
La naturaleza del universo
Como dice el autor de esta nota, el artista Félix Larreta logró interpretar "el origen del mundo digital en términos de sonido" por medio de una esfera luminosa con estructuras de colores en constante e infinito cambio, proyectada por un software muy particular. Argentino y con antecedentes en música electrónica, sus trabajos ya se ven en todo el mundo
1 minuto de lectura'
Si tiene la oportunidad de conversar con el artista Félix Larreta, él se lo dirá. Félix habla con la inspirada energía de un visionario; sus pensamientos recorren desde la matemática de Kart Gödel hasta la geometría fractal de Benoît Mandelbrot y la biología de Ernst Haeckel.
Larreta está fascinado por el vínculo entre lo minúsculo y lo enorme, la célula y el organismo, el grano de arena y la playa, el árbol y el bosque. En vez de mostrar confusión por estos conceptos opuestos, aparentemente inconciliables, él ve la sutil poesía que los une, en modos tales que explican cómo un universo puede caber en una cáscara de nuez.
Como artista digital, Larreta se deja subyugar por la atractiva alquimia mediante la cual, con unos pocos y simples componentes, se genera complejidad, ya sea el ADN, el alfabeto o el algoritmo digital. No le interesa crear palabras que ilustren o expliquen estos procesos. Le interesa traerlos a la vida.
Imagine una obra de arte que se comporta como un organismo: biorrítmica, sensible e inteligente, y que responde a su presencia cambiando de textura, matiz y actitud, como –precisamente– una sepia. Esta obra de arte es Spherescent, y en ella la estricta economía del código binario (combinaciones de unos y ceros) transforma el sonido y la visión en un atisbo íntimo del origen de la vida.
El compositor Gustav Holst inmortalizó la idea de la armonía sónica, o música de las esferas, en su obra Los planetas. Larreta, con antecedentes en música electrónica, interpreta de manera similar el origen del mundo digital en términos de sonido, generando los bloques visuales que construyen su Spherescent a partir de ondas sinusoidales producidas por un sintetizador analógico. Las imágenes, a su vez, se esculpen como sonido en el microuniverso de la instalación misma, recordándonos que el cosmos, como toda fuerza vital, está compuesto por ciclos de retorno y regeneración. Es una construcción elegante, que genera una atmósfera especial y que nos recuerda la camera oscura, el cine y el entorno de realidad virtual. Todos estos medios tienen su raíz en la larga historia de las tecnologías de la ilusión, la fantasmagoría, la linterna mágica y el teatro de sombras.
Larreta extiende esta fascinación a lo virtual, la percepción de lo que no está en realidad, relacionando aspectos de su mundo esférico con las facetas no circulares del polígono. En la mejor tradición de los magos, hechiceros e ilusionistas, Larreta curva y tuerce la luz en esa cámara angulosa y lineal, formando una esfera traslúcida y gloriosa. No es necesario que Stephen Hawking le señale las enormes consecuencias que acarrea curvar la luz en el mundo cuántico.
Al sentir la presencia de visitantes, la obra responde produciendo sonidos improvisados que no fueron compuestos por el artista: como colaboradores de Spherescent, nos convertimos en parte del mundo que la esfera crea; así como una mariposa puede influir en los huracanes, según la famosa descripción de la teoría del caos, interactuamos con la obra de modo imprevisible, creando resultados imposibles de pronosticar o de controlar. El resultado es la traducción de un sentido a otro: vemos la música como si fuera un diseño de luz y color; escuchamos imágenes como si fueran frecuencias de sonido; experimentamos la sinestesia que a menudo los místicos asocian con la trascendencia.
Al ser un entorno envolvente y activo, Spherescent otorga a la forma lirismo y poesía, uniendo y fundiendo sus diversos, discretos elementos (espejos, software, lámparas) en una esfera iridiscente de la que la obra toma su nombre.
La esfera, el símbolo clásico de la perfección, es el sello de la armonía, cualidad fundamental, generadora de toda creación.
Larreta tiene una versión de Spherescent que cabe en una valija, como la que utilizan los músicos para llevar sus equipos –difícil de asociar con deidades o hacedores de mundos.
Esta imagen de un universo en una valija (como la boîte-en-valise, o museo portátil, de Marcel Duchamp) nos recuerda la figura del Aleph, del relato homónimo del inmortal compatriota de Larreta, el escritor Jorge Luis Borges. En esa historia, en el sótano de una vivienda, el relator encuentra una imagen de todos los tiempos y espacios del tamaño de una moneda. Es sublime, cristalina y extrañamente familiar, el portento del otro mundo por venir.
Artista
En sintonía
Félix Larreta nació en la Argentina. Vive y trabaja entre Barcelona, Berlín y París. Su obra Armonías Esféricas-Spherescent fue exhibida en el Adelaide Bank Festival of Arts en marzo de este año. Con Alejo Lopatin como artista colaborador, fue presentada por Gag Proyects (Berlín) y la Fundación María Elisa Mitre (Argentina). Adelaida es la cuarta ciudad de Australia, pero su festival de arte es el segundo del mundo, luego del de Edimburgo. Artista digital, Larreta creó una esfera luminosa con estructuras de colores en constante e infinito cambio, proyectada por un software que analiza la armonía de los sonidos e interactúa en tiempo real con los espectadores. www.greenaway.com.au ; www.spherescent.com






