, las esquinas son testigos mudos que hablan tanto por los ganadores como por los perdedores.
Resulta que estos estudiantes de Historia de la UBA –ya les faltaba poco para terminar– participaban en grupos de estudiantiles, militaban políticamente y, cada dos por tres, les picaba, a todos ellos, la misma inquietud: ¿No era hora de que la Historia trascendiera los libros y la Facultad? ¿No era el momento para que la Historia dejara de tener ese aire solemne a Félix Luna? Sucedió en 1999. Primero, el grupo –Lucas Rentero, Ricardo Watson y Gabriel Di Meglio– evaluó un piloto para la televisión. Algo descontracturado, pop. Pero luego vino La Idea, con mayúsculas: hacer recorridos históricos por la ciudad de Buenos Aires. Se propusieron capitalizar su experiencia como viajeros, más su carrera de historiadores, y así diseñar recorridos y excusas en vivo y en directo para hablarle a la gente de Historia sin bostezos. Se preguntaban: “¿Qué les gustaría conocer de la ciudad si la visitaran por primera vez?”.
En lugar de hablar sobre Historia en el aula, ¿por qué no hablar sobre Historia en el mismo lugar de los hechos? El trío diseñó los primeros recorridos y tomó a sus familias como conejillos de indias. La reacción les pareció auspiciosa. Bautizaron el proyecto con nombre romántico, literario, y que desafiaba tiempo y espacio: Eternautas.
El arranque, uf, fue lento. La facturación, en los primeros meses, no existía. El primer celular que tuvo la empresa –que todavía no era empresa– lo ganaron en un concurso. Y los primeros ingresos llegaron con caminatas guiadas a extranjeros por la Plaza de Mayo. Así que, en lugar de balance y millones, el trío de historiadores cerraban los meses y los días contando moneditas –de todos los países, claro–. Al conteo moroso de moneditas, le llegó el reconocimiento. A partir de una nota en el diario La Nación, donde reflejaba sus itinerarios turísticos históricos por Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya –el otro sur–, empezaron a atraer miradas impensadas. Organizaciones estatales y privadas los convocaron para trabajar en eventos a todo trapo: la muestra Buenos Aires 1910, Estudio Abierto, o el festejo de los 10 años de Puerto Madero. Para esos casos diseñaban caminatas o recorridos específicos que siguen realizando.
Al reconocimiento se sumó una debacle económica que, para ellos y para todo el turismo, tuvo un efecto benéfico. El 2001, devaluación mediante, abrió las compuertas al tsunami turístico. Y Eternautas, que empezó a codearse con hoteles cinco estrellas, agencias de viajes, y a contratar y capacitar guías turísticos, se posicionó en un rubro hasta entonces solitario: el de los viajes ciento por ciento históricos.
“¿Desea que en su recorrido por la ciudad visitemos algún sitio específico?”, proponen desde su web. “¿Quiere realizar una visita pormenorizada por el cementerio de la Recoleta? ¿Está interesado en un safari fotográfico por la jungla porteña? Contáctese con uno de nuestros expertos y cuéntele sus deseos y las fechas de su viaje o evento para que podamos diseñar un itinerario a la medida de sus necesidades”.
Al día de hoy, ofrecen solo en Buenos Aires 10 recorridos. Van desde una inmersión por las luchas políticas hasta una exploración arquitectónica, tanguera, de la cultura judía y, cómo no, la obvia turística para los más conserva.
Cada tour les lleva un mes de preparación de guión. Otro mes para el recorrido previo y para producirlo. Y luego tres meses de ensayo y error. Hay tours sencillos como el de Evita. Y otros más arduos como el tour BA literario: saltar de cuento en cuento, de “El Aleph” de Borges a “Ómnibus” de Cortázar, de Alfonsina Storni a González Tuñón.
El trío ya organizó eventos de paseos históricos para empresas como Cargill, Arcor, y Exxon; para Warner, Visa y Volkswagen; para 10 embajadas, entre ellas las de Francia, Australia y Reino Unido; para 27 instituciones educativas, como el Eton College de Inglaterra, donde cursa la realeza, la Universidad de Nueva York y Harvard, y para 12 hoteles, entre ellos el Plaza y el Viejo Hotel Ostende, para quienes prepararon libros en sus centenarios. No se andan con chiquitas y en especial ya no cuentan moneditas.
Organizan, desde 2010, tours por Europa de 20 días con el mismo espíritu detectivesco del tiempo. Viajan con ellos 400 personas al año. En lugar de Roma, Barcelona y Londres, las obvias, se inclinan por ciudades de Europa del Este: en Budapest, comparten caminata con un arquitecto. Cerca de Viena visitan una antigua abadía. Y en las afueras de Berlín recorren los palacios donde se decretó el exterminio del judaísmo. En cada viaje, relacionan rincones urbanos, castillos y monumentos con la catarata de sucesos y guerras que poblaron su historia.
“La diferencia de nuestro recorrido –les dicen a los que preguntan– es que no corrés. En las agencias de viajes, te programan para quedarte dos noches por ciudad. En el nuestro, te quedás cuatro días. Queremos que tengas tiempo para hacer tuya cada cuidad”.
En la actualidad, Eternautas factura $ 7 millones anuales. Antes de lanzarse por Europa facturaban un millón. Máximo. Desde 2011, además, capacitan y coordinan al equipo de 24 guías del Teatro Colón, por donde pasan, a diario, unas 600 personas. En 2008, publicaron Buenos Aires tiene historia: Once itinerarios guiados por la ciudad –va por tres reediciones–, que fue declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde 2006, se ve al trío en un programa del Canal Encuentro. Y uno de ellos conduce el ciclo Bio.ar.
En Buenos Aires, si hay congresos internacionales, reciben en sus tours hasta 700 personas al mes. Otras 100 comparten sus caminatas históricas por la ciudad los fines de semana. Y hasta ofrecen tours privados en coche con un guía experto. León Gieco los contrató para uno por Barracas en familia. Un basquetbolista estrella retirado de la NBA –el Dr. J– les mandó un habano hecho por él en señal de agradecimiento. Y cuando vino Beatriz, la reina de Holanda, el trío le organizó un tour de 30 minutos por San Telmo. La reina, que vino acompañada de Máxima y su hijo, les obsequió un barómetro. Hoy el regalo está colgado en su oficina. Dios salve a la reina. Y a los Eternautas del mundo.




