
La alta exposición tiene sus costos, pero estoy dispuesta a pagarlos
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El 15 de septiembre de 2014 mi hija de 14 años decidió contarme que era abusada por mi esposo, padre de su hermano de 8 años y con quien convivíamos desde que ella tenía 2 años. Sho-ckeada por el relato y el llanto de mi hija, hice la denuncia en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) y allí mismo me otorgaron una restricción para mi hija, para mi hijo y para mí.
Ratifiqué la denuncia penal a los dos días y a partir de allí, el infierno. En la empresa en la que trabajaba me empezaron a hostigar con que si necesitaba tanto ir al juzgado y médicos para mis hijos, evaluara quedarme en mi casa. Me quedé sin trabajo y me dediqué a cuidar a mis hijos. A casi dos años, no logro que mi ex me pase alimentos.
Pasaba el tiempo y la Justicia no avanzaba. La familia de mi ex creía que estaba loca y, como en su entorno había muchos niños que para mí aún hoy están en peligro, decidí hacer un escrache público en Facebook y contarle al mundo quién era él.
Estaba angustiada y me sentía sola; la situación me desbordaba y creía que a la Justicia no le importaba mi hija. Un día se me ocurrió que, quizá, si lo hacía público, ayudaba a apurar los tiempos. Y así fue: cuando lo subí a Facebook supe que había hecho lo correcto. Así como la Justicia tenía sus tiempos, mis hijos y yo y toda la sociedad tenía otros mucho más urgentes. Después de subir mi historia a las redes, mucha gente lo vio y estuvo dispuesta a compartir y a decir que también le había pasado algo parecido. Y yo ya no me sentí tan sola.
Si bien las redes fueron creadas para momentos de relax, hoy son un instrumento de denuncia fundamental. Tuiteás algo o lo subís a Facebook y a los cinco minutos se enteró todo el mundo de lo que pasó. Si bien la finalidad de subir mi historia a las redes fue en principio informar y advertir a la gente cercana a mi ex, no hay dudas de que la condena social también ayuda a sentir un poco de paz.
Ninguna persona quiere saber que dentro de su círculo íntimo y de confianza hay un pedófilo o un abusador. ¿Quién quiere pensar eso de un familiar? Nadie. Pero yo en lo personal creo que son temas que hay que hablar, debatir y desmitificar entre todos. Es imposible que los niños sostengan una mentira en la cámara Gesell y puedan engañar al cuerpo médico forense.
La alta exposición puede tener sus costos, pero sinceramente no creo que haya costos que no esté dispuesta a pagar por que se sepa la verdad.
Madre de una niña abusada
Sara Carina Barni






