La fiesta de egresaditos, una moda de alto presupuesto
La transición del jardín a la primaria se festeja a lo grande: no bastan el acto escolar y el brindis en la salita
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Es su primer logro académico. Al menos, así se vive y, sobre todo, así se festeja. La remera de egresaditos, la toga, el gorro y el diploma ya son un clásico en muchos colegios privados de la ciudad de Buenos Aires. Pero la gran celebración se realiza puertas afuera de la escuela. Y los padres -en nombre de sus pequeños- son los que organizan todo.
No basta con el acto escolar y el brindis en la salita. Hoy, la transición del preescolar a la primaria se festeja a lo grande, con salón, animación y catering. No faltan los videos emotivos, el fotógrafo y hasta el alquiler de una cabina de fotos para que todos se lleven de recuerdo un divertido souvenir. Como en una miniversión de lo que podría ser la graduación de la escuela secundaria. O como si los 5 -en cuestión de festejos- fueran los nuevos 15. El fósforo lo tira alguien en el WhatsApp de las mamis del jardín y la llama se enciende en segundos. La cosa no es fácil: la fiesta de egresaditos implica organizar un evento para unas cien personas.
El primer paso. Hay que ponerse de acuerdo con la fecha, y es no es tarea sencilla entre unas treinta mujeres. El segundo paso: dónde. Hay que votar entre un salón, el quincho de un club o el house del country de algunas familias. Qué tipo de animación contratar es otro de los ítems que genera demasiadas propuestas e intercambios. Y el catering, con menú para niños y adultos. Porque al igual que en cualquier otro tipo de evento, como un casamiento, una fiesta de fin de año o una de 15, la graduación de egresaditos requiere de planificación, contratación de proveedores (con seguro y ART incluidos), tiempo, dedicación y un alto presupuesto, con un promedio –variable según el nivel socioeconómico del grupo– que va entre los 30.000 y los 45.000 pesos. Es decir, unos 1200 o 1500 pesos por familia.
Noviembre y diciembre, en coincidencia con el cierre de esa primera etapa escolar, son los meses más agitados. Lo sabe el mago Ángel Fresh, más conocido como Ángelo en el ruedo de animaciones infantiles, que en lo que va de este mes ya animó unas diez fiestas de egresaditos. "Con los jardines de infantes se trabaja mucho en esta época del año. Son eventos muy alegres y también muy emotivos. Para los chicos es como un cumpleaños, y para los padres un momento especial. Por eso el show es bien familiar, para que disfruten todos."
Todos: egresaditos, hermanos y padres. Y en esos distintos grupos etarios piensan también las empresas de catering. Porque eso de "cada uno lleva algo para compartir" tiene cada vez menos vigencia. Algunos grupos lo siguen implementando, pero los más sofisticados, a tono con la importancia que le dan al festejo, deciden contratar este tipo de servicio, con vajilla, camareros y mesa dulce incluida. "Año tras año tenemos cada vez más grupos de escuelas que nos contratan. Es un nuevo nicho que fue creciendo. Como suele haber unos 40 chicos y otros 80 adultos, también más, la idea es dividir el menú en dos propuestas, pero siempre con la idea de que pueda comerse sin cubiertos, bien sencillo. A veces nos llama directamente una mamá, y algunas veces fue a través de un organizador de eventos –cuenta Marina Ini, socia de Victoria y Julieta Landany en Copetín Catering–. El valor promedio del servicio que ofrecen ronda los 150 pesos por niño, y alrededor de 230 pesos por adulto.
Todo por chat
Hace casi diez días, los preescolares del colegio Saint Gregory’s College, en Vicente López, tuvieron su fiesta de egresaditos. La organización estuvo a cargo de un grupo de madres, pero la colaboración, insisten sus protagonistas, fue de todo el grupo. "Como soy una de las room mother (voluntaria que se encarga de todas las tareas administrativas y de organización del grupo) me ocupé bastante de planificar la fiesta", cuenta Luciana Dubin a la nacion, y quien considera que las posibilidades que ofrece la conexión por chat es una de las razones por las cuales se fomentan tanto estos eventos.
"La comunicación entre el grupo de madres es muy fácil. Una tira una idea al chat y enseguida el grupo responde. Pero lo que todas queríamos era que nuestros hijos notaran que la fiesta había sido preparada exclusivamente para ellos. Que se sintieran agasajados. No era la intención juntarnos una tarde a saltar en un inflable. Tenía que ser algo especial".
A pura organización
Y así fue. La fiesta se realizó en el clubhouse del country de una de las familias de la sala, y Dubin admite que decidir la fecha fue una de las cuestiones más difíciles. Superado ese primer desafío, se asignaron tareas y se repartieron roles. "Algunas de las profesiones de las madres ayudaron bastante. Como una es ambientadora, por ejemplo, se encargó de decorar todo el salón. Para eso, le habíamos pedido a los chicos que cada uno se dibujara en un papel, y con esos trabajos se diseñó la estampa de una tela con la que se confeccionaron camperas, cartucheras como souvenirs y que también se utilizó para distintos espacios decorativos –cuenta otra de las organizadoras y madre de dos hijas, Florencia Stivelmaher–. Como yo fui productora de televisión, me ocupé de los videos, y para que no sea un incordio de tiempos decidimos ir los padres al cole un sábado por la mañana y resolver todo ahí. Bailamos, cantamos, hicimos bailar a las maestras, a la directora y hasta al portero, y después me encargué de editar el material. También había un segundo video con el backstage de esa filmación y otro tercer video que era un clip de fotos sobre el paso de los chicos por el jardín. Estuve más de un mes editando y finalmente quedó genial, los chicos estaban fascinados."
Nadie puede poner en duda la diversión en una fiesta de esas características. Pero algunos expertos ponen en tela de juicio la magnitud que, a tan temprana edad, se le asigna a tales eventos. Laura Vázquez es psicóloga y madre de un niño de 5 años que, hace apenas una semana, también tuvo su fiesta de egresaditos. "En estos últimos años se ha cambiado el paradigma de lo que significa terminar el jardín. Siempre fue visto como un gran paso comenzar la escuela primaria, pero allí estaban concentrados los primeros logros académicos. Creo que hoy se festeja el fin del preescolar como una necesidad social de época de un determinado nivel adquisitivo. El problema no es el festejo en sí, que podría ser un pic nic en una plaza, sino la magnitud que se le asignan a esos eventos. La realidad es que los chicos no tienen puesta su expectativa en una fiesta de graduación. La motivación es de los padres."
Dubin reconoce que, en algún momento, muchos padres se plantean un mismo interrogante: "Y si ahora organizamos todo esto, ¿después cómo sigue, qué nos queda para más adelante?"
Bárbara Mendoza tuvo su primera fiesta de egresaditos del Colegio San Lucas la semana pasada. "Con mi hijo mayor, que hoy tiene 9 años, no sucedió esto. Es una tendencia que tiene pocos años. Y yo creo que está bien en la medida en que sea algo sencillo, sin exageraciones. Que haya una linda animación y que los chicos la pasen bien. En nuestro caso, fue en un quincho de un club donde una de las mamás era socia. Y contratamos a un mago cono animación. Un niño de 5 años no espera nada más, con eso es más que suficiente."
Florencia Stivelmaher, que sí había pasado por esta experiencia con su hija mayor, agrega: "Nuestra fiesta no tuvo mucho más de lo que hay en un cumpleaños. Y entre tanta gente el presupuesto es mucho menor. Pero claro, termina siendo un evento para cien personas, o más, entonces requiere otro tipo de organización. Para nosotros fue una tarde inolvidable. Los chicos estaban contentos, disfrutaron de todo lo que habíamos preparado para ellos. Y a nosotros nos quedó la satisfacción de verlos felices. Ahora hay que esperar hasta séptimo grado".






