
Jeff Bridges, la vida es bella
Dice que haber ganado el Oscar hizo de su mundo un lugar mejor. Mientras palpita por otra estatuilla por su protagónico en Temple de acero, el actor cuenta lo bien que se siente en el lugar de héroe
1 minuto de lectura'
PARIS.- Jeff Bridges entra en el cuarto. Lleva puesto un jean negro recto y una camisa celeste, con rayitas blancas, que resalta sus ojos claros. Tiene una cara iluminada, y su gran sonrisa está acompañada por una barba de algunos días que se mantiene dorada, pese a la invasión de esos grises claros que vienen con la edad. Conserva unos destellos de ese aspecto de surfer californiano que tenía de más joven, sólo que hoy sería más bien el dueño del bar de la playa que observa el mar desde la calma. Se saca los anteojos y deja a un lado su campera de cuero negra. De ella saca un sobre: es un líquido naranja que mezclará en un vaso con agua. Casi de la misma manera en la que The Dude, su personaje en la película El gran Lebowski, de los hermanos Coen -convertido en un fenómeno de culto-, preparaba su clásico White Russian (trago a base de vodka, licor de café y leche). Sólo que con este jugo artificial no le quedan rastros blancos en los labios.
La cita es en Le Meurice, lujosísimo hotel sobre la rue de Rivoli, frente a los jardines de las Tullerías, desde 1835. Por estos salones estilo Luis XVI, con columnas de mármol, techos altísimos, enormes arañas de cristal y espejos antiguos, y por algunos de estos 160 cuartos pasaron miembros de la realeza (el rey Alfonso III hizo de este hotel su residencia secundaria), artistas como Salvador Dalí y escritores de todas las épocas.
Al subir por el ascensor que alguna vez fue una réplica de la silla en la que transportaban a María Antonieta, el ala derecha del tercer piso está hoy enteramente reservada para Jeff Bridges y la presentación para la prensa de las dos nuevas películas en las que actúa: Temple de acero, la última creación de los hermanos Joel y Ethan Coen, y Tron: El legado -de Walt Disney Productions-, la segunda parte del film, de 1982, en el que también había actuado, aunque esta vez dirigida por Joseph Kosinski (el director original, Steven Lisberger, es ahora uno de los productores) y con la banda sonora a cargo del grupo de música electrónica Daft Punk.
El pasillo, iluminado por una mezcla de lámparas de época y luces dicroicas, está lleno de gente que espera su turno. En un cuarto, una de sus asistentes le pide a uno de los botones del hotel lo que el equipo querrá para el almuerzo; ensalada cortada en pedazos muy chicos para Bridges. El tiempo es oro y comer se convierte en un trámite rápido. El actor entra y sale de las habitaciones donde los periodistas se preparan para explotar al máximo posible los veinte minutos de entrevista. Bridges se pasea entre el género de ciencia ficción y el del western. Por momentos es un programador de videojuegos, Kevin Flynn, que viaja con su hijo por un mundo cibernético repleto de peligros (en 3-D). Minutos más tarde se convierte en el oficial de policía Reuben J. Rooster Cogburn -borracho y con sobrepeso, pero el más rudo del pueblo-, contratado por una niña de 13 años para vengar la muerte de su padre.
Basada en la novela de Charles Portis, esta historia de vaqueros, venganza y valor ya había sido adaptada al cine en 1969 por el director Henry Hathaway y, en ese entonces, el rol que hoy protagoniza Bridges había sido interpretado por el mítico John Wayne. Símbolo de rudeza y de masculinidad, el ícono estadounidense, que actuó en más de 175 películas, ganó con este film -y a los 62 años- el único Oscar de su carrera. Ambos actores no sólo comparten el hecho de haber sido galardonados con esa estatuilla, sino que, además, los dos figuran en la lista de los premiados -como Mejor Actor- de mayor edad: Bridges recibió el Oscar en 2010, a los 60 años, y después de haber actuado en más de 60 películas, por su rol de Bad Blake, un cantante de música country algo decadente e inmerso en la bebida, en el film Loco corazón, de Scott Cooper.
Al igual que Wayne, hacía tiempo que Jeff Bridges esperaba su Oscar. De hecho, confesará durante la entrevista: "Me sentía un actor subestimado, algo que ahora ya no me sucede, aunque reconozco que ese era también un buen lugar desde donde posicionarse". Bridges fue varias veces nominado. Llamó la atención por primera vez a los 22 años, como Mejor Actor de Reparto, por su rol en La última película (1971), de Peter Bogdanovich. Fue candidato, en la misma terna, por la película de 1974 Especialistas en el crimen, de Michael Cimino, pero perdió contra la interpretación de Robert De Niro en la segunda parte de El Padrino. Misma situación en 2001, por La conspiración, y esa vez el fracaso fue contra el rol de Benicio Del Toro en Traffic. También había sido candidato en 1984, como Mejor Actor, por Starman, pero el Oscar se lo llevó F. Murray Abraham por Amadeus.
Las similitudes entre Wayne y Bridges no van más lejos: de tendencia republicana, políticamente conservador y machista confeso, Wayne se casó tres veces, mientras que Bridges, practicante de la tradición zen del budismo, comparte su vida con la misma mujer, Susan Geston, desde hace 34 años. Juntos, tienen tres hijas, y cuenta siempre que la conoció durante la filmación de la película Rancho Deluxe, en 1975, en Montana, y que ella rechazó su primera invitación. Pero era un pueblo chico, se volvieron a ver varias veces y en esos encuentros nació la historia de amor.
Pero así como los roles en los que encarnó una especie de virilidad y de rudeza hicieron de John Wayne el símbolo mismo de la América conquistadora de su era, Bridges también es, por sus actuaciones, un emblema de la masculinidad de su época: representa en general al hombre que podría haber sido un héroe, pero que queda atrapado en la profundidad de sus debilidades, fragilidades de las que no sale, pero que lo hacen más fuerte. Su eventual condición de héroe nunca está garantizada desde el principio, y es esa ambigüedad la que seduce hoy en día. Nunca gritó tanto como Robert De Niro o Al Pacino, ni fue tan violento como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, pero lo que atrae en Jeff Bridges es esa condición de antihéroe perezoso que, fiel a sus convicciones, siempre termina haciendo lo que quiere.
-¿Cómo es la vida después del Oscar?
-Aaaah...
El profundo suspiro lo hace estirarse levemente hacia atrás. Está sentado derecho, con las manos sobre los muslos.
-Se siente bien. Me siento bien. Es maravilloso ser reconocido de esa manera por tu trabajo. La vida es buena ahora. Soy capaz de prestar cierta atención a ciertas cosas que me interesan, sabés, hacer del mundo un mejor lugar para mis hijos y mis nietos, y ese tipo de cosas. Creo que también me ayuda con mi música, ya que la película [se refiere a Loco corazón] fue todo sobre música. La semana última terminé de cortar las pistas básicas de un álbum con T-Bone Burnett [prestigioso productor musical estadounidense, a cargo de la banda sonora de esa película, y por la que ganó el Oscar como Mejor canción original]. Y en la calle soy un poco más acosado por los periodistas.
-John Wayne actuó en el mismo rol de Rooster Cogburn en 1969 y con él ganó el único Oscar de su carrera. ¿Tuvo algún tipo de reflexión simbólica al respecto?
-Me entusiasmé cuando Ethan me llamó y me contó que querían hacer Temple de acero. Me gustaba la idea de volver a trabajar con los Coen, maestros de los nuevos tiempos, pero me pareció curioso que quisieran hacer una película antigua que había sido hecha. Pero enseguida me respondió que no estaban rehaciendo la película, sino que estaban adaptando el libro de Charles Portis. Me pidieron que lo leyera, y al hacerlo entendí rápido de lo que hablaban. Son los hermanos Coen, y es algo inusual. Los personajes están dados vuelta de una manera que no te imaginás. Y tomé un mapa en esa dirección. Me enfoqué en el hecho de que no estaban haciendo referencia a la película anterior, y que por eso yo tampoco debía tomar como referencia a John Wayne, sino que debía guiarme por el libro. Y es lo que hice. De alguna manera intuí que para la gente sería difícil no pensar en él, porque fue una película famosa y por la cual ganó un Oscar. Me pareció incluso interesante esperar a ver la reacción de la gente.
-¿Así que no estudió el estilo de John Wayne?
-No, para nada. Escuché un poco su leyenda porque actuó en muchos westerns, pero los Coen me dijeron que me quedara con la idea del libro.
-Pero vio la película... ¿Qué le pareció?
-Bastante buena (risas).
-¿Cómo construyó su personaje?
-Casi siempre lo hago de la misma manera. En este caso, tenía además el libro de Portis, lo que me da mucha más información para trabajar. Leo el guión y hago una lista de lo que la gente dice de mi personaje y de lo que yo pienso sobre ese personaje. Una de las primeras cosas que hacemos es juntarnos con el diseñador del vestuario, que en este caso era Mary Zophres, la misma que en El gran Lebowski. Ella tenía libros geniales con fotos de ese período. Mirás esas fotos y a esas personas, y recibís algo de ellas. Magnifico algunos de esos detalles que recibo y a otros no les presto atención. Y uso además un poco de mi personalidad. En los westerns, los personajes son en general de pocas palabras. Pero Rooster, mi personaje, es un tipo muy verboso y bombástico. Y yo puedo ser de esa manera, así que también usé un poco de eso. Es un tipo que está cómodo en su piel. Es quien es. Poco a poco empiezo a mirar a la gente que conozco a través de los ojos de mi personaje, como si fuera un filtro. Pero John Wayne no fue uno de mis referentes. Mi padre [el reconocido actor Lloyd Bridges, fallecido en 1998] quizá sí lo fue, porque actuó en westerns y solíamos andar juntos a caballo.
-El personaje de Rooster Cogburn parece bastante duro. ¿Cuán difícil fue simpatizar con él?
-Bueno, no soy duro (risas). Creo que ser duro significa ser áspero, malo y no caerle bien a mucha gente. Ese no soy yo. Me gusta la gente, soy más suave y más etéreo.
Jeff Bridges es un claro ejemplo de la American way of life, tanto en los roles que encarnó como en la personalidad que intenta transmitir, aunque él confiesa no ser consciente de ese estilo: "Es como preguntarle a un pez cómo es estar en el agua. No lo sé, porque es todo lo que sé".
-Por primera vez con Temple de acero se percibe más claramente la condición de héroe de su personaje. ¿Cómo se siente en ese rol?
-Se siente bien. Es bueno ser un héroe. Y es un buen sentimiento el de poder ver una misma cosa hasta el final, lo que para mí es la definición de true grit [título original de la película, verdaderas agallas, en español]. Te hace sentir bien.
-Y ser un antihéroe, ¿es el mismo sentimiento?
-¿Qué es un antihéroe? A ver... Para mí, Bad Blake [su personaje en Loco corazón] es un héroe genial, porque supo mirar hacia adelante... Me viene The Dude a la mente. ¿Es The Dude un antihéroe? Veamos... (risas).
Bridges mira hacia el cielo, sonríe y se ríe solo. La simple evocación de su personaje en esa película de los hermanos Coen lo pone de mejor humor todavía. Y casi logra desprenderse de las características que él mismo le dio, como si The Dudeness, o Duder, o El Duderino, existiera por sí solo.
-¿Ves? Amo al Dude. El Dude fue él mismo hasta el final. Fue honesto consigo mismo. Y hay algo hermoso en eso. Creo que la debilidad es también algo hermoso, porque permite abrir una especie de compasión frente a otras debilidades. Y todos somos débiles de alguna manera. Así que quizá todos somos antihéroes de alguna manera. Estamos autorizados a vivir en esta tierra incluso estando tan jodidos. Eso es fantástico.
Las debilidades, John Wayne no las mostraba. Pero fue popularmente conocido como The Duke -El Duque-, que en inglés suena muy parecido a The Dude. Otro punto en común entre Wayne y Bridges, sobre todo teniendo en cuenta que los hermanos Coen dejan muy pocas cosas libradas al azar.
UN POLICIA BRAVO
Fort Smith (Arkansas), 1870. Mattie Ross (Hailee Steinfeld) llega al pueblo en busca del oficial de policía más rudo de la zona para vengar la muerte de su padre, asesinado por Tom Chaney (Josh Brolin). El elegido es Rooster Cogburn (Jeff Bridges), que después de algunas negativas termina aceptando. Juntos, y a caballo, emprenden una aventura de enfrentamientos en busca del asesino. La mayoría de los exteriores fue filmada en Nuevo México, y los interiores y las escenas de Fort Smith, en Granger (Texas). En la búsqueda se chocarán con el texano LaBoeuf (Matt Damon), que también está tras los pasos del asesino en busca de una recompensa.
UNA VIDA DEDICADA A LA PANTALLA GRANDE
Jeff Bridges actuó en más películas de las que generalmente se recuerdan cuando se piensa en él. Trabajó con prestigiosos directores, la diversidad de sus roles es envidiable y siempre se mantuvo contemporáneo. En los años setenta fue un capitán de fútbol del secundario, perdido y algo herido, que se desespera sobre Cybill Shepherd, en La última película (1971). Fue dirigido por veteranos como John Huston (Fat city, 1972) y por debutantes como Michael Cimino (Especialistas en el crimen, 1974, donde comparte la escena con un joven Clint Eastwood). Durante los años ochenta, mientras el mundo del cine estadounidense era dominado por videos y por hombres corpulentos, Bridges actuó nuevamente con Cimino en La puerta del cielo (1980), película que fracasó rotundamente en esa época, pero que es hoy reconocida por los cinéfilos. Bridges dirá durante la entrevista con LNR: "Por alguna razón, no fue una película exitosa, especialmente en Estados Unidos. Creo que Cimino era el amado de Hollywood en esa época. Y quiso contar un hermoso cuento de la historia de nuestro país, del nacimiento del cinismo y de lo que causa. Fue un gran trabajo. Pero no quería a la prensa alrededor de la filmación. Y creó así una suerte de adversidad que, creo, no gustó entre los críticos, y por eso los comentarios fueron horribles. Recuerdo que un periodista escribió que, si se rapaba la cabeza de Cimino, se encontraría escrito el 666. ¿Podés creerlo? ¡El tipo sólo había querido hacer una película fascinante y lo trataron de diabólico!"
En esa década también actuó en la película de ciencia ficción Tron (1982), una de las primeras de un gran estudio (Disney) en poner en práctica la técnica de la computación gráfica. Sólo que ese año también se estrenaba E.T., film que arrasaría en la taquilla. Hacia fines de los ochenta fue también un pianista de jazz, en caída, en Los fabulosos Baker Boys, donde forma un ménage à trois con su hermano en la vida real, Beau, y con Michelle Pfeiffer. Durante la entrevista, Bridges confiesa sobre esta película: "Creamos estándares altos a nivel musical en este film. Y eso es increíble, porque cuando creas un precedente así estás constantemente intentando evitar que el nivel caiga, y por eso las exigencias son cada vez mayores".
En los 90 se lo verá en roles más consistentes: un periodista radiofónico que busca la redención ocupándose de un amigo indigente (Robin Williams) en Pescador de ilusiones (1991), de Terry Gilliam (volverá a trabajar bajo su dirección, en 2005, en Tideland, una especie de Alicia en el País de las Maravillas, pero del horror); un asesino minucioso que trastorna la vida de Kiefer Sutherland cuando su mujer (Sandra Bullock) desaparece en El rapto (1993); un arquitecto que se cree invencible después de sobrevivir a un accidente de avión en Sin miedo a la vida, de Peter Weir, y, claro, su personaje de The Dude, un desempleado que pasa sus días en bata y jugando al bowling hasta que su tranquilidad se ve invadida cuando es confundido con otra persona. En estos últimos diez años filmó más de 16 películas, entre las cuales se destacan K-Pax, con Kevin Spacey; Iron man-El Hombre de Hierro, en 2008, y Hombres de mente, en la que comparte nuevamente la escena con Spacey y también con Ewan McGregor y George Clooney.
LOS COEN, LA PAREJA PERFECTA
Matt Damon aceptó actuar en Temple de acero incluso antes de leer el guión. Pero Jeff Bridges estaba en medio de la filmación de Tron: El legado cuando recibió llamada sobre una posible actuación en la película de los hermanos Coen. "Es siempre desconcertante y me molesta un poco cuando recibo una oferta mientras estoy actuando en otra película. Sobre todo si la película parece realmente interesante... Y supe desde el principio que me gustaría. Moría por trabajar de nuevo con los Coen", explica Bridges. Es que El gran Lebowski (1998), primera y única película de los Coen en la que el actor estadounidense había participado, convirtió a su personaje en un fenómeno de culto. Hasta tal punto que todos los años se celebra el Lebowski Fest, festival cinematográfico creado en 2002 en honor a la película y en el que cientos de fanáticos se reúnen para ver el film y participar en una competencia de bowling. "Los Coen son como dos cerebros sincronizados. Tengo un hermano al que quiero mucho, Beau, y que es un extraordinario actor, pero no puedo imaginar dirigir una película con él. Uno tiene opiniones diferentes... Transmitirlas y hacerlas valer lleva tiempo y energía. Pero no es así con los Coen. Sólo recuerdo una vez en la que difirieron. Fue durante una escena de la filmación de El gran Lebowski, en la que mi personaje está soñando que va a pegarle a los bolos. Joel me sugirió que, justo en ese momento, hiciera una mueca, pero Ethan me dijo que esperara hasta que la bocha tocara los bolos para hacerla. Al final decidieron que filmaríamos ambas alternativas. Más tarde les pregunté cómo era posible que estuvieran tan sincronizados. Creo que la respuesta fue: Estuvimos un año escribiendo el guión, así que las diferencias nacieron y murieron en ese momento. Son escritores increíbles. Crean una atmósfera relajada y agradable alrededor de ellos, porque tienden a trabajar siempre con las mismas personas, profesionales en cuyas opiniones creen y a quienes dejan trabajar con libertad. El ambiente es muy familiar." En El gran Lebowski, cuenta Bridges, los diálogos eran tan frescos y reales que muchos los creyeron improvisados. "Pero, si bien hubo una improvisación para encontrar la verdad de cada escena, al final, cuando filmábamos, yo volvía al guión en cada detalle. Y con Temple de acero es lo mismo. Los Coen fueron muy fieles al libro de Portis. Creo que el éxito en las películas no es tanto por los actores que se eligen sino por el equipo", relata Bridges. ¿Nada cambió en el estilo de dirección de los Coen desde El gran Lebowski? "No realmente -responde Bridges-. Salvo por Joel, que se cortó su colita de caballo."
DIFICIL DE CONVENCER
El director de la película por la que Bridges ganó su Oscar como Mejor Actor, Scott Cooper, tuvo que recurrir al amigo en común de ambos, Robert Duvall, para persuadir a Jeff Bridges para que actuara en Loco corazón. En una entrevista publicada en la revista GQ, Bridges reconoció que no le gusta trabajar mucho y que comprometerse con una filmación le genera automáticamente fobia porque le preocupa pensar que habrá otro papel mejor que se estará perdiendo. Incluso a los hermanos Coen les llevó un largo tiempo convencer a Bridges para que aceptara el rol de The Dude en El gran Lebowski.






