
La impresionante vida marina de Sidney

Para conocer un poco más sobre la vida marina me tenía que acercar al Acuario de Sidney…
La verdad que siempre me ha gustado ver, por horas, aquellos documentales que cuentan, explican y acercan los maravillosos ejemplos de nuestra fauna y flora planetaria, ya sea terrestre, marítima, etcétera.
Todavía recuerdo ver aquellas emisiones donde Jacques Cousteau, a bordo de su Calypso, nos mostraba los misterios de lo profundo junto con su equipo de colaboradores. Recuerdo muy románticamante esos días, y en aquellos tiempos análogos mi imaginación vagaba a través de estos productos fílmicos, los cuales había que esperar (el on demand era casi utópico), y las enciclopedias de rigor, sabiendo que cuanto más profundo quisiésemos ir con la información más dificultosa iba a ser la tarea. Al final, uno se terminaba transformando en una probeta de investigador científico en potencia.
Australia cuenta en sus costas con uno de los ejemplos más maravillosos de los que les comente en el párrafo anterior: la Gran Barrera de Coral.
Este arrecife es el mayor del mundo, y se extiende por más de 2500 kilómetros en un reserva protegida de más de 30.000.000 de hectáreas. Para aquellos que visitan este increíble lugar, estos sueños que mencionaba se materializan. Y con tan solo meter la cabeza bajo el agua, un universo diferente aparece ante nuestros ojos, formado por cientos de especies de coral diferentes, peces, moluscos, marsupiales, tortugas, mostrando una gama de colores que podría escapar de la paleta de un artista. Todo lo que se encuentra aquí es de una vastedad alucinante y exuberante. Un entorno para el cual nosotros, como humanidad, no fuimos preparados por la evolución.
Con un espíritu alegre ingresé por la entrada de empleados del Sydney Sea Life (el acuario), donde Kieran me esperaba.
Hechas las presentaciones de rigor, mi anfitrión y su inefable acento me llevaron al área en la que dejamos nuestras ropas de civil y nos enfundamos en sendos trajes de neoprene. Kieran parecía un verdadero Aquaman: no sólo tardó un minuto en ponerse su equipo, sino que me miraba impaciente mientras me peleaba cuerpo a cuerpo con el mío.
Embutido ya en esta especie de segunda piel, nos acercamos a través del área restringida a los científicos al tanque de agua donde se me iba a explicar cómo funcionan y desarrollan los corales, así como también el proceso de cuidado de este maravilloso ecosistema frágil y apasionante al mismo tiempo.
Mientras acomodábamos tanques de oxígeno, antiparras y patas de rana, situados ya sobre la plataforma de inmersión y escuchaba atentamente las instrucciones de Kieran, un par de sombras de conocida y atemorizante silueta pasaron a un par de metros de profundidad y ante mis ojos. Hasta ese momento todo había sido normal.
Una cosa era meterse a descubrir y aprender sobre corales, fácil y simple; otra, hacerlo con un par de escuálidos de importante tamaño en el mismo tanque que nosotros. Con los globos oculares casi fuera de su lugar atiné a señalar hacia el agua y una sola palabra surgió: “Shark”.
Kieran, con mucha parsimonia y tranquilidad, levantó sus cejas y hombros como diciendo: “¿Y…?”
–¿Cómo y…, campeón? ¡Tiburones! ¡Big sharks!
–“Ahh… ¡Los tiburones! No pasa nada. Están en pleno proceso de recuperación, rescatados, y cuando estén en óptimas condiciones, a su verdadero hábitat.
–Pero...
No me dejó terminar la frase. Con un sonoro splash ya estaba en el agua apurándome para que hiciera lo mismo.
“Mamita…”, pensé cuando me lanzaba a las frías aguas del tanque.
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