
La fama a cualquier precio
Robert De Niro protagoniza 15 minutos , el thriller de John Herzfeld que se estrenará el jueves próximo y que pone en jaque el papel de los medios en la difusión de hechos violentos
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La tentación de convertir las noticias en un espectáculo es el problema más grave de la televisión contemporánea", planteó Constantin Costa Gavras en el estreno de El cuarto poder, la película que volvió a poner en tela de juicio el papel del periodismo. Con la llegada a los cines -el jueves próximo- de 15 minutos, de John Herzfeld, los medios otra vez serán protagonistas.
Para diferenciarse de la larga lista de películas que alguna vez se metió con el cuarto poder, Herzfeld explotó la veta de los 15 minutos de fama, esos que Andy Warhol anticipó con la frase "en el futuro, todos serán famosos por 15 minutos".
Frente a este juego, por momentos morboso, que asegura buen rating, dinero y poder, Herzfeld se sumergió en una historia, -que él mismo escribió-, en la que entrelaza la acción con el humor negro, e incisivos comentarios sociales, acompañado por una banda de sonido que incluye temas de Moby, Prodigy y una versión del clásico Fame, a cargo de God Lives Underwater.
Lo que impulsó al director de Nadie vive demasiado a meterse en un relato capaz de generar polémica, fueron dos interrogantes: ¿Qué tan lejos puede llegar la gente por obtener 15 minutos de fama, y hasta que punto el público está dispuesto a participar?
Como si fuera un viaje multimedia por la ciudad de Nueva York, Robert De Niro se mueve como el detective de homicidios superestrella, Eddie Flemming; y Edward Burns, como Jordy Warsaw, el investigador rival. Juntos deberán seguir de cerca a un par de asesinos de Europa del Este (Karel Roden y Oleg Taktarov)en un desenfrenado recorrido por la Gran Manzana, a la vez que discutirán si es necesario o no que lo medios se sumen a esta búsqueda. Lo que no sospechan, es que estos criminales descubrieron el poder de las cámaras de televisión para convertirse en las nuevas estrellas mediáticas y poner en jaque a la prensa misma y al sistema judicial con la difusión de cada crimen. Entre la sed de conocer la fama y llegar a los canales hay un sólo nexo: el ambicioso Robert Hawkins (Kelsey Grammer), un periodista capaz de vender el alma al diablo para obtener una buena historia. Los momentos más impactantes de 15 minutos son vistos a través de la cámara portátil de unos de los implicados, quien graba y reproduce gran parte de la historia, convirtiéndose -a diferencia de Nico Reppetto en la cocina-en un frío observador de los sucesos más horribles.
El show debe continuar, pase lo que pase y cueste lo que cueste.
Una pelea con historia
A lo largo de su historia, la pantalla grande se metió con los medios, puso en el foco la manipulación de la información y anticipó el boom de los reality show. Estos son sólo algunos de los títulos que se animaron a poner el dedo en llaga.
Tanto de The Truman Show , de Peter Weir; EdTV , de Ron Howard y Muerte en directo , de Bertrand Tavernier, se metieron con lo que más tarde conoceríamos como Expedición Robinson , El gran hermano y El bar . La mirada sin anestesia sobre la manipulación de los medios llegó de la mano de películas como El ciudadano , de Orson Welles; Network, poder que mata , de Sidney Lumet; Caballero sin espada , de Frank Capra; de algunas forma Mentiras que matan , de Barry Levinson y Cadenas de roca , de Billy Wilder, que más tarde tuvo su versión a lo Costa Gavras en El cuarto poder .
En la misma línea también se estrenaron El diario , de Ron Howard; Detrás de las noticias , de James L. Brooks; Héroe accidental , de Stephen Frears y Asesinos por naturaleza , de Oliver Stone. Es cierto que alguna vez los periodistas también fueron héroes gracias a Todos los hombres del presidente , de Alan J. Pakula; El año que vivimos en peligro , de Peter Weir; y Los gritos del silencio , de Roland Joffe.






