Crudo y manteca, hamburguesa completa, pebete, choripán de parado. El sándwich es un placer adaptable para todos los gustos. Vegetarianos o casi obscenos, de milanesa o gourmet, te contamos dónde encontrarlas siete maravillas entre dos panes
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Por Natalia Kiako
Fotos de Xavier Martín
La Cresta

La gente del barrio se avivó enseguida. Apenas abierto se corrió la bola, y La Cresta pasó a formar parte de los hábitos de todo almagrense. Pero la cosa no quedó ahí: era obvio que esta no era una rotisería cualquiera. Que el subtítulo "Casa de Spiedo" era un gesto de enorme modestia, y en menos que canta un gallo, La Cresta se transformó en un éxito que supera los límites barriales.
Stuart es un cocinero británico que conoció a Sam, una argentina, viajando por España, y cayó en un cliché muy fructífero para todos nosotros: el del chef extranjero que llega a nuestros pagos siguiendo a su mujer. Por suerte, en lugar de elegir la tele (como los famosos Donato, o Bruno y Olivier), se dedica full time a este boliche. El suyo. Sam atiende al público, con un don de gentes de esos que no se aprenden, y él pone toda la carne al asador. A veces, literalmente.
La propuesta inicial de la casa era sencilla: pollo al spiedo con ensaladas frescas y diferentes, como tabule de quinoa, frijoles con mucho picante o papas al curry. Servidas hasta rebasar el recipiente, más que con generosidad, con ímpetu de madre judía. Pronto sumaron distintos cortes de carne a la parrilla y los sándwiches vinieron a completar el cuadro, seducir a la gente joven y hacer explotar, definitivamente, el éxito de La Cresta. Los wraps, envueltos en una tortilla casera bien aguantadora, llevan adentro combinaciones poco habituales y muy ganadoras. El Gauchito, gran favorito del público, tiene pollo o carne, morcilla crocante, provolone, alioli, salsa criolla y lechuga. Uno exótico, el Sweet Chilli: carne o pollo, más repollo chino, zanahoria, cebolla de verdeo, maní tostado, cilantro, sweet chilli y mayonesa. Y un recomendado más: el Bandido, un amigo con guacamole, porotos mexicanos, salsa barbacoa, salsa picante LC y lechuga. Las hamburguesas -caseras, igual que su pan- salen simples, con panceta ahumada, provolone y salsa barbacoa, o para valientes: con doble carne. Todo, entre $50 y $60.
Además de carnes y pollos, wraps y hamburguesas, cada día hay un plato especial que solo se sirve por la noche; no se sabe cómo hacen, pero son tan espectaculares como el resto del menú. Los viernes, eso sí, el único plato obligado desde que abrieron es el salmón ahumado por ellos mismos, con salsa y verduras, arroz o puré de papas al pesto. Después, lo que la suerte depare, como un arrollado de chili con carne, nachos y guacamole. Pinchos de pescado y mariscos con especias marroquíes. Pastas o risotto. Lo que te toque va a andar bien. El uso de las especias en La Cresta es como una varita mágica que todo lo mejora. Y, cada vez más, Stuart se hace tiempo para su debilidad: el amasado, y salen unas focaccias, unos panes de chocolate y otras delicias que varían a diario.
La mayoría de la gente compra en La Cresta para llevar a casa, pero quedarse en la barra con vista a la vereda, sentado en un taburete alto, con una cerveza bien fría, es un gran plan.
Bulnes 829.
Martes a sábado, de 12 a 15.30 y de 19.30 a 23.
Marfa

Hasta hace poco, pedir un almuerzo decente en horario de trabajo era prácticamente una utopía. Si no podías ir a un restaurante ni cocinarte algo especial, estabas destinado al más triste y completo muere. Por suerte las cosas cambian y cada vez surgen más rincones como este: versiones optimizadas y renovadas del viejo sándwich con el que zafás al mediodía. En Marfa, tenés un menú completito de cosas buenas. Las hamburguesas vegetarianas andan muy bien. Las opciones más hardcore son potentes sin caer en la hepatalgina: bellas palabras como queso brie, mayonesa de hierbas, panceta o cebollas caramelizadas. La zona de Las Cañitas en Palermo está de parabienes y, en las productoras de la zona, ya no se almuerza otra cosa.
Marfa arrancó con una carta de wraps, que para ese entonces no abundaban. Era una propuesta innovadora, con dos marcas propias: la gran salsa de la casa (Pita, a base de queso y especias) y un pan lavash (la típica tortilla para sándwiches enrollados) especialmente logrado, bien finito y a la vez aguantador. Con el tiempo -y el éxito-, se mudaron a la esquina de Santa Fe y Ravignani, con un "kiosco" a la calle, ampliando el menú y dedicándose casi exclusivamente al delivery. Podés pasar a buscar los sándwiches por ahí para llevar, o comer tu wrap sentadito en un banco de los que tienen en la vereda, si el día está lindo y vos andás con tiempo.
El rango de sándwiches abarca pan francés, negro y el ya celebrado lavash, ese que se usa para mantener los wraps en equilibrio, crocantes y humectados, sin tapar con exceso de pan el sabor del relleno. Un wrap como dios manda. El sándwich más aclamado por el público es el Polo Tom: en pan francés, con tiritas de pollo, queso brie, rúcula, palta, panceta y pestos rojo y verde ($46). Cuando empezó era el "Polo" a secas, pero Tom resultó ser un cliente fanático y obsesivo que se pedía este sándwich a diario, con el agregado de palta y panceta. Con el paso del tiempo, las chicas de Marfa entendieron que Tom la tenía muy clara y, en su honor, rebautizaron y actualizaron el Polo. Hicieron bien.
Si no tenés ganas de una tromba de brie, panceta y otras drogas duras, podés elegir las Veggie Burgers, que vienen en pan negro y están hechas a base de arroz yamani, avena, sésamo y hierbas. Son de las buenas, de esas que no tratan de imitar tristemente una hamburguesa de carne, sino que celebran el gusto vegetariano tal como es. Vienen con mozzarella, lechuga, tomate, brotes, mostaza dulce y dos pestos.
La que más sale es la de espinacas y zanahorias ($40).
Si querés probar algo distinto, el Mexican Wrap anda muy bien. Viene con lechuga, tomate, repollo colorado, arroz yamani, pollo, guacamole spicy y crema ácida ($42). Hoy es el que más sale de todo el menú; pica un poco, pero nada estremecedor. Apto para argentinos.
Este veranito estrenan las Marfa Box, pensadas para los días de calor, al modo vianda-picnic. Son pequeños combos para compartir al estilo picadita y, si hay mucha hambre, completar con un sándwich o una ensalada. Cada cajita trae dips, tostadas, pan francés, pan lavash, más carne, pollo o vegetales ($120).
Av. Santa Fe 5199, esquina Ravignani.
Delivery: 4777-0945. Lunes a viernes, de 11.30 a 15.15 y de 19 a 23.
Latino Sándwich

Cuando Martín Pons volvió de México, heredó de su viejo un kiosco muy chiquito en pleno Microcentro, que vendía pebetes con paleta sanguchera. Apenas lo tomó en sus manos, agregó sándwiches calientes y una vuelta de rosca en los ingredientes. Y le sintió el gustito al oficio. Pronto se asoció con Damián Alonso (al frente de Danzón durante años). Hoy, Latino hace su propio pan casero (en manos del gran Ramón, corazón del equipo de cocina) y juega con infinidad de variables gourmet sin renegar de la comida callejera. Los puestitos al paso en México y la pizzería Güerrin son sus referentes, y aquellos buenos chefs que se bajan del caballo para recuperar el amor por una buena tortilla de papas, los básicos y clásicos bien entendidos. Dice Pons, el dueño cocinero: "La del chef incomprendido es tan demodé como la del rockero roto". Y él, por su parte, se baja del pedestal para cocinar sin ínfulas.
El público de Latino es el céntrico, pero no solo el trajeado. Todo el espectro de laburantes en la zona se dan el lujo de comer rico y accesible: una sana mezcla de oficinistas, hipsters, albañiles, arquitectos y también turistas. Hay platos conservadores y otros para valientes. Latino no discrimina.
El sándwich más aclamado es el de ternera braseada, y ellos recomiendan otro hit: la milanesa mexicana marinada, acompañada con guacamole. Ahí donde dos potencias se saludan, nuestra querida milanga argentina y el saborcito azteca del guacamole y el cilantro. La carta es extensa y suculenta: hay opción vegetariana, clásica bondiola a la parrilla, pollo y queso brie, cerdo barbacoa ($30 a $45). Muchos de los sándwiches tienen su versión al plato, sin pan, y se suman a otras ensaladas como la teriyaki -con pollo crocante rebozado en cereales- o la caprese con queso azul y jamón crudo ($35 a $50).
Los platos del día rondan los $50 y salen con limonada, aunque también hay carta de vinos blancos y tintos. El menú va y viene entre pescados, carnes, pastas y clásicos porteños como el pastel de papas. Las guarniciones de la casa son originales para un porteño: espárragos, repollitos de Bruselas y lo que esté fresco de estación, que no siempre es tomate y lechuguita.
Tacuarí 185.
Lunes a sábado, de 7.30 a 19.30.
Alameda Sur

A principios del siglo pasado, la Costanera Sur funcionaba como balneario, y lo que hoy son sus típicos carritos eran lindísimos y coquetos boliches, confiterías construidas por encargo bajo diseño del famoso arquitecto Kálnay. Uno de ellos, junto a la fuente de Las nereidas de Lola Mora, se dio en llamar Alameda Sur. Con el paso de las décadas cayó en desgracia como el resto, pero hace unos años, con esfuerzo y paciencia, se recuperó, se desempolvó y se renovó para alegría de muchos.
Hoy, Alameda Sur es enorme. Incluye un patio cervecero con arboleda, un salón climatizado y esos mismos sándwiches que vas a buscar a los carritos, pero con garantía de limpieza y refrigeración, que no es poco. Desde el chori clásico hasta una sublime bondiola parrillera. Y lo mejor de todo: abierto las 24 horas, los 365 días del año. Un sándwich parrillero con una cerveza helada, en la trasnoche de fin de semana veraniego, es una fantasía idílica para más de uno.
De lunes a viernes al mediodía, Alameda se llena de oficinistas que trabajan en la zona de Puerto Madero, pero tienen bolsillo de barrio. Por las tardes y las noches, aparecen grupos de amigos que se clavan un sánguche con todas las letras por lo menos una vez a la semana, después de ir a jugar al fútbol, o los que salen de las clásicas reuniones del club del Bora o Amigos de Harley Davidson. Los fines de semana, aparecen las familias que van a la Costanera o a la Reserva a pasar el día y completan la felicidad dominguera con un menú que le gana a Mac, toda la vida.
El sándwich que más sale es el gran clásico: bondiolita de cerdo (simple, $34; completo: con jamón, queso, lechuga, cebolla, tomate, $46, y por si fuera poco, una tercera versión escalofriante con huevo, morrón y panceta, $ 48). También hay de pechuga de pollo y cuadril desgrasado en versión simple y completa, y el choripán, como debe ser ($15). En Alameda también hay sándwich vegetariano y, afín a la casa, bien suculento: zucchini grillado con un salteado de ajíes, cebollas, brotes de soja y queso fundido ($31). Si querés postre, venden helados de palito. Ahora, en verano, suman licuados y smoothies, además de seguir con la cafetería de siempre: medialunas recién horneadas para el desayuno del oficinista y la merienda del dominguero.
Achával Rodríguez 1431, frente a la Reserva Ecológica. Abierto las 24 horas.
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