
La cama revuelta de los años dorados
Ángela Barnett conoció a David Bowie a los 19 años. Un año después, en 1970, ya estaban casados y con un hijo en camino. Juntos formaron una de las parejas más míticas de la historia del rock y Bowie dedicó a esa unión, que duró poco más de una década, dos temas: The Prettiest Star (La estrella más bonita) y Golden Years (Años dorados). El matrimonio creció durante los años más ambiguos del músico, cuando se sumió en la piel de uno de sus personajes más emblemáticos y transgresores, Ziggy Stardust, el extraterrestre andrógino que bajaba a la Tierra. En una época en que nadie más lo hacía, Bowie había decidido jugar con su ambigüedad sexual y escandalizar un poco. Probablemente, si hubiera seguido viviendo en Brixton, no lo hubiera hecho, pero ahora era una estrella en el firmamento de la música y su creatividad artística parecía no tener límites. La casa de la pareja, en la calle Oakley del distinguido barrio de Chelsea, se fue llenando de leyenda. Por allí pasaban los músicos más importantes de la época, mientras David y Angela vivían en una nube de fantasías que a menudo desembocaban en fiestas sexuales. Uno de los más asiduos visitantes era Mick Jagger.
Ambas estrellas empezaron a compartir el tiempo. Se los veía juntos en la disco Tramp, de Londres, o a la salida de un combate de Mohammed Ali. Por aquellos días compartieron también a Angela, con quien el líder de los Rolling Stones parecía estar obsesionado. Pero el vínculo entre los tres comenzó a enfriarse un día de 1973 cuando ella regresó a la casa y la mucama le señaló que alguien estaba en la cama con Bowie. Era Jagger.
Ese año los Stones grabarían uno de sus temas más famosos, Angie, y aunque Jagger declaró que el nombre lo puso Keith Richards, cuya hija también se llama Angela, la mujer de Bowie, y los historiadores, siempre sospecharon que aquella letra fue un homenaje a aquellos años de locura y amor prohibido.
Los excesos continuaron un tiempo más hasta que Christopher Isherwood, el escritor en cuyas memorias de juventud se inspiró el guión de Cabaret, le sugirió a Bowie mudarse a Berlín para salvarse. Ziggy Stardust desapareció tan rápido como llegó y Bowie mutó a otro personaje menos ambiguo: el Duque Blanco. El matrimonio no duró muchos años más.
Al morir Bowie, hace tres semanas, Angela Barnett, de 66 años, se encontraba participando de la versión inglesa del reality Gran Hermano. "No lo había visto en muchos años, no puedo hacer un gran drama –dijo–, pero siento que se ha terminado una era". Jagger, de 72, también evocó el pasado al comentar la noticia. "David siempre fue una inspiración para mí. Teníamos tantos buenos momentos juntos. Nunca lo olvidaré".
Cuando a mediados de mes hacíamos esta edición dedicada a la llegada, esta semana, de los Rolling Stones al país, nos sorprendió, como al mundo entero, la elegante partida de Bowie. Lo que era un homenaje a una de las bandas más grandes se convirtió en una evocación a toda una época, su estilo y su sentido.
Tal vez en los próximos días Jagger volverá a cantar entre nosotros aquello de "Angie, Angie, no llores, todos tus besos aún saben dulces", y muchos entonces pensaremos en silencio en el genio que ahora está otra vez con las estrellas.






