
Anclada en París, una cantante argentina construye un repertorio que une pop, música latina y chanson francesa.
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Por Walter Lezcano
Hija de un padre médico –amante de la música latinoamericana– y de una madre diseñadora de modas –amante del rock internacional–, la infancia de Natalia Doco estuvo plagada de una dualidad lingüística, lo propio y lo ajeno, que le hizo descubrir un universo de sonidos que luego utilizaría para construir sus canciones.
Sus primeros recuerdos con el canto son como corista al lado de su padre. Tenía 4 años, utilizaba el living de su casa como escenario y su mamá ya era su fan: "Siempre fuimos una familia muy musical", dice Natalia. Pero a los 10 años sus padres se separaron y las cosas cambiaron para siempre: "Se fue todo a la mierda", cuenta entre risas.
Natalia siempre estuvo segura de que se iba a dedicar a la música pese a la resistencia de sus padres, que esperaban otro futuro para ella. Durante la adolescencia las banditas se sucedieron sin suerte. Mientras tanto se fortalecía un sueño concreto ("estar al frente de una banda") y otro más utópico: "ser extranjera en muchos países". Destinó esos años a tratar de concretar estos dos objetivos.
Una vez que terminó el secundario se fue a México a cantar en la banda de un amigo. Fue su primera experiencia profesional y encima lejos de casa. Ella lo tomó como parte de su aprendizaje. Luego regresó a Buenos Aires para intentar vivir de la música pero terminó viviendo de la actuación en publicidades: "Eso me generó mucha contradicción entre mis planes para la vida y las cosas idiotas que me hacían decir. En un momento, no lo soporté más y lo dejé".
Un viaje de vacaciones por Europa fue la solución a todo: al amor y a la concreción de vivir de la música. "En París me enamoré y me quedé a ver qué pasaba". Lo que pasó fue la publicación de su primer EP, Freezing, y su primer disco, Mucho chino, a través del sello Belleville Music. Son trabajos que muestran a una cantante de una voz dulce y encantadora que, como si fuera una mezcla entre Julieta Venegas y Zaz, combina pop, aires latinos y una romántica aura parisina, acompañada por una instrumentación y por una sonoridad que la rodean como si intentara cuidarla. Pero no se trata de sobreprotección, sino de darle el lugar que se merece.
El año pasado salió su segundo EP, Respira. Y en estos momentos se encuentra trabajando en su segundo álbum con alguien a quien admira profundamente: Axel Krygier. Por eso regresó a su país de origen: "Quería hacer todo acá: el arte de tapa, los videoclips, la grabación, y capturar el ambiente porteño". Después de muchos fracasos, Natalia concretó algunos de sus sueños: está al frente de su propia banda, es extranjera en Francia y viaja por el mundo tocando en grandes festivales y mostrando su música. Este año planea seguir por la misma senda.
MINIBÍO
Nació un 6 de septiembre de 1982, en Buenos Aires. Al terminar la secundaria, empezó la carrera de músico profesional en la Escuela de Música de Buenos Aires, donde conoció a quienes integrarían Sonika. Además, comenzó a cantar en bares, acompañada por su guitarra. Participó en el reality Operación Triunfo, donde obtuvo el séptimo lugar entre veintidós participantes. En 2005, fue convocada por el productor Ricardo Flores para ser la cantante de Manaus, en México, donde se radicó por tres años. Realizó giras por todo el país. En 2007 estudió actuación y protagonizó un cortometraje. En 2009 regresó a la Argentina. Luego viajó a Francia y firmó para el sello Belleville Music. Su flamante segundo EP, Respira, salió en 2015.
Territorios
México
Venezuela
Norte argentino
Sri Lanka
Cantantes
Axel Krygier
Lhasa de Sela
Chavela Vargas
Elis Regina






