
No sólo nos convidan nuevos sabores según la estación. También podemos llevarlas al centro de la mesa por su forma, textura y color
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Aquí, acompañada por una rosa del jardín, una rama de ciruelo cargada de frutos deja que se note la particular silueta de este frasco comprado en un local de compraventa. Es más, el concepto de "forma" es algo que debería guiarnos cuando buscamos objetos en este tipo de negocios, que, por su oferta generosa pero muchas veces desordenada, puede llegar a marearnos.

Un arreglo en la gama de los azules y violetas, que puntea el oscuro brillo de las zarzamoras. Dentro de una jarra color marfil (Suam), además, se colocaron semillas de fresno, flores de jacarandá, camalote y hortensia. Estas últimas, por lo general rosadas o blancas, sólo consiguen un tono azulado en suelos por naturaleza alcalinos (como los del Delta), o agregando a la tierra sulfato de aluminio (¡siguiendo atentamente las instrucciones de su viverista!).

Si encontramos en un mercado de pulgas algún frasco de farmacia sin tapón, no es motivo para que lo descartemos. Los de boca lo suficientemente ancha, pueden funcionar tranquilamente como florero. A alguno de vidrio grueso, los más hábiles tal vez puedan fabricarle una etiqueta en tono sepia y bordes dentados, por ejemplo. Con jazmines, pequeños frutos de cardo y los aterciopelados y jóvenes de membrillo, se completa una postal de infancia.

Del amarillo al rojo, pasando por el naranja, las características trompetas de las bignonias, trepadoras de floración profusa, junto con frambuesas y yuyitos tiernos. Se colocaron en un grueso recipiente de cerámica comprado en un local de compraventa en Carupá que descansa, a su vez, en un mantel bordado.

No hace falta mucho para tener en casa una obra de arte al estilo de las naturalezas muertas holandesas, vivas y vibrantes en este caso. Dentro de un jarrón (de esos que están desde hace años circulando en la familia y no usamos porque tiene mucho dorado), incipientes pomelos, vainas de glicina y jazmines del país (el único elemento de poca duración).

Una combinación de colores poco común y a la vez delicada, a la que se suma un interesante contraste de formas y texturas: las vaporosas hortensias junto a los bien definidos frutos y hojas del quinotero. Más allá, flores de madreselva, bien perfumada. Y todo adentro de una sencillísima copa de vidrio.

Una jarra comprada en San Telmo ve celebrado su motivo de guirnaldas y ramos con este fresco arreglo que incluye hortensias, ciruelas y yuyos en flor. Está apoyada sobre una vieja mesa de jardín, de esas con base de hierro y tapa de vidrio de las que muchos nos desprendimos sin imaginar su regreso con gloria.

La dueña de esta jarra de latón la dejó unos días a la intemperie para que la lluvia hiciera lo suyo, oxidara las uniones y le diera velozmente la pátina de tiempo de la que carecía. El ramo se lleva de maravillas con el mantel de algodón, a rayas verdes y blancas. Perfumadas y esculturales flores de heliotropo junto con evocadoras hojas y frutos de la parra.
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2El dolor de la muerte la hizo acompañar, con yoga y alimentación, a mujeres en su fertilidad: “El camino de cada una no lo podemos saber”
3Pensó que había tomado un trago inofensivo pero murió horas después: “Le podría pasar a cualquiera”
4El dolor de dejar Italia y la manera de hallar el camino para no caer en el olvido: “Argentina fue oportunidad y futuro...”



