
Modelo de profesión; fotógrafa, cocinera y pintora por hobby, dice que por primera vez en su vida está sola. Saquen número.
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De un curvado viaje en el tiempo a la melancolía sexy. De Farrah Fawcett a Kirsten Dunst. De los 60 a los 70 a los 80 (aunque envuelta en la luz unívoca que aporta el sol del casi 2012). Así vemos a Jimena Buttilengo, que transita la aventura casi sin esfuerzo, aunque la mirada celestísima magnetice la nuestra y, para que podamos ver el resto del cuerpo, nos la suelte, sí, pero cuando quiere. ¿Y desde ahí qué más vemos? Lo mismo que sacudió a los aburridos moáis cuando Jime viajó a la Isla de Pascua para hacer un portfolio en Sábado Bus: piernas largas, espalda única, aire nórdico y una belleza flexible que puede ir del morocho al rubio y del lacio a un brushing casi arqueológico.
Después, perfección adentro, se confabula un póker de Jimenas en busqueda firme de la salida. "Ya habrá tiempo de hacer esas otras cosas que me gustan", dice esta cordobesa que desde los 17 (tiene 26) se gana la vida como modelo pero va apretando saberes para cuando la belleza afloje los mimbres. Sí, sabemos que eso es difícil: basta con mirarla para redondear la idea de lo imperecedero; pero –como cualquier hincha de River Plate sabe– en la vida todo puede pasar.
Por eso existe la licenciada en Administración de Empresas –un título que fue el peaje a pagar para poder seguir la carrera de modelo sin que mamá y papá le zumbaran en el oído que todo bien con las pasarelas, pero que había que agarrar los libros–, la estudiante de canto, la por ahora efímera conductora de TV, la cocinera y pintora aficionada, la futura actriz y, sobre todo, la fotógrafa, que este año presentó en el paquete y recoleto L’Abeille la muestra "I Love New York", con retratos y momentos tomados en la Gran Manzana, ese lugar que conoció a los 17 y del que se enamoró para toda la vida. "Siento que con la fotografía muestro mi reverso, mi lado contrario", evalúa, y no puede negarse que hay algo de curiosidad terrenal en eso, como si quisiera que el mundo que no cabe en los desfiles y las produs entrara por la lente de su cámara.
Luego, la inquisitoria de rigor, que arroja datos de identidad no demasiado distintos a los que puede mostrar cualquier chica de su edad y revela el esperado guiño para los soñadores que hacen de esta sección su catálogo de scouting: "Ahora estoy sola por primera vez en mi vida. Yo, que siempre fui muy noviera. ¿Si tengo un estereotipo de hombre? No, pero tiene que ser sí o sí una persona divertida, a la que le cope viajar y que me enseñe cosas". A ver, ¿hay alguno ahí refregándose las manos? Uf, cuántos.
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