
La nueva generación sonora de Brasil
Arnaldo Antunes, Marisa Monte, Otto, Moreno Veloso, Bebel Gilberto o Fernanda Abreu son sólo algunos de los músicos que, hijos de la bossa y el tropicalismo, crearon un ecléctico universo musical en el que conviven acelerados beats, hip hop, forró, maracatú y pop moderno
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Cuando hace 500 años los portugueses se encontraron casi de casualidad con ese nuevo "continente" tropical, en los primeros escritos de los viajantes apareció una impresión a la ligera de la tierra desconocida: "Plantando, todo crece". La metáfora no es casual y se puede aplicar a su música. Después de la bossa nova, del tropicalismo, llegó la hora de la cosecha para una raza de creadores antropófagos, que se alimentaron de los ritmos tradicionales, los computadoras de última generación, los sonidos del mundo, crearon sus propias leyes, compusieron los nuevos himnos juveniles de Brasil con otro lenguaje poético y son los habitantes de un novedoso planeta sónico.
Hijos de la bossa nova y el tropicalismo, de Caetano Veloso y Luiz Gonzaga -el rey del forró-, de Gilberto Gil y Jackson do Pandeiro, de la poesía concreta, las protools y los tambores batá, del fast food y la aldea globalizada, del culto santero y los evangeslitas catódicos, de los sin tierra y las autopistas virtuales. Artistas, entre 30 y 35 años, con una promiscuidad y una libertad sonora capaces de cocinar un caldo musical bien espeso y condimentado, que conquistó los paladares del Nuevo y Viejo mundo. Salieron de todas las regiones: Chico Science, Lenine y Otto (Pernambuco), Fernanda Abreu y Marisa Monte (Río de Janeiro), Chico César (Paraiba), Zeca Baleiro (Maranaos), Daúde y Carlinhos Brown (Bahía) y Arnaldo Antunes (San Pablo). Ellos mostraron un Brasil más diverso, regional y multicultural.
La prensa local los bautizó como neotropicalistas. Ellos prefieren definirse irónicamente como los lactantes de una nueva MPB(Música Predadora Brasileña), según su denominación, arquitectos delirantes y geniales de un nuevo planeta musical.
Creaciones que conjugan futuro y tradición, plenas de atmósferas sonoras en las que conviven en perfecta armonía samba y hip-hop, bossa nova y música eléctrónica, funk y maracatú, reggae y forró. Pop multimedia que acompañó los años noventa y es la cortina ideal para el siglo XXI.
Con los compilados Beleza Tropical 2 , editado por el sello Luaka Bop de David Byrne -uno de los admiradores más visibles de estas jóvenes cabezas parlantes-, o en reciclados como BossaCucaNova -en los que los DJ se metían con clásicos de Jaoo Gilberto, Carlos Lyra o Vinicius de Moraes para darle pulso electrónico-, no hizo falta de conquistadores portugueses para descubrir un nuevo Brasil musical: estos antihéroes de incorreción política quieren bailar y burlarse de una sociedad consumista donde los pobres son cada vez más pobres y la riqueza queda en manos de pocos.
Los hijos de la bossa nova
Cansados que los artistas americanos como Beck, Beastie Boys, o Sean Lennon fueran los que enarbolaran la bandera de la nova bossa nova , en los últimos años, Moreno Veloso y Bebel Gilberto, decidieron salir a la palestra escénica -superada la carga del apellid-- hicieron valer su linaje artístico y sorprendieron con dos discos debut que son considerados la créme de la créme de la bossa actual y que tienen más llegada en el mercado americano que en el Brasil.
Zeca Baleiro: surgió en Maranhao y desarrolló una larga trayectoria de 15 años. Junto a la cantante Rita Ribeiro, que este joven compositor se preocupó por incentivar y producir artísticamente, mostró la cara musical de una región con sonidos suculentos que le valieron el Premio Sharp, en 1998. Es un cantautor completo, con una particular forma de tocar la guitarra y un sonido continental, donde aparece su descendencia siria y los ritmos reggae (Maranhao es considerada la capital reggae de Brasil). El primero de sus tres discos, Por donde andará Stephen Fry , es uno de sus trabajos más premiados y contiene hits como Bandeira , que pasó a ser cortina de una de las novelas más vistas de ese país. También colaboró en otras producciones y formó parte de un inefable cuarteto de estrellas neotropicalistas en el disco de Paulinho Moska Mobile , junto a Chico César, Lenine, y Moska, sucesor indiscutido de Tom Zé.
Moreno Veloso: debe su realidad musical a un largo camino que le permitió estudiar física primero,integrar una banda de punk rock y volcarse por completo al estudio del violonchelo después. Pasada esa etapa, se reencontró con la música popular brasileña. Moreno se juntó con dos parceros (Kassin y Domenico) y esbozó un disco pequeño, desprolijo y exquisito, que le voló la cabeza a más de uno. "Caetano ya tiene sucesor", dijeron los medios locales tras la salida de Máquina de escribir música , un trabajo en el que el músico reelabora la bossa y el samba, se da el gusto de componer con su padre (¡cuántos quisieran! ) y estrenar temas propios. Moreno utiliza máquinas, voz y guitarra, respetando silencios y buscando la sugerencia del ambient, como una especie de Moby a la portuguesa, pero dejando espacio para disfrutar del sabor auténtico de la Bahía de hoy. Mientras se espera la llegada de estos dignos herederos de Caetano y Jaoo (vendrán de visita a mitad de año), el sello Random editará los discos que ahora se consiguen sólo en disquerías especializadas. Aunque sea para comprobar que los genes nunca se equivocan.
Bebel Gilberto: nació durante una actuación de sus padres, Jaoo y Miucha, en Nueva York. Por eso, no fue casual que se constituyera en una de las artistas de culto de la escena americana y europea. Después de un tiempo en Brasil, volvió a Nueva York en 1991, donde se contactó con jazzeros y grupos de pop que eran fanáticos de la batida inventada por su padre. Gente como David Byrne, Arto Lindsay y el DJ Towa Tei la aconsejaron. Su primer trabajo, editado el año pasado, se llama Tanto tempo y fue lanzado por Ziriguiboom, (un sello belga de calidad). En este trabajo va al rescate de clásicos de la bossa nova como Samba da bencao (Baden Powell-Vinicius), Samba e amor (Chico Buarque) o Bananeira (Donato-Gilberto Gil), con una mirada totalmente actual, donde los ambientes electrónicos se dejan absorber por la voz cálida y austera de Bebel que, con 33 años, está haciendo una carrera formidable en Europa.
Chico Science: "Ya asimilamos todo de afuera. Nos hemos devorado todo, como buenos caníbales. Pusieron una computadora en la mano de los indios y ahora les toca a los extranjeros aprender a digerir", declamó en su momento este líder espiritual y musical del movimiento mangue beat , que surgió en Recife, en los años 80, y abrió la cabeza de los músicos brasileños. Al influjo de Science surgió toda una camada de devotos. Falleció en 1997 en un accidente automovilístico, cuando su voz al frente del grupo Nacao Zumbi estaba en el mejor momento. Actualmente, los integrantes del grupo siguen levantando las banderas de Science, proclamando el mestizaje furioso y radical: la afrociberdelia como auténtica verdad tropical.
Carlinhos Brown: es una especie de mensajero místico y delirante que logró crear algunas de las composiciones más originales de los últimos diez años. Apareció como el extravagante percusionista de Caetano Veloso, pero le sobraron méritos y sentido del ritmo para brillar con luz propia como compositor e intérprete. Sergio Mendes ganó el Grammy en Brasil al mejor disco del año en 1993 y cinco de las doce canciones eran de Brown. Con Alfagamabetizado (1996) y Omelete Man (1999) mostró esa explosiva combinación de estilos y letras tan delirantes como geniales. En Bahía se convirtió en un auténtico gurú, tras montar un centro cultural en medio de una favela para trabajar con los chicos de la zona, que bautizó Guetto Square. Allí también funciona el cuartel del bloco Timbalada, que sale en carnaval a delirar con sus tambores. Reggae, soul, funk, pop, dance, forró, samba, baion, todo entra en el cóctel de este icono bahiano.
Fernanda Abreu: "Entre la clase media existe cierta vergüenza de ser brasileño. Es el complejo de inferioridad de un país colonizado que cree que es horrible, un país tropical lleno de indios, bananas, papagayos y mulatas. ¿Qué es ser brasileño? No existe una raíz brasileña. Brasil es mezcla, y eso es lo que podemos darle al mundo. Estamos construyendo algo increíble". Las palabras de Abreu, la cara más tecnológica y moderna del gigante carioca, no son exageradas. La muchacha de 40 años, que comenzó en los tempranos años 80 con la banda pop Blitz, dispara ahora como solista un cóctel de samba-funk-digital de lo más personal. En su último álbum, Entidade urbana , rinde homenaje a las grandes ciudades del mundo: "Más del cincuenta por ciento de la gente del planeta vive en ciudades. Dicen que son opresoras, que estresan al hombre. Yo he querido abrir esa visión, establecer situaciones positivas y creativas a partir de una reflexión sobre el exceso".






