
La más parisina de todas
"Creo que la educación de las mujeres es el futuro", dice la modelo, productora de un sello de rock, guionista y autora de un best-seller bien femenino amado en Europa. Por su estilo chic relajado, a los 40 años es musa de marcas de alta costura
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Me siento afortunada de estar trabajando más a los 40 en la industria de la moda que a los 20", afirmó la modelo parisina Caroline de Maigret en su fugaz visita a Buenos Aires. Como para no estarlo. En los dos últimos años la convocaron Prada, Louis Vuitton, Chanel y Lancôme para sus campañas. Estaba recién llegada, dos horas nomás, cómodamente sentada en un sillón del Palacio Duhau, con un blazer azul navy, pantalones anchos de cintura alta y zapatos Oxford, maquillaje y peinado muy natural. Nada de brushing o efecto peluquería. No por falta de tiempo. Es el sello de Maigret, una auténtica parisina, considerada un referente de estilo de lo más seductor.
Los medios siempre están detrás de sus looks. Los flashes iluminan su entrada en los desfiles de Haute Couture. Vogue analizó cómo se viste cada día de la semana y la llevó a la portada de todas sus ediciones internacionales. Porque su estilo chic parisino siempre es motivo de preguntas, De Maigret escribió junto a amigas Cómo ser parisina estés donde estés: amor, estilo y malos hábitos. Por estas y muchas más razones, Perfumerías Rouge la contrató como protagonista de su campaña gráfica, con apoyo de HSBC, para ser retratada por Urko Suaya, el motivo de su visita.
Caroline de Maigret es mucho más que modelo y escritora (el libro llega este año al país). Es productora de un sello independiente de música junto a su pareja, el músico Yarol Poupaud (Bonus Tracks), también es guionista, crea y protagoniza videos propios, superdivertidos, inspirados en el libro, y para otras marcas, como H&M. Y en breve se lanzará como documentalista para Care, ONG de la que es una activa embajadora. Todo eso la convierte en una de las celebridades más interesantes de Francia. De estirpe aristocrática, su apellido forma parte de la historia francesa de larga data. Su abuelo, el príncipe Michel Poniatowski, descendiente del último rey polaco, fue ministro del presidente Georges Pompidou. Su padre, Bertrand de Maigret, fue diputado y teniente alcalde de París.
¿Cuánto sabés de la historia de tu familia?
Mucho. Y me siento muy orgullosa. De ambas ramas, todos estuvieron muy comprometidos en política durante siglos, velaron por la sociedad y la gente. Yo también lo hago, pero de otra manera. Estoy más comprometida con el feminismo, soy embajadora de Care, que sirve a comunidades en todo el mundo. Creo que la educación de las mujeres es el futuro. Es la única manera de que el mundo mejore, mi única esperanza. Llevo el nombre de la ONG adonde vaya, en septiembre dirijo mi primer documental en la India, donde hay un nuevo programa de educación para niñas que concentra en 11 meses, cinco años de educación. Asimismo, invito a las marcas con las que trabajo para que aporten dinero. Soy embajadora de Chanel para la ropa y Lancôme para el make-up. Tiene sentido, son marcas para mujeres.

A los 18 te rebelaste frente a tu familia y te fuiste de casa. Hoy, ¿frente a qué te rebelás?
A diferencia de mis hermanos, y no sé por qué, me di cuenta temprano de que no tenía una vida real. Sabía que era muy afortunada. Sentí que me habían mentido y que existía otra vida. Estudié literatura moderna en la Sorbonne, porque al menos podía leer. Pero como mis padres no estaban contentos, la única manera de dejar su casa y solventar mis gastos fue por medio del modelaje. A los dos meses conseguí trabajo en Nueva York y no volví. Fue una manera de empezar de nuevo sin que nadie me observara. Hoy estoy muy bien con mi familia. Agradezco la gran educación que me dieron. Si hay algo frente a lo que me rebelo hoy es contra la ilegalidad y la violencia. Me tomo tiempo y dinero para poder generar cambios.
¿Por qué no te involucraste en la política?
Mi padre fue uno de los políticos más jóvenes de Francia y puso un freno muy rápido. Entendió que la política era para lograr poder y dinero, no para generar cambios. Él dejó la política. Y yo no quise involucrarme porque sé que no cambiaría nada.
¿Por qué dejaste de modelar a los 28?
Me dieron ganas de hacer otras cosas… y usar mi cerebro. Al principio era impresionante viajar por el mundo, trabajar con gente muy talentosa. Pero al cabo de un tiempo me sentí pasiva, esperando a otras personas que me eligieran, cuando soy muy activa e independiente. Además, no sentía orgullo de ser modelo.
Te gusta poner manos a la obra.
Sí, me gusta hacer. Abrí mi productora de música. Tuve a mi hijo, Anton. Más tarde fui nominada por la mejor banda sonora con la película Bus Palladium. Fue por esta nominación que comencé a desfilar otra vez, porque me hicieron tantas fotos... Al verme, Karl Lagerfeld me preguntó si quería estar en el show de Chanel de la semana siguiente. Y lo hice. Todo el mundo empezó a llamarme otra vez. ¡Así que estoy de vuelta!
¿Qué fue lo mejor de cumplir 40?
Una es más buena consigo misma. Cuando uno es joven es más egoísta, a los 40 se es más altruista. Las pequeñeces dejan de ser importantes. La sabiduría. Y me siento muy feliz por tener más campañas fuertes ahora que en el pasado.
El sentido de humor es tu sello.
Siempre. En mi libro es muy importante. Especialmente en el mundo fashion y de la belleza, porque es lo que para mí significa: llevar alegría a la vida de las mujeres, hacerlas sentir mejor y que puedan jugar. Por eso me dio entusiasmo la convocatoria de Rouge para la campaña, porque tenía en mente a Rossy de Palma, Carmen Dell’Orefice y el compartir su visión sobre la belleza, que tiene que ver con la vida, la originalidad y la personalidad. Me siento orgullosa de estar ahí.
¿Creés en que no hay edad para vestirse?
Para mí hay un guardarropa para cada cuerpo. Y el mío no es el mismo que tenía a los 20. El estilo es jugar, probar qué luce bien y qué no. Más que a una edad hay una adaptación al cuerpo. Si me pruebo algo que solía usar a los 20 no me siento cómoda. Creo que es algo instintivo. Y no es la presión de la sociedad, fui yo la que cambió. Pero no tengo 60, tengo 40, por favor. ¡Todavía me puedo divertir! Me gusta tener 40, nunca me dijeron tanto que era linda como ahora. Es la primera vez que siento que mi mente está en armonía con mi cuerpo.
¿Te preocupa envejecer?
No es la mejor sensación.

¿Qué opinás de las cirugías estéticas?
Para mí, la clave es la moderación. Es algo muy pariense que operarse se llame un viaje al sur de Francia. No te das cuenta. Quizá se tocaron los ojos. No hacen todo al mismo tiempo. Más tarde el cuello. Si me tuviese que hacer algo, lo haría de esta manera. Y la gente se iría acostumbrando, de a poquito. Después hay una realidad difícil. Los hombres miran mujeres más jóvenes, entonces entiendo que con la edad exista competencia con las más jóvenes. No voy a decir qué horribles las cirugías. Es gracioso, pero la nueva cara de la vejez es la cara con cirugía. Me río, porque me estaba acordando de una mujer en el avión, con su cara estirada, que estaba tratando de acomodar algo en el compartimento y no sabía si ayudarla o no, por si se lo tomaba mal. Antes, a una mujer de 80 la ayudabas.
¿Practicás deportes? ¿Vas al gimnasio?
Odio ir al gimnasio. Tengo un coach que viene a casa dos veces por semana. Practico yoga. Trato de meditar con la intención de vaciar la mente por un segundo. Lo necesito porque soy bastante activa en las redes sociales, estoy con el teléfono, la computadora, y toda la información del mundo. Y eso quema.
¿Cómo disfrutás de tu tiempo libre?
Trato de pasar la mayor parte del tiempo con mi hijo y mi novio, Leo. Y viajamos mucho. Me encanta Asia y la costa oeste de México. También voy a un montón de conciertos. Además me encanta bailar y transpirar.
¿Te gusta trasnochar? ¿Vas a ver bandas?
Sí. lo necesito. Necesito tomar un trago y emborracharme.
¿Te quedás hasta la madrugada?
No, antes porque no consumo drogas (se ríe a carcajadas).Perdón. A las 2 o 3, cuando estoy cansada, vuelvo a casa.
¿Cómo te vestirías para un concierto?
Con campera de cuero, remera blanca; depende del tipo de concierto. Si voy a saltar o hacer pogo, jeans y zapatillas. Definitivamente me pongo los skinny jeans y stilettos, todo negro, para estar más sexy, si el guitarrista es lindo. Mi novio es guitarrista.
¿A qué francesas admirás?
A Charlotte Rampling, que de hecho fue adoptada por los franceses. Me gusta decir que es francesa. Ves su belleza en la personalidad. Me gusta cómo juega con la masculinidad y feminidad. Creo que es muy sexy. Y Jane Birkin. También inglesa.
¡Qué ejemplos! Dos inglesas.
Pero es parisina. No hace falta ser francesa para ser parisina. Me gustan las mujeres con actitud, supongo. Es la manera en que se concibe la belleza en París, una cuestión de actitud, de personalidad, que podés mejorar un poco con la ayuda de make-up y estilismo, pero siempre en base a quien sos. Pero no se cambia. No usamos una máscara a diferencia de las norteamericanas, que se ponen contour. Incluso entre las francesas, en una primera cita, no se lleva nada de make-up, porque lo primero que querés mostrar es lo que tenés para decir. En la siguiente cita, tal vez al mediodía, si querés, ahí sí te pintás. Creo que eso es lo que hace interesante la belleza parisina, porque las mujeres expresan libertad a la hora de seducir.
¿Cómo reconocer a una parisina en la calle?
Su pelo lo vas a ver medio desastre. Usa maquillaje, pero luce como si no lo tuviera. No viste con más de tres colores en su ropa. Es muy personal usar una prenda muy fuerte en el outfit, como una pieza atemporal, que congenie con el resto.
¿Tenés ropa vieja en el placard?
Mis básicos están compuestos por ropa vieja, que me queda bien. Es tan fácil vestirme porque conozco lo que tengo. Cada temporada agrego nueva ropa, por supuesto. Apuesto a la calidad, a lo artesanal, entonces tengo una buena chaqueta, un buen cashmere. Mis amigas conocen toda mi ropa. No me importa ir a fiestas con lo mismo. Es un concepto. Sé que la ropa masculina me queda mejor, se convirtió en parte de lo que soy.
¿Cuáles son tus ítems favoritos?
Boyfriends jeans, campera de cuero negra; camisa blanca masculina; un buen suéter de cashmere, blazer navy y tacos altos negros y simples.
¿Tacos? Pero sos altísima.
No me importa nada. Yo me pongo lo que quiero. Mido 1,81. Mi novio cuando uso tacos mira para arriba, porque mide 1,74. Pero le gusta.
¿Te interesan las tendencias?
No del todo. De hecho, voy para el lado contrario.
¿Te divertiste mucho con el libro?
Nos reímos de nosotras. Es un poco feminista, gentilmente. Fue divertido romper clichés, como creer que las parisinas somos perfectas. Y es justamente todo lo contrario. Es muy saludable derribar ese falso ideal para liberarnos de las presiones.
Fotos gentileza Perfumerías Rouge y Urko Suaya. Agradecimientos: Dubié y Park Hyatt hotel






