
La aventura de ser argentino
"Más que un libro, es un alivio", dice su autor. En Crónica loca. De las maravillas, rarezas, curiosidades y misterios de los argentinos (El Ateneo), Víctor Sueiro bucea en historias que explican, de algún modo, cómo somos en este país
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San Martín era un gran guitarrista y se reunían a escucharlo. El inventor del bastón blanco para ciegos fue un argentino. La bellísima y angelical Valeria Mazza era famosa en el secundario por sus poderosos eructos. Sarmiento decía que en el Parlamento no debía haber negros, ni pobres, ni gauchos. Carlos Gardel fue mantenido por una hermosa francesa que regenteaba un prostíbulo en la calle Viamonte. Cacho Fontana presentó un día por tele «el Ana María de Schubert». Los argentinos nos comemos doce millones de vacas por año, el apellido más común entre nosotros es Fernández y somos catorce millones los usuarios de Internet. A Eva Duarte le decían Chola cuando era chiquita y, luego, Negrita, como la llamaba Perón. Hace ciento cincuenta años, el 30% de los argentinos eran negros. Rivadavia no es la calle más larga del mundo ni en chiste y el presidente de ese apellido era conocido como El Mulato y maltrataba a su esposa.”
Esto cuenta Víctor Sueiro en el prólogo de su nuevo libro, Crónica loca. De las maravillas, rarezas, curiosidades y misterios de los argentinos, que en estos días llegará a las librerías. Y agrega:
“Todo esto es rigurosamente cierto y está desarrollado en las páginas que siguen junto a muchos cientos (no exagero) de personajes, hechos, datos y secretos de los argentinos desde 1810 hasta 2007. Es posible que algunos de ustedes conozcan ciertos hechos que aquí se cuentan, pero puedo asegurarles que no los encontrarán así, todos juntos, en ningún otro sitio. Impresionan.
“Este no es un libro de historia, por supuesto. Es un libro de historias. Divertidas, asombrosas, inesperadas, emocionantes.
“Estas páginas no juzgan a nadie. No tienen ningún matiz político porque quieren ser para todos. He omitido a conciencia algunos hechos trágicos y dolorosos. Los dejé afuera porque no son maravillas ni rarezas ni curiosidades ni misterios; algunos son puñales hechos de memoria, otros son desatinos trágicos; todos son dolorosos. Y, además, porque deseo que esto no abra heridas, sino que sirva para aliviarlas. Tomen este librito como un recreo. Una tregua. Un alivio.”
Furcios, papelones, lapsus…
En radio
“Hugo Zamora, un muy buen locutor, tal vez no había desayunado ese día de la década del 50 y habló el apetito en lugar de él cuando, frente a los micrófonos de Radio Nacional, anunció con voz de circunstancia, como era de rigor: «A continuación vamos a escuchar el primer acto de la ópera Manón de Terrabusi». Un bombón. O una galletita.”
En teatro
“El Tenorio y la compañía de José María Vilches. Había un personaje que hacía su aparición y encarando al protagonista le espetaba, burlón y agresivo: «¿Y éste es el valor, Tenorio, del que blasonas?». Pero andaría medio cruzado, porque dijo: «¿Y éste es el tenor, Valorio, del que blasonas?». Para él, aquello era el Don Juan Valorio. Telón.”
En televisión
“Antonio Carrizo, un maestro, es uno de los mejores conductores y animadores en la historia argentina de la radio y la televisión. Pero hasta los mejores le pifian. Una noche de 1979, frente a las pantallas de Canal 11 y en un programa especial que se emitía en vivo, mi querido Tony anunció con toda su euforia, que no es poca, y remarcando cada palabra, a la estrella de ese show: «¡Antonio Tormo!». Precioso. Lástima que era Antonio Prieto.”
En otros ámbitos
“Los Fronterizos, notable grupo folklórico, había popularizado hace unos cuarenta años un tema llamado El indio muerto. En una ocasión hicieron una gira que los llevó a Neuquén, donde se los recibió con mucho cariño, como en todas partes, y los homenajearon generosamente. Entre esos tributos, un cuarteto del lugar encaró cantar para ellos, como un reconocimiento, aquel famoso tema. Todo muy lindo, salvo un detalle. En un punto de la canción, la letra dice: «Ha muerto el indio poeta, silencio le hacen los erkes». Pero ocurre que en el sur poca idea podían tener del erke, que es un instrumento nativo del norte del país. De allí el memorable error cantado por los bien dispuestos neuquinos, quienes, muy sueltos de cuerpo y convencidos de que la cosa era así, entonaron: «Ha muerto el indio poeta, silencio no se le acerque». Dulce.”
Anónimos célebres
“La pulpera de Santa Lucía: Héctor Blomberg y Enrique Maciel son los autores de este famoso tema que escribieron en 1928. «Era rubia y sus ojos celestes alumbraban la gloria del día, era rubia y con ojos celestes, la pulpera de Santa Lucía». No lo aceptaron los mejores productores de la época. En 1929, un año después del fallido intento de estrenar el tema de Blomberg y Maciel, uno de los cantores más importantes de la historia del tango y exitoso intérprete por entonces, Ignacio Corsini, tomó el tema, le gustó y, sin decir nada, lo estrenó en un programa en Radio Prieto. Seis meses más tarde, todos lo tarareaban, y se vendieron más de cien mil discos de ese infortunio cantado. Pero volvamos a la pulpera aquélla, de quien dice la letra del famoso vals: «Era flor de la vieja parroquia. ¿Quién fue el gaucho que no la quería? Los soldados de cuatro cuarteles suspiraban en la pulpería». Cosa seria, la chica. Existió y fue muy asediada por su belleza y su ternura. Un policía y un payador, en el siglo XIX y en esos lares, se disputaron a la dama incluso a punta de facón. Nunca la nombraron hasta aquí: se llamó Ramona Bustos, era muy bonita y recatada, también era rubia y con ojos celestes. Y era pulpera, claro. De Santa Lucía, por supuesto.”
Los primeros
“La primera vez que se cantó el Himno de manera oficial fue en la Casa de Comedias, en Buenos Aires, el 25 de mayo de 1813. Quienes lo entonaron debieron leer cada verso con una copia del poema, ya que aún no tenían memorizada la letra.”
Argentina, mi amor
“Datos precisos del país. Por ejemplo, que somos 38.591.828 habitantes; 18.898.150 varones y 19.693.678 mujeres; que hay 121.076 médicos en todo el territorio; que somos el octavo país del mundo en cuanto a extensión; que hay 32 millones de celulares y más de 14 millones de usuarios de Internet o que el apellido más común en la Argentina es Fernández. Estos y cientos de datos más.”
Personajes maravillosos
“Entre ellos, la historia detallada del inventor del bolígrafo, la dactiloscopia, el colectivo, la quiniela, el bastón blanco para ciegos, la transfusión sanguínea y, claro, el ejemplo que sigue.
El dulce de leche
“El 24 de junio de 1829, el general Juan Lavalle y el brigadier general Juan Manuel de Rosas firmaron lo que se llamó Tratado de Cañuelas. Ambos, enemigos políticos y militares, parecían haber comprendido que era necesario detener tanta matanza entre hermanos.
“El 17 de julio de ese año, Lavalle llegó una vez más a la estancia de Rosas en Cañuelas para arreglar con su antiguo rival algunas cuestiones pendientes. Había cabalgado durante largo rato y estaba físicamente agotado. Miró a su alrededor y se dejó caer en un catre de campaña que estaba cerca suyo, a pasitos de unas ollas donde las mujeres del servicio solían preparar sus platos. En instantes, Lavalle se quedó dormido boca arriba, roncando con entusiasmo. Casi enseguida llegó al lugar una sirvienta mulata de físico robusto que, sin advertir bajo aquel árbol al general en reposo, comenzó a preparar lo que se llamaba “la lechada”, leche caliente con azúcar que sería usada luego para el mate. Revolvió un par de veces el líquido espeso y blanco pero, de pronto, un ronquido más profundo la sacó de su tarea. Su sorpresa fue grande cuando vio en el catre de su amo, don Juan Manuel, al mismísimo demonio enemigo, el general Lavalle. Corrió a buscar ayuda para reducir al presunto invasor, quien seguía durmiendo como un angelito. Volvió de inmediato con varios seguidores armados con palos y tridentes, pero afortunadamente quiso el destino que también llegara al sitio don Juan Manuel. Al presenciar la escena se rió, detuvo a su gente, les ordenó que lo dejaran dormir hasta que despertara solo y guay del que lo molestara.
“Todos se fueron calladitos, incluyendo a la mulata robusta. Mientras tanto, la lechada siguió en el fuego, sin que nadie se acordara de ella. Al despertar Lavalle, le avisaron a Rosas, que fue a recibirlo, y recién entonces advirtieron que la lechada seguía hirviendo. Alguien se acercó y la sacó del fuego. Alguien olió un aroma delicioso. Alguien no aguantó la tentación de probar esa cosa marrón y espesa. También Rosas y Lavalle saborearon un poco como si fuera un brindis. Y les encantó. Ese 17 de julio de 1829 había nacido el dulce de leche. En Argentina, históricamente, podemos discutir y pelear por muchas cosas, pero la comida nos une, no hay nada que hacerle. Y mejor no hacerle nada.
“Otros personajes maravillosos son Juan Baigorri Velar, «el hombre que hacía llover»; José Gabriel Brochero, «el cura gaucho»; Vito Dumas, «el navegante solitario»; el «inventor de los alfajores marplatenses»; «el alemán que venció a la ruleta de Mar del Plata» o Benjamín Solari Parravicini, el aristócrata bohemio que profetizaba con dibujos.”
Los indefinibles
“Es muy curioso el peso del nombre Juan o Juana en la vida de Eva Perón. Su padre era Juan Duarte; su madre, Juana Ibarguren; la partera fue Juana Rawson; su único hermano varón fue Juan Duarte; su esposo era Juan Perón, cuya madre, suegra de Evita, era Juana Sosa. Y, como si fuera poco, el coronel y ella se conocieron en una función en el Luna Park a beneficio de los afectados por el terremoto de San Juan.
“Carlos Gardel tuvo una etapa, en 1916, en la que llegó a pesar 118 kilos. Hay fotos, pero a nadie le gusta ni siquiera mostrarlas. Su plato favorito eran las albóndigas con spaghetti, y se le hacía agua la boca sólo con mencionarlas. También el puchero, especialmente el del
desaparecido restaurante El Tropezón, cuya mesa número 48 estaba siempre reservada para él. Cuarenta y ocho, sí. Comía con ganas y, sin embargo, cuando él mismo decidió su dieta, solía elegir algo rarísimo: corazón de lechuga con salsa de mayonesa y un café con leche grande. Su voluntad y entender que un artista debe cuidar también lo físico lo hicieron adelgazar rápidamente. El método para llegar a lo que luego vimos luciendo pinta por el mundo fue sencillo: cuidarse en las comidas y, sobre todo, hacer gimnasia diaria muy estricta. Solía ir al gimnasio de la Asociación Cristiana de Jóvenes.”
Mal de amores
“Seis terribles historias de amor de personajes conocidos, con detalles románticos pero estremecedores. Y un diálogo didáctico y divertido con el doctor Omar López Mato, una eminencia médica que ama la historia, en especial la secreta. Aquí, por ejemplo, un fragmento de la charla en la que se aclaran ciertas dudas.
–Belgrano se pescó la sífilis cuando era muy joven, unos 25 años… – cuenta.
–Buen comienzo, pero suena duro. Uno imagina que gente como él tiene solo enfermedades heroicas… –arriesgo.
–Bueno, pero hay que pensar que en esa época, principios del siglo diecinueve, uno de cada cuatro hombres tenía sífilis, era muy común.
–¿Y Belgrano se la contagió a medio mundo?
–No estoy seguro de eso. Una de las formas en que se combatía la sífilis era logrando temperaturas altas en el paciente. Belgrano tuvo paludismo, que hacía que le subiera mucho la temperatura y que, seguramente, lo curó de la sífilis sin que él mismo supiera cómo.
–Un tipo de cada cuatro… ¿No tenían cómo prevenir eso?
–Sí tenían. Desde 1720 ya existía lo que sería el equivalente a un profiláctico. Estaban hechos con tripa, con lo que llamamos chinchulines.
–Para qué te habré preguntado. No me des más detalles, por favor.
–Bueno. También forma parte de la historia. ¿Qué querés saber?
–¿Qué se sabe de la vida sentimental de Belgrano?
–Mirá… Belgrano, en 1812, por ahí, empieza a frecuentar a la que era la cuñada de Rosas, Josefa Ezcurra. Ella había estado casada con un Ezcurra que, cuando vio cómo venía aquí la cosa, no quiso saber nada y le dijo que se iba a España. Josefa respondió que ella no y él la liberó de todo compromiso para que hiciera lo que quisiera, todo en muy buenos términos. Bueno, Josefa y Belgrano empezaron a frecuentarse y ella quedó embarazada de él…
–Se frecuentaron bastante.
–Así es. Para no provocar escándalo, ella se fue con su embarazo a Rosario, dio a luz allá y volvió a Buenos Aires. Ese hijo fue Manuel Belgrano y Rosas. A ese chico lo crió Juan Manuel de Rosas. Recién cuando fue mayorcito, diecisiete o dieciocho años, Rosas le dijo: «Tu padre es Manuel Belgrano». Aparentemente, nunca supo que Josefa era su madre, creció convencido de que era su hermana. Luego sería coronel y tendría 21 estancias en Tandil. Don Juan Manuel lo protegía mucho. Ese fue el primer hijo de Belgrano…
–¿El primero? Quiere decir que hubo más…
–Una niña. Después de la Batalla de Tucumán, Belgrano conoce a una señorita que tendría dieciséis o diecisiete años, María Dolores Helguera, que era de una familia bien avenida de la sociedad tucumana. Tienen un romance y una hija, Mónica del Corazón de Jesús de Belgrano.
–Curioso lo de este prócer notable. ¿Por qué no se habla de las mujeres de Belgrano? ¿Por qué algunos sonríen con estúpida suspicacia al hablar de él y su vida amorosa? En realidad, no sé por qué se lo pregunto a ustedes; mejor intento con mi amigo Omar.
–Dos romances apasionados y dos hijos… ¿de dónde sale esa historia ruin que corre el rumor de que Manuel Belgrano era… no sé, afeminado?
–Lo que ocurre es que era, simplemente, bien educado. Un chico muy fino que no estaba acostumbrado a los rigores de la guerra. Un hombre de salón, un abogado de buenos modales. Sería general y aceptaría la Campaña del Norte demostrando un coraje enorme y un gran sentido de sacrificio porque otros que eran generales se resistían a ir. Belgrano abandonó su carrera y su vida social porque sintió que debía hacerlo; ésta es la verdad. A Tacuarí va con setecientos soldados a enfrentar a cinco mil.
–Es decir que no sólo no tenía nada de afeminado, sino que era un hombre con los pantalones bien puestos.”
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Frases inolvidables
“El que apuesta al dólar pierde”
Lorenzo Sigaut, ministro de Economía.
Fue en 1981. En ese año el dólar, que costaba 2 pesos, terminó costando 10.
“Ay, patria mía”
Manuel Belgrano, abogado, general.
Fueron las últimas palabras que pronunció el creador de la Bandera argentina antes de dar su último suspiro. Tal vez también veía el futuro. A nosotros.
“¿Alguno de ustedes vio alguna vez un dólar?”
Juan Domingo Perón, presidente de la Nación.
En los inicios de su primera presidencia, mientras se hablaba mucho del dólar, dijo esta frase despectiva e irónica. En esa época, en verdad, muy pocos habían visto un dólar. O un peso, un guaraní, un real, una libra, un sol...
“Trabajaremos las 24 horas del día y, si es necesario, de la noche también”
Herminio Iglesias, candidato a gobernador de Buenos Aires.
Debió agregar que eso corría para hombres, mujeres y, si es necesario, para los demás también. Quiso enfatizar. No digan que no es una frase adorable.
“Que Dios los bendiga”
Era el saludo final casi habitual de Carlos Menem mientras fue presidente. Pero en una ocasión, en Anillaco, cometió un gracioso error. Levantó su mano, saludó, sonrió como siempre y les dijo, y nos dijo a todos:
“Que Dios los ayude”
El que avisa no es traidor.
“¡Piluso… la leche!”
El programa El Capitán Piluso, protagonizado por Alberto Olmedo y su amigo y compañero Humberto Ortiz (Coquito), comenzó en 1961. En un momento dado se escuchaba, siempre en off, una voz femenina que decía: “Piluso… la leche”. Esa frase es absolutamente inolvidable para muchos, ya que el programa duró, con altibajos, veinte años. Quien la pronunciaba era Inés Jaroslavsky, hermana de Judith, la primera esposa del Negro Olmedo.
“¡Fuerte el aplauso!”
Nicolás “Pipo” Mancera, periodista, conductor.
Pasaron décadas desde la última vez que pronunció esa frase, pero desde entonces la han repetido decenas de animadores de TV, sin pudor. Y nosotros, en lo cotidiano, para halagar a alguien o con tono irónico ante un hecho repudiable.





