
Juan Gatti: grandes obras, grandes amigos
El artista que siempre elige Almodóvar ahora prepara murales en Miami para el proyecto de Alan Faena, de quien dice: "Es como un Medici, un Borgia"
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"Ten cuidado con lo que pides, que se te cumple", se dice a sí mismo Juan Gatti, el fotógrafo, diseñador gráfico y artista plástico argentino, conocido por la realización de los afiches de las películas de Almodóvar, legendarias tapas de discos del rock nacional de los 70 y por su labor en revistas internacionales como Vogue y Vanity Fair. Agotado por el trajín de las megaproducciones fotográficas de moda, de un país a otro, yendo y viniendo en camiones y camionetas con equipos y modelos que siempre hay que ir a buscar al aeropuerto, se hartó de todo. Y deseó: "Quiero estar en mi mesita de dibujo, haciendo mis pinturitas. Y ahora que tengo una cantidad de pinturitas para hacer que estoy pensando que era mejor lo otro. No, la verdad es que estoy superdivertido". Las pinturitas consisten en bocetos para la obra que le encargó Alan Faena, en la que debuta como muralista para el hotel Saxony de Miami.
A los 65 años habla de sus proyectos con brillo en los ojos y un afiladísimo sentido del humor. A su departamento, cercano a plaza San Martín, se accede por una calle oscura. Una vez arriba se baña de luz con vistas al río por un lado y al Edificio Kavanagh por el otro. Buenos Aires lo trae de vez en cuando. El año pasado presentó una colección de remeras, pañuelos y fundas inspirados en su obra pictórica Ciencias naturales, que se vendió en el local de su amigo Pablo Ramírez. En los próximos días tiene planes de volver para realizar una exposición en el cine Dante, de La Boca, centrada en sus trabajos para el séptimo arte.
¿Cómo es que trabajó durante tanto tiempo con Almodóvar?
Con Almodóvar llevo unas 18 películas, unos veintipico de años. Simplemente evolucionamos naturalmente de manera similar. Cuando éramos jóvenes todo era mucho más desfachatado, ahora es como una cosa un poco más pensada, más serena, más profunda. A él le interesa ahondar temas que tienen que ver con el drama. Supongo que en algún momento hemos tenido diferencias.
¿Son grandes amigos?
Tengo que decir que soy amigo de mis clientes. Porque además trabajo mucho. Es la única forma de tener amigos, porque si no, amigos por amigos, no tengo tiempo para verlos.
¿No se complica cuando hay amistad y trabajo juntos?
En mi caso siempre prefiero eso antes que trabajar con gente anónima.
¿Qué opina sobre las actuales revistas de moda?
Hay un problema grave de presupuesto en las revistas de afuera, acá mucho no conozco. Desgraciadamente la revista de consumo masivo va a terminar desapareciendo. Va en vías de extinción. Supongo que va a quedar un espacio para revistas muy exquisitas, muy personales, revistas independientes. Pero las revistas tienen cada vez menos presupuesto. Por eso usan fondo blanco, fondo gris en estudio, no hay escenografías como había antes. Yo trabajaba con decoradores, hacía que una foto fuera llamativa, distinta.

¿Qué buscaba proyectar en esas imágenes?
Mis fantasías. Como fotógrafo de moda tenía que nutrirme de lo que se estaba proponiendo. Me gustaba mostrar la mujer como mito. Una princesa rusa, una diva de Hollywood, una millonaria italiana de los años 50. Y eran un poco cinematográficas.
¿En qué consiste el trabajo para Alan Faena?
En el nuevo hotel de Miami me ocupo del diseño de los murales del hall de entrada, que es tan inmenso que se le llama The Cathedral. Estoy contento, porque parece el resultado de un museo de ciencias y un templo masón. Se suma una cúpula, el piso del hall que se realizará en mosaicos como los romanos.
¿Lo conoce hace mucho a Faena?
No. Lo conocí en la exposición Ciencias naturales. Vino y me compró obras. A partir de ahí empezó a encargarme cosas. En este momento estoy embarcado en un proyecto que no he hecho en mi vida y eso me excita. Los trabajos son bastante referenciales a Alan. Al mural le tuve que bajar el tono, porque estaba demasiado caliente, porque las autoridades competentes dijeron que había mucha teta. Viajo bastante seguido a Miami. Hablo de Alan como si fuera un Médici, un Miguel Ángel. Me dice pintame esto, pintame lo otro. Sí, Alan tiene algo como del Renacimiento, como un Borgia, un Medici.
¿Ya se hicieron amigos?
Ahora he pasado a ser hermano. Para trabajar es un tipo fantástico. Un proyecto como éste de Alan es regio porque no tiene límites.
¿Extraña Buenos Aires?
Hay cosas que extraño, pero como estoy viniendo bastante seguido… En general no soy nostálgico, a veces extraño a los amigos. A veces una medialuna, una milanesa napolitana.
¿Y de Miami qué le atrae?
Miami está viviendo un momento muy especial. Se está convirtiendo en el centro de arte de Estados Unidos. Art Basel, la feria de arte, es un hecho que ha cambiado bastante la fisonomía de la ciudad. Hay muchísimas galerías, la verdad. Y hay gente muy linda por la calle. Y eso que en la Argentina hay gente linda. Pero ahí está más expuesta. En Buenos Aires hay gente guapa sin querer, allá son guapos porque además hasta los feos se sienten guapos y te lo transmiten. Eso pasa también en Río de Janeiro. Ves a un tipo de 200 kilos y va encantado con sus rollos y no le importa nada.
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