Atada a una reja en un baldío, sin agua ni alimento, esperaba su cruel final: “Aprendió a dar la patita”
Las rescatistas salvaron a la cerdita, la cargaron en el auto y la llevaron a un lugar seguro hasta encontrarle un espacio adecuado, la historia recién comenzaba
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No estaba en los planes que tenían para ese día. Pero, cuando la vieron atada a una reja con una pesada cadena en su hocico, supieron que algo andaba mal. Esa tarde, Abril y Cristina de Salvando Vidas se dirigían a un rescate de perros pero la imagen de la pequeña cerdita abandonada a su suerte en un terreno baldío hizo que detuvieran la marcha del auto en el que viajaban e hicieran las averiguaciones del caso.
Gracias a la colaboración de los vecinos, las rescatistas -que comenzaron con su tarea en 2016 rescatando animales que eran arrojados a contenedores de basura y vías del tren en las zonas linderas a la Feria de Pompeya- supieron que el animal estaba abandonado hacía varios días: descuidada, sin agua ni alimento, tenía los días contados para que llegara el cruel destino que tenían pensado para ella. Por eso, las mujeres no dudaron en cortar la cadena en ese mismo momento, cargar a la cerda en el auto y llevarla a un lugar seguro hasta que pudieran encontrar el espacio adecuado para que creciera en libertad.

Así fue como esa cerdita comenzó su nueva vida en el departamento de la diseñadora gráfica y emprendedora Lucía, una de las mujeres involucradas en el caso y que abrió las puertas de su hogar para la cerdita rescatada. Sin embargo, luego de dos meses en los que logró sobreponerse a la triste vida que había conocido, quedó claro que un departamento no era un ambiente que pudiera contenerla y ofrecerle respuesta a sus necesidades.
La postulación de “Kiki”

“Tenía muchas ganas de adoptar un animal rescatado, de darle una segunda oportunidad. Siempre soñé con un cerdo, un toro, un gallo o una vaca, y en ese momento estaba viviendo en una casa con un jardín enorme, con el espacio ideal para hacerlo. Me postulé y a la semana me avisaron que me habían elegido como adoptante de la cerdita, y no lo podía creer”, recuerda con entusiasmo el comediante, locutor nacional y actor de doblaje Christian Petrone, más conocido como “Kiki”.


Originalmente el animal se llamaba Elvira. Pero Petrone, que es vegano y activista por los derechos de los animales, decidió cambiarle el nombre a Lambucia, una palabra venezolana que significa “que come mucho”, en honor a una amiga que le enseñó el término. El nombre resultó ser perfecto para la cerdita, amante de la comida.

Llegó a su casa en febrero de 2021. “¿Qué mejor nombre para un chancho -dice entre risas-, un animal que puede comer todo el día sin problema? Llegó un día de lluvia a casa. La recibí, le empecé a dar de comer frutas y vegetales y le fui creando una rutina para que aprendiera a comer con horarios. Las primeras semanas durmió conmigo, primero en mi cama y después en un colchoncito en el living. Me buscaba todo el tiempo y lloraba si me alejaba mucho”.

A medida que Lambucia crecía, la convivencia se fue tornando más divertida y con algunos “inconvenientes”. Pasó a dormir en una cucha grande en el jardín pero creció tan rápido en poco tiempo que un día amaneció durmiendo pero con la cucha explotada por su tamaño.

“Son animales maravillosos. Tienen la inteligencia de un niño de tres años. A las tres semanas ya reconocen su nombre y se comunican con más de 20 vocalizaciones únicas. Disfrutan de escuchar música y son muy sensibles y profundamente emocionales. Le enseñé a dar la patita y la eduqué de tal manera que tuviera dos comidas fuertes (a la mañana y a la noche) y durante el día picaba. Me había puesto en contacto con todas las verdulerías del barrio. Me guardaban el descarte, esas frutas y verduras que están chamuscadas y no se pueden vender, y nos daban de todo: zapallitos, papas, zanahorias, lechuga, tomate, banana y más. Para Lambucia era un manjar”.
Kiki Petrone y Lambucia tenían un vínculo especial: de cariño, confianza y respeto mutuo. “Hizo macanas, obviamente, como cualquier animal en sus etapas tempranas de vida. Cuando descubrió dónde estaba el tanque de agua, rompió todo. O un día agujereó la medianera y apareció con la trompa en el jardín del vecino”.

Sin embargo, Kiki Petrone era consciente de que Lambucia necesitaba también estar con sus pares, vincularse y forjar amistades para poder seguir creciendo de forma saludable. A sus dos años y con 130 kg, Lambucia fue trasladada a la granja educativa Don Benito en Escobar donde viven diferentes especies de animales rescatados del maltrato, la explotación y el abandono.
“Estuvo dos meses en la granja pero no se pudo adaptar. Acostumbrada a vivir conmigo y con mi gata, le costó el ruido de los grupos de alumnos escolares que visitaban el lugar y se estresó bastante”.

En un nuevo capítulo, y gracias a la ayuda de su amigo Fernando Pieroni, Kiki Petrone dio con el lugar indicado para Lambucia: el santuario multiespecie Tekove Mymba ubicado en Colón, Entre Ríos. Allí vive desde entonces, en libertad y paz.
Ahí, entre el murmullo del río y la calma de la naturaleza, Lambucia finalmente encontró su lugar en el mundo, un espacio donde la única cadena que la ata es la del cariño que Kiki Petrone y sus nuevos cuidadores le brindan cada día.
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