Impruneta: una experiencia casera en el corazón de la Toscana

Una familia tradicional, heredera de los restauradores del Duomo de Florencia, invita a almorzar en su casa. Un turismo diferente para viajeros que quieren vivir la ciudad que visitan
Una familia tradicional, heredera de los restauradores del Duomo de Florencia, invita a almorzar en su casa. Un turismo diferente para viajeros que quieren vivir la ciudad que visitan
Flavia Tomaello
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4 de septiembre de 2019  • 15:35

Florencia insume exceso de atención. Los estímulos son infinitos para el ojo sensible. Entre los mayores atributos se destaca la impecable conservación de sus monumentos históricos. Tarea que, desde hace décadas, está en manos de la familia Mugelli. De ellos depende el mantenimiento, por ejemplo, de la maravillosa cúpula del Duomo de Bruneleschi. Una sorpresa inesperada aguarda en Impruneta a quien se anime a alejarse apenas un par de kilómetros. Una experiencia casera en el corazón de la Toscana, amasada por las manos de la misma familia.

Aunque poco conocida, Impruneta es famosa en Italia por la producción de objetos de terracota a partir de arcilla colorada que se endurece en un horno caliente para crear macetas, jarrones e, incluso, estatuas. Se encuentra en las colinas entre el torrente de Ema y el río Greve. Pequeñita, al lado de su vecina famosa, su centro reserva una joyita digna de ser conocida: una iglesia del 1060 que ha sido edificada sobre los restos de un espacio de veneración etrusca del siglo sexto antes de Cristo. La basílica fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y muchas de las obras que se podían ver en el inicio del siglo pasado (especialmente el techo) se han perdido.

Impruneta está en el corazón de la Toscana
Impruneta está en el corazón de la Toscana Crédito: Shutterstock

Allí mismo se expone uno de los más antiguos objetos textiles que se registra en Europa, el llamado "almohadón de Impruneta". Este cojín hecho a mano data del siglo XV. De hecho, se supone que podría ser anterior a 1477, el año de la muerte del obispo Antonio di Bellincione (nacido en 1439). Habiendo sido enterrado con él, salió a la luz nuevamente después del bombardeo aliado en 1944. La cabeza del obispo descansaba sobre el almohadón, que se realizó a modo de mosaico cosiendo varias piezas pequeñas en varias formas, tipos y colores para crear varias composiciones geométricas, al estilo de las clásicas mantas quilt típicas de la técnica de patchwork de Estados Unidos.

Una inscripción indica que la sobrina del obispo, Deianira, fue responsable de organizar los arreglos del funeral y, por lo tanto, podría haber hecho o encargado el cojín. Sin embargo, se cree que a juzgar por los materiales utilizados y los diseños ornamentales, parece haber sido influenciado por productos artesanales bastante comunes en la época y vinculados a productos textiles hispano-moriscos y mosaicos Cosmati tradicionales.

La última semana de septiembre se hace en Impruneta el festival de cosecha más antiguo de la zona, "La Festa dell'Uva". Incluye bailes populares, actuaciones, degustaciones de productos agrícolas y un desfile de carros alegóricos construidos por los cuatro distritos de la ciudad: Fornaci, Pallò, Sant'Antonio y Sante Marie.

En casa del restaurador

Accesible en auto o en bicicleta desde Florencia, unos pasitos tierra adentro, en la región del Chianti, el vino más famoso de Italia, aparece la propiedad de la familia de Simone, rodeada de otras casas similares, con grandes espacios verdes, viñedos, vida de campo y villas típicas de la Toscana.

El camino termina en la puerta de la propiedad. El ingreso está limitado por una gran reja con timbre en la puerta. Se divisa la casa central desde ese sitio, antes de ingresar. Hasta la casa, desde el portón, hay apenas unos 200 metros que introducen en la vida local.

La propiedad tiene una historia interesante para contar, porque ha pertenecido a la abuela de la Simona Mugelli, ha sido muy vivida, y se vincula con la historia de las familias de la zona. Sus cuartos relatan la forma de vida del pasado y cómo fue cambiando con el tiempo.

Simona, que habla inglés con fluidez, es la anfitriona oficial, mientras que su madre, es la cocinera oficial. Ambos son amables y están ansiosas por compartir historias sobre su familia, la comida y la historia del área y su hogar.

Su casa está rodeada de otras propiedades similares, con grandes espacios verdes y viñedos que ejemplifican la vida en el campo. Una de las cosas más interesantes de la casa es su historia: la propiedad ha pertenecido a la familia del anfitrión durante muchas generaciones y la historia de la propiedad está profundamente ligada a la de la ciudad.

Este es uno de los hitos que el proyecto Traveling Spoon tiene en Europa. Una red de personas que invitan a los viajeros a experimentar a través de la gastronomía hecha en casa, en familia, como habitantes locales.

Además de un comedor importante, hay una galería semiexterior que permite comer en ella. Cuando la jornada es fresca, es posible comer en la cocina abierta, mientras la pasta recibe las caricias finales. Todos los ambientes son grandes, espaciosos, con muebles familiares y con una vista generosa hacia el valle que rodea la propiedad.

Comida de hogar

Aunque la anfitriona es Simona, su madre es la joya. que es quien cocina y quien acompaña. Ella es luminosa. Agradable, simpática, tiene muchas ganas de establecer diálogo y contar historias de su familia, su casa, la comida y la historia de la zona.

La experiencia es realmente casera. Se sirve en las ollas originales de la casa. No está perfecta, ni la vajilla, ni la presentación de la comida. Eso es magnífico. Todo es muy abundante. Lasagna de verduras (textura increíble, sabor profundo, como el de la abuela cuando éramos chicos). De plato de fondo una preparación de carne en láminas con hierbas locales que es un plato típico de esa zona de la Toscana. La carne muy tierna, muy bien sazonada, acompañada por chauchas al vapor. Para el postre reservaron una tarta con crema pastelera y frutos de la zona y de la temporada (arándanos, grosellas).

La experiencia es grata en general. El visitante parte con aprendizajes nuevos. Con nuevos conocimientos de la comida, de la región, de la historia de Florencia y de los trabajos de restauración que requieren sus monumentos, de las personas que lo recibieron y de las costumbres. Además de irse con un sabor gratísimo de la degustación gastronómica. La recorrida por la villa incluye la pileta con vestuarios, la huerta de frutales, donde se corta una pieza del árbol y se consume allí mismo, luego de lustrarla en la manga, en el banco que balconea a la ciudad de los Médici.

La tarde es tibia. La temperatura de la casa, adecuada. La luz, perfecta. Un cierto medialuz post mediodía invita a la charla y el encuentro. Un ratito en donde uno se siente Diane Lane, como en "Bajo el Sol de Toscana".

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