
Iñaki Urlezaga
Acaba de presentarse en el Teatro de Champs Elysées, en el marco de la prestigiosa Gala de las Estrellas, y ya está en Londres, donde retomó sus actividades como primer bailarín del Royal Ballet. Pero nos visitará en breve
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1. No sé cuándo surgió mi vocación. Mi tía tenía un estudio de danzas en mi casa, y yo estuve entre espejos y barras desde que usaba andador. A los 6 años, ella fue mi primera maestra. Pero sé que antes que el movimiento me atrapó la música: escuchaba a Tchaikovski o a Strauss y sentía una emoción que sólo podía expresar con el cuerpo.
2. Al mismo tiempo que bailarín, me hice pincharrata; soy de Estudiantes desde que vi la camiseta roja y blanca, y supe que ésos eran mis colores.
3. Un don es algo interno, una hipersensibilidad para ciertas cosas, que muchas veces se desarrolla y otras no. Si uno está hecho para algo, lo va a encontrar, temprano… o tarde, cuando ya perdió mucho tiempo. Pero es más fácil cuando es temprano.
4. Supe que quería estudiar en el Colón cuando lo pisé por primera vez, a los 8 años. La volví loca a mi madre para que me llevara a dar la prueba. Hoy, sigo subiendo las escaleras como las subí ese día: despacio, callado, mirando todo.
5. Me costó entender la cultura inglesa, que sostiene una postura ultraconservadora y al mismo tiempo genera lo más under. Ahora aprendí a disfrutarla: puedo bailar en el Covent Garden, y después ir a ver una obra en un sótano, con dos tachos como focos de luz, y sentir que ahí también hay arte.
6. Soy apasionado y detallista, sin caer en la obsesión. Puedo trabajar hasta diez horas en un estudio, pero salgo de ahí y todo se acabó. Por eso es que no termino histérico: Debrah Bull, después de bailar conmigo hace algunos años, quedó tan asombrada con mi calma que me apodó Valium. Y el nombrecito quedó…
7. Amar la música clásica no me convierte en un personaje del siglo XVIII. Cuando crecí, sumé otras músicas, como la de Fito Páez, que fue la que más me acompañó en la adolescencia.
8. Sé que sólo puedo intentar una pareja con alguien que tenga su propia carrera: si no, nunca va a entender lo que exige la mía. Mi última novia fue una bailarina muy exitosa, Tamaro Rojo. Ya nos separamos, pero cuando estábamos juntos siempre encontramos tiempo para vernos, aunque fuera entre el ensayo y el avión.
9. Siento que la dirección me abre otro ángulo visual. Y me apasiona. Lo descubrí con el Ballet Concierto, mi compañía platense, donde trabajamos a pulmón para llevar la danza clásica por el país. Pero dirigir es el proyecto para cuando deje de bailar. Y me veo vinculado al Colón, que siempre me apoyó tanto.
10. Sé que el ballet, aunque sea lo que yo más ame, es sólo una partecita del arte. Siento la necesidad de nutrirme del teatro, la música, la fotografía. Soy un bailarín, pero deseo llegar a ser un artista.





