La generación pop vuelve a coquetear con el afrofuturismo

Mitología, realismo mágico, tecnología y ciencia ficción se combinan para crear un concepto hoy de moda en la estética músical y la moda
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24 de diciembre de 2016  

NUEVA YORK.- En la edición de septiembre de la revista W, Rihanna apareció cubierta de diamantes y papel metálico con el nombre de Tomorrow, reina guerrera del espacio y defensora de los desposeídos.

Un mes más tarde, en la ceremonia de los MTV Video Music Awards, Boyencé decidió proyectar una onda astral parecida: se plantó sobre el escenario flanqueada por dos hileras de escoltas y luciendo una capa de armiño blanca, cual diosa galáctica.

En noviembre, en el programa "Saturday Night Live", su hermana de piel Solange Knowles lució un tocado con forma de reloj de sol cubierto de estrás y apretadas trenzas, como una aristócrata de un planeta lejano.

Cada una de ellas y a su manera, son íconos del "afrofuturismo", un género social, político y cultural que proyecta a viajeros espaciales, guerreros y héroes afroamericanos sobre un paisaje fantasy donde siempre ha prevalecido mayormente el americano blanco.

Reconocible para algunos, misterioso para otros, el término "afrofuturismo" remite de manera laxa a una improbable fusión de elementos inconexos: los egipcios y otras mitologías no occidentales, el misticismo y el realismo mágico afrocéntricos, la tecnología moderna y la ciencia ficción. Concepto sobrecargado si los hay, el afrofuturismo cobró impulso durante este año, abriéndose paso hasta la pista central de la cultura pop a través de esa interconexión que existe entre los mundos del entretenimiento, el arte y la moda.

El afrofuturismo, una estética que data aproximadamente de la década de 1970, debe parte de su actual renacimiento a la nueva generación de artistas de la música como Erykah Badu, Missy Elliott y Janelle Monáe, que no sólo le prestaron su voz, sino que también le imprimieron un look, por cierto bastante reconocible: una mezcolanza ciborg de alto brillo con motivos vagamente tribales dentro de un imaginario androide de papel metalizado que parece pensado para una travesía a los confines de la galaxia.

Esta última reencarnación resulta oportuna, por no decir inevitable. "Como la diversidad que existe en los Estados Unidos y del mundo difiere tanto de la diversidad que se ve en las obras futurísticas, no es extraño que haya emergido el afrofuturismo", escribe Ytasha L. Womack, que en su libro de 2013, Afrofuturism: The World of Black Sci-Fi and Fantasy Culture ("Afrofuturismo: el mundo de la ciencia ficción y el fantasy negros"), hizo la crónica del género y lo popularizó.

"Pero cuando ni siquiera en un futuro imaginario la gente puede fantasear con una persona de ascendencia no-europea, es hora de plantar bandera cósmica", dice Womack.

Internet le ha dado al movimiento un impulso que nunca tuvo en sus anteriores reencarnaciones. Metáfora visual de empoderamiento en sitios como Afrofuturistic Affair y en influyentes cuentas de Instagram como Inkrayable girafe, el concepto habilita a mujeres y hombres negros a hacerse cargo de su imagen. Hoy, escribe Womack, "un cineasta en ciernes puede filmar su serie de ciencia ficción con una cámara de 500 dólares, subirla a YouTube y promocionarla en Instagram y Twitter".

Lina Iris Viktor, una artista británico-liberiana que vive en Nueva York y pinta autorretratos principescos de corte futurista, va por la misma línea. "Internet democratizó la cancha", dice. "Ahora las voces que se escuchan son auténticamente las nuestras. Ya no son los demás los que cuentan nuestras historias, ni los que nos explican nuestro propio trabajo: ahora nosotros hablamos por nosotros mismos."

Cierta retórica afrofuturista también pareció empapar una seguidilla de recientes muestras en museos. En el Museo del Barrio pudo verse hasta noviembre una colección de ilustraciones de Antonio López, pionero del género, cuya obra de los años 70 y 80 tiene como protagonista a un elenco multirracial de figuras robóticas y astronautas proyectadas sobre un remoto mundo del mañana. Una especie de mundo feliz, como señalaba una crítica de la muestra, "en el que raza y género eran fluidos, y las inequidades sociales existentes habían sido saldadas o trascendidas".

El afrofuturismo también recorre las instalaciones multimedia de la artista Saya Woolfalk, cuyos universos utópicos y sus "empáticos" -género futuro que fusiona, sin desdibujar, los límites étnicos-, fueron exhibidos este año en el Brooklyn Museum, en un espectáculo de luz y sonido en Times Square, y hace apenas un mes, con una instalación en la feria Art Basel de Miami.

Las alusiones afrofuturistas son menos explícitas pero también despuntan en los enormes lienzos de Kerry James Marshall, cuya muestra en el Met Breuer podrá verse hasta fines de enero e incluye retratos idealizados de niños y niñas scouts afronorteamericanos rodeados de un halo como el que suelen tener los héroes de historieta.

A mediados de este año, el aforfuturismo también llegó a los cines con Capitán América: Civil War, donde el actor Chadwick Boseman interpreta a Pantera Negra, un superhéroe en que 2018 tendrá su propia película como rey y protector de la nación imaginaria de Wakanda.

El resurgimiento del afrofuturismo no podía ser más oportuno: llega justo cuando en el ambiente sólo se percibe indiferencia, por no decir hostilidad, hacia las minorías raciales y étnicas. En su libro, Womack recuerdo un tiempo en que los personas de ciencia ficción negros o de piel oscura eran prácticamente invisibles en la cultura en general. De chica, Womack fantaseaba con ser la Princesa Leia de La guerra de las galaxias.

"Si bien era divertido fantasear con ser la chica del espacio exterior", escribe Womack, "lo que era importante era poder imaginarme a mí misma y a otras personas de piel oscura en esa era espacial y dentro de esa épica galáctica". Esa ausencia de las minorías entre los personajes de la cultura pop, agrega Womack, "sembró en la imaginación de miles de chicos negros la necesidad de verse también ellos a bordo de naves espaciales a la velocidad de la luz".

Entre ellos, Tim Fielder, artista gráfico y animador neoyorquino cuyas ilustraciones de ciencia ficción, producidas a lo largo de 30 años, sedujeron al público en su muestra "Black Metropolis", en la galería Gallatin de la Universidad de Nueva York. Las pioneras historietas de Fielder -sobre todo su cosmonauta negra "Matty's Rocket, que el año próximo tendrá su propia novela gráfica-, son particularmente relevantes ahora, "para que los artistas jóvenes sepan que no están fuera de órbita, que tienen predecesores que tomaron el mismo camino".

El imaginario épico del afrofuturismo es como un espejo para los jóvenes, dice Fielder. "Actualmente estos chicos pueden imaginarse a sí mismos en entornos expansivos, tanto tecnológicamente como en términos de tradiciones y de géneros", dice Fielder.

También se ven reflejados actualmente en los comics que siguen siendo una poderosa forma de expresión afrofuturista. A principios de año, Black Panther fue resucitado por Marvel como el noble protagonista de su propia serie de historietas, escrita por Ta-Nehisi Coates, autor de Between the World and Me. Y ahora Riri Williams, una superheroina adolescente con peinado afro y un doctorado en el M.I.T. se colará en el poderoso traje de acero de la serie de comics de Iron Man.Esos personajes de vanguardia pueden rastrear sus orígenes en los primeros héroes del afrofuturismo, cuyo máximo exponente fue Sun Ra, compositor de jazz, poeta y filósofo, que incorporó temas de ciencia ficción en su música y en su señera Space is the Place, una trascendente película de 1974 sobre un viaje temporo-interplanetario. Habrá que ver hasta donde llega la tendencia pero empezó a hacerse notar.ß

Ruth La Perla

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