
La nueva Vietnam
Una república socialista que implementó medidas de libre mercado, con futuro promisorio: así se ve hoy a este país oriental, donde conviven la modernidad y las tradiciones más ancestrales
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VIETNAM.- "Todo cambia, es la ley, gira y gira la rueda de la naturaleza: tras la lluvia el buen tiempo siempre llega". Como una profecía que no erosionó ni el tiempo, este verso escrito hace 65 años por el líder comunista vietnamita Ho Chi Minh en su diario mientras fuera prisionero en diferentes cárceles chinas comienza, a su manera, a realizarse.
En la República Socialista de Vietnam, la vieja bicicleta fue reemplazada por una marea sin fin de scooters y motocicletas. Los autos, todos prácticamente a estrenar, se asoman por las esquinas de las congestionadas calles de Hanoi. Con algo de suerte, el atento observador podrá deleitar a su mirada con algún que otro Bentley o con uno de los tres Rolls Royce que existen en el país.
Las mujeres, aún la minoría, buscan romper la homogeneidad creada por los años de comunismo. Las joyas son su debilidad. Un shopping center puede tener casi todo un piso exclusivamente para exponerlas en Ho Chi Minh City, la ex Saigón. Las nuevas ricas se pasean con sofisticadas carteras Louis Vuitton o Roberto Cavalli, zapatos de Ferragamo y anteojos Gucci o Dolce & Gabbana. La ostentación, anteriormente fuera de lugar en la cultura Viet, ahueca la ideología.
Doi Moi (Renovación) es el nombre del milagro. Se trata de la política de apertura económica adoptada por el Partido Comunista en 1986 en su VI Congreso. El capitalismo o "la economía socialista de mercado", como la denomina el gobierno vietnamita, se sustenta en sorprendentes números.
Desde 2001, cuando el país se expandió un 6,9% todo año posterior superó al anterior. En 2007, el Producto Bruto Interno (PBI) creció un 8,48%, lo que convierte a esta tierra en el segundo país en crecimiento en el Lejano Oriente y el primero en el Sudeste Asiático.
Sin embargo, el nha kué -como se denomina en forma despectiva al campesino por el sombrero cónico que lo caracteriza- sigue dominando el paisaje vietnamita. Casi el 70% del país vive del campo y su producción.
Los arrozales, como un interminable pantano que pinta el interior del país, componen algo así como el 40% del territorio. Los asolados rostros de hombres descalzos en el lodo trabajando su pequeña parcela completan el cuadro. Si la fortuna está con ellos, un búfalo allana sus laboriosos caminos.
El dinero agrieta la legalidad. Con la llegada de fuertes inversiones extranjeras, el motor del crecimiento, no sólo aumentaron los casos de corrupción. Los empresarios, en su mayoría asiáticos, ponen el énfasis en que además crecen los montos exigidos. Y pese a que el gobierno -en realidad el Partido y el Ejército- muestra públicamente su lucha contra el flagelo, los nuevos ricos en el país se ufanan de su cercanía al poder.
El cambio, tal como lo predijo el guerrero poeta, llegó. Pero algunas marcas son imborrables y se funden en la identidad de este pueblo. De los más de 2500 años de historia en este país, más de la mitad estuvieron teñidos de sangre. Las huellas del ancestral imperio chino, el colonialismo francés, la invasión japonesa durante la Segunda Guerra, y el neocolonialismo estadounidense durante la Guerra Fría todavía se sienten, de diferentes maneras, en la carne en esta orgullosa nación.
Caos planificado Hanoi está bajo ataque. Los primeros días de noviembre de 2008 traen el peor diluvio en 35 años e inundan la ciudad capital ubicada al norte del país. El Viet Nam News, uno de los diarios oficiales, ya cuenta cerca de 50 muertos.
El agua complica aún más un tránsito imposible en esta urbe repleta de lagos con cerca de 7 millones de habitantes. Aquí el semáforo es una sugerencia y el único regulador es el constante bocinazo. Cientos de coloridos cascos van y vienen como el flujo de un río sin contención. Los árboles caídos complican la existencia de una maraña de cientos de cables de TV, electricidad, telefonía, que dan vida a los descoloridos edificios.
Calor, humedad, lluvia. El clima tropical no da respiro en esta región donde sopla el monzón. Vietnam está ubicado en la península de Indochina y limita, formando una S en el sudeste asiático, con Laos, Camboya y China. El país es ocho veces más pequeño que la Argentina pero en él viven el doble de personas, unas 85 millones.
"Vivir en Vietnam es muy difícil", susurra Thien, un orgulloso chófer de unos 35 años. Comenta, siempre con una nerviosa sonrisa, que comprar un Toyota Camry puede costar tres veces más aquí que en los Estados Unidos debido sólo a los impuestos. Algo similar ocurre con las cientos de miles de motos que congestionan las cinco ciudades en desarrollo del país (Hanoi, Haiphong, Da Nang, Ho Chi Minh y Can Tho).
La tierra se convirtió también en un inconveniente. La expansión de las ciudades reduce espacio a la agricultura, todavía la principal actividad del país. Los campesinos llegan a veces a ser expropiados por el gobierno. Las únicas -y muy pequeñas- manifestaciones en la vía pública suelen ser por el bajo precio que se les paga para quedarse con sus parcelas.
Los edificios en Hanoi son extremadamente estrechos para aprovechar al máximo el lugar. Los techos, a veces entejados, y las ventanas de madera decoran departamentos mínimos. "Comprar la tierra -en realidad, el derecho a usufructuarla porque la propiedad es siempre estatal- es muy difícil", afirma Thien. Por un mes de alquiler se puede pagar hasta US$ 100, una fortuna aquí.
El piso salarial en esta república socialista es de US$ 63 dólares -casi 1 millón de dongs, la moneda oficial- pero no todos son tan afortunados de vivir de acuerdo a las reglas que fija el gobierno, menos aún en el campo o en las zonas montañosas del norte, donde viven las etnias minoritarias y más pobres. No obstante, el ingreso per cápita anual pasó de unos US$ 400 en el año 2000 a casi US$ 1000 en 2008 gracias a la explosión económica.
Thien vive, como es costumbre después de casarse, con su mujer, sus dos hijos y su madre. Su padre murió. Más allá de los rencores que esta tradición provocó entre suegras y nueras, hoy la mujer se libera, y cada vez más, como fuerza laboral. No es extraño ver a una madre levantando pico y pala en una obra en construcción.
Hanoi, que en dos años celebrará los 1000 de existencia, es el faro político de este país, la sede del gobierno, y la llave para los negocios. Vietnam no es una democracia sino que vive un sistema de partido único, el Partido Comunista de Vietnam (PCV), que maneja el secretario general Nong Duc Manh desde abril de 2006. La política y la economía se discuten hacia adentro y las decisiones se toman entre el partido y el primer ministro, Nguyen Tan Dung, jefe del Parlamento.
"Hay gente a la que le gusta [el sistema político] y gente a la que no. Yo creo que en Vietnam es opresivo. Pero el 65% del país es granjero y le gusta vivir así. Con pequeñas mejoras en el tiempo, la gente no se queja, aunque en la ciudad se quiere algo más democrático", explica Long, un empresario profesional de 33 años.
"La universidad de Hanoi no es muy buena", agrega el egresado en Bussines Administration en ese establecimiento. Los pocos que tienen la suerte de estudiar en el exterior van a Canadá -el primer país que los reconoció como Estado independiente-, Nueva Zelanda o Australia.
La costumbre francesa de interrumpir el horario laboral para comer se respeta a rajatabla. Los vietnamitas trabajan desde las 7.30 hasta las 16.30. Al mediodía toman su motocicleta, se ponen su barbijo y hasta guantes, para evitar el smog de la ciudad y el sol -para las mujeres la piel bronceada es el sinónimo negativo de la vida campesina y pobre- y buscan un Pho Bó, algo así como una comida al paso.
La calle se llena de pequeñas mesas y sillas, y de olor a verduras cocidas, pescado e incienso. A veces descalzos y en cuclillas, degustan fideos de arroz, con caldo de pescado, lima, cilantro, cebolla, chile, ciboulette, y carne de ternera o pollo. También se como perro, en un pinche o al spiedo.
Una pequeña china Canon, Samsung, Hyundai, Daewoo, Mitsubishi, Toyota y Honda. Los primeros que vieron a Vietnam como una mina de oro fueron inversores asiáticos. "En el mundo dicen que China crece como un tigre, pero yo sé que Vietnam se convertirá en uno", decreta Sang Woo Kim, chief representative de Daewoo E&C, la mayor empresa constructora privada de este país. Irónicamente, la cerveza vietnamita, en un joint venture con Singapur, se llama Tiger.
Desde el octavo piso de Daeha Bussiness Center, un relativamente nuevo complejo de edificios que brilla sobre Hanoi, el empresario coreano afirma que "el costo de vida en Vietnam es más bajo que en China, por lo que el salario es menor, aunque no mucho".
Más allá de la extendida corrupción, la falta de una regulación adecuada y la desmedida burocracia en el gobierno son otros de los frenos a los negocios. "En este país faltan leyes y regulaciones. Eso es una ventaja y una desventaja. Por un lado, se tarda más para hacer cualquier cosa, pero por otro podemos ir haciendo las leyes juntos", afirma el empresario.
Y eso es atractivo. Lo confirma el hecho de que ese mismo día, el primer ministro vietnamita recibía al grupo estadounidense The Russel Trust Asociation, uno de los más prestigiosos inversores institucionales en el mundo. Maneja, nada más y nada menos, que 12 trillones de dólares. Todos los ojos están puestos en Vietnam, sobre todo desde enero de 2007, cuando ingresó a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
"Es un país con muchos habitantes, una gran variedad de recursos naturales y prácticamente no está desarrollado", comenta Lee Jong Hoon, director de Marketing de Daewoo Electronics. "El problema es que las leyes comerciales no están todavía bien desarrolladas y preparadas para recibir a la inversión extranjera".
No obstante, la ley de inversiones creada por el gobierno comunista, en los hechos, bastante seductora. Da exenciones y tierras fiscales a los empresarios y los exime de pagar impuestos a las ganancias en los primeros años. Cuantos más empleos crea la empresa, más beneficios recibe. En 2007, los desembolsos extranjeros fueron de US$ 20.300 millones.
"En China hay más obstáculos para el funcionamiento de industrias que se basan en mano de obra barata", analiza el presidente de Goldmund S.A., Dante Choi. En el coloso asiático el salario mínimo es de US$ 200. "Muchas fábricas se están yendo de ese país, y Vietnam capta esas inversiones".
Los funcionarios locales comparten el optimismo. Ha Van Que, director general del departamento de Asuntos Extranjeros de Hanoi, el hombre que monitorea las inversiones que llegan a la ciudad, afirma que este año se desembolsarán US$ 2000 en 2007 y que el año que viene se esperan US$ 5000 millones. En este contexto de crecimiento, la inflación comienza a ser un problema para el gobierno.
"Todavía hay reformas institucionales a medio camino", manifiesta Martín Rama, economista en jefe del Banco Mundial (BM) en el país. "Falta desarrollo en infraestructura, finanzas, seguridad social, medio ambiente y transparencia", enumera el uruguayo y, algo sorprendido, completa: "Este era uno de los cinco países más pobres del mundo y ahora va en camino a ser un país industrial".
La verdadera revolución es la reducción de la pobreza. Pese a que creció levemente la urbana debido a la migración interna, mientras en 1993 había un 58% de pobres, en 2006 esa tasa se redujo a un 16,5%, según cifras del BM. No obstante, en el ránking del Índice de Desarrollo Humano (IDC), que incluye el acceso a la salud y educación en la ecuación, Vietnam se encuentra en el puesto 105 de 123 países.
"En comparación con otros países de Asia, la salud no es tan buena. Pero si se mira al mundo, no está mal. Hay acceso y es barato. Y todo ha mejorado desde que el país comenzó a abrirse al mundo", comenta Macarena Sarraf, quien trabaja para el programa que el presidente George W. Bush tiene para luchar contra el Sida en el país.
Vietnam ofrece además mano de obra joven y calificada. El 91% de la población aprende a leer y escribir a los 15 años. Por otro lado, el 50% de los que viven en el país tienen menos de 25 años.
Si Hanoi es el centro político, la ciudad de Ho Chi Minh es el motor económico. Con más libertad que en la capital, las chicas con hot pants y musculosas pasean sus anteojos refinados, a veces de dudosa propiedad intelectual, y sus celulares de última generación, mientras los hombres, casi siempre en jeans, abren sus laptops para navegar libremente en Internet. Esa es la atmósfera que se vive desde dentro del Gloria Jean´s Coffees, el lugar donde se reúnen muchos de los repatriados tras el boom, ubicado en el distrito uno de la ex Saigón.
Del vidrio hacia afuera, innumerables vendedores ambulantes intentan convencer a turistas franceses, americanos y australianos. Se pasean de un lugar a otro vendiendo en sus características balanzas desde frutas o verduras hasta bebidas heladas para sofocar el intenso calor en esta ciudad del sur que fuera el centro de la ocupación estadounidense.
El dragón es un símbolo de buena suerte y majestuosidad para los orientales y éste vive en el agua. Los ríos fueron un lugar de prosperidad para este pueblo y lo seguirán siendo. Pero pese al crecimiento citadino, y la migración de pobres que conlleva, hoy todavía cientos de vietnamitas se reúnen todas las mañanas en el mercado flotante del río Mekong -algo similar pasa al norte con el río Rojo- para comerciar sus productos por unos pocos dongs.
"Maradona, Messi", dicen, en tanto, sonrientes los motociclistas que buscan trasladar sin éxito a este cronista por la ciudad del "tío Ho" cuando escuchan la respuesta a la pregunta por su nacionalidad.
"¿Por qué no tienen su propio idioma?", cuestiona uno curioso después de la explicación de que en la Argentina se habla el castellano. "Somos un pueblo de inmigrantes", responde el periodista de LA NACION sorprendido. "Nosotros sí tenemos nuestra lengua", afirma orgulloso. La conversación termina con el ofrecimiento de chicas y masajes por sólo US$ 10.
El lenguaje oficial en este país es el vietnamita. Pero el inglés crece, al ritmo del país, como el segundo idioma entre los más favorecido por los negocios. También se habla francés, chino y dialectos de las etnias Thai, Mong, Tay, Nung, Khmer, entre otras 54 nacionalidades que pueden encontrarse en territorio local.
Pese a lo que podría parecer en la lejanía, el vietnamita no supone los caracteres chinos, sino que usa los latinos con diferentes acentos y tonalidades. Es decir, una misma palabra puede tener hasta seis tonos y la misma cantidad de significados, según como se la pronuncie. Un extranjero intentando hablar este idioma puede divertir a cualquier local.
Como en China, el culto a los ancestros o los próceres muertos es la principal forma de religiosidad. Gracias a la tolerancia religiosa, abundan también las pagodas budistas y las iglesias cristianas, sobre todo en el sur del país. En el centro de Ho Chin Minh el catolicismo francés erigió una precisa réplica de la catedral de Notre Dame.
Los años de guerra y sufrimiento fueron caldo de cultivo para la construcción de una arraigada solidaridad. "Además son terriblemente comerciantes, es casi un sentido innato", afirma un argentino que hace años vive en este país y que también los caracteriza como orgullosos y nacionalistas. "Es un pueblo que nunca estará contra las cuerdas", agrega.
El origen. Tras la aparición del reino de Au Lac, el primer Estado Viet, en el 208 AC, el país fue dominado por casi 1000 años por China y sus diferentes dinastías. El impacto chino abarca pasado y presente: en las ciudades vietnamitas, los chinos tienen hoy sus comunidades y sus barrios. Por otro lado, son hoy países espejo a la hora de gobernar la política y la economía.
La independencia trajo una guerra de secesión entre diferentes señores feudales, y llegó luego el tiempo, como en Europa, del Estado feudal centralizado y de diferentes reinados. Entre 1884 y 1945 el país estuvo dominado por el imperio francés. Su legado se encuentra hoy en la arquitectura materializada en los teatros, bulevares y algunos edificios públicos de Hanoi y Saigón.
"Claramente hay un fuerte impacto de las culturas chinas y francesas en Vietnam. Con respecto a China, hay grupos étnicos compartidos. La marca es mutua. Hay una gran comunidad china en el país", afirma Do Quang Quy, director del Centro Artístico de Vietnam. "Estuvimos casi 100 años bajo la dominación francesa. La huella es mayor para la gente más vieja en Hanoi, porque sienten su filosofía en su educación", agrega.
La ocupación japonesa duró poco y tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el 2 de septiembre de 1945, Ho Chi Minh fundó la República Democrática de Vietnam. Pero Francia intentó recuperar sus dominios. Los galos fueron vencidos en Bien Dhien Phu y el país se dividió en dos en la línea que marca el paralelo 77. Llegó la Guerra Fría y la administración francesa de Vietnam del Sur fue reemplazada por una pro norteamericana.
La segunda guerra de Vietnam dejó las cicatrices más dolorosas y quizás las más palpables. Desde 1975, cuando terminó la guerra, las minas y bombas sin explotar causaron más de 30.000 muertos y 64.000 heridos. "La gente encuentra las bombas y las intenta desarmar para vender el metal o usar la pólvora para pescar", explica Thu Thao, presidenta de Vietnam Veterans of America Foundation.
El cáncer y los defectos congénitos transmitidos generación tras generación todavía hacen carne en algunos habitantes de las ciudades, aunque es la población rural la más afectada. El gobierno de los Estados Unidos tiró más de 20 millones de galones de la dioxina conocida como Agente Naranja -el químico más peligroso existente para los humanos- y otros herbicidas sobre la población de Vietnam durante la guerra.
Antes del éxito del Doi Moi, pero después del intento de construir una economía como la de la Unión Soviética y como "consecuencia de la aplicación de un modelo económico inadecuado a las leyes naturales del desarrollo y la coyuntura concreta de la historia nacional, Vietnam cayó en una grave crisis socioeconómica que duró más de una decena de años", admite el Panorama 2007 del país elaborado por el gobierno.
Con 30 años de paz, el pragmatismo de los negocios comenzó a cerrar las heridas políticas y económicas. Hoy Estados Unidos es uno de los principales aliados comerciales de Vietnam, segundo exportador de arroz y café en el mundo. El país del sudeste asiático también produce antracita, petróleo crudo, gas natural y licuado, entre otros recursos.
Los símbolos del comunismo son todavía fuertes en Vietnam. Las calles continúan hoy vestidas con cientos de banderas rojas y amarillas conmemorando fechas patrias. Pero en esas mismas calles otra poderosa fuerza, aún no desatada totalmente, asoma. Es la de la mano invisible y habla un idioma que no reconoce ideologías: el del dinero.
El valor de un periodista
Ho Chi Minh city.- Humo, fuego, desesperación. La foto Kent Potter, periodista de la United Press International, inmortalizó el miedo enclavado en los ojos de los refugiados de los suburbios chinos de Cholón, al sur de la entonces Saigón, durante la segunda fase de los operativos de Tet en mayo de 1968.
En ese escenario de ruinas, balas y sangre, que hoy sólo forma parte de la memoria, desaparecía el periodista de La Nacion Ignacio Ezcurra, quien había llegado el 24 de abril de ese año para cubrir la guerra que marcaría en la historia la peor derrota bélica de los Estados Unidos.
El 8 de mayo de 1968, se cumplieron hoy ya 40 años, fue la última vez que se lo vio con vida. Siete días después se lo dio por muerto. Había salido con dos periodistas de la Associated Press y otro de Newsweek a entrevistar al pueblo de ese barrio pobre. "Quería echar una ojeada", dijo entonces un corresponsal estadounidense.
Cholón sigue siendo hoy el populoso barrio chino de la pujante Ho Chi Minh city. Pero ya no es tan pobre. Los improvisados mercados callejeros venden frutas, verduras, pescados y carne entre modestos y estrechos departamentos residenciales. Los cientos de comerciantes de telas se entremezclan con la nueva terminal de transporte y varias pagodas budistas e iglesias cristianas en el lugar.
Pero tras el olor a incienso que recorre las pequeñas calles, en las grandes avenidas, las motocicletas y scooters se pasean entre torres en construcción y el enorme frente del Hung Vuong Plaza, un centro comercial, donde un gran cartel preanuncia el estreno de Sam Nhiet Doi, la última película de Ben Stiller (Tropic Thunder).
"Siento mucho la muerte de los colega que fueron asesinados por el Vietcong. Estaban desarmados y tuvieron tiempo de decir que eran periodistas. Fue una crueldad inútil eliminarlos Por otra parte, entiendo que el periodismo ha sido sumamente imparcial con el Vietcong. También entiendo que todos los que estamos aquí sentimos que estamos corriendo ese riesgo. Y ése es un precio que tenemos que pagar por estar cubriendo la historia más grande y tal vez la más triste de este momento", dijo un día antes de desaparecer, Ezcurra por televisión en La Voz de América.
Esa húmeda mañana de mayo bajó del jeep que llevaba a sus compañeros a sólo cinco cuadras del puente que conecta a la ruta número cuatro y que lleva al legendario delta del río Mekong. Allí, en ese mismo puente que envuelto en humo y fuego Kent Potter inmortalizó con su cámara, Ezcurra encontró valientemente la muerte.
Argentina y Vietnam
VIETNAM.- La reforma no sólo destapó la voracidad material en Vietnam, sino también la cultural. Cuando LNR visitó el país, en la Opera House de Hanoi se reunieron importantes personalidades para festejar el 35° aniversario del inicio de relaciones bilaterales entre la Argentina y Vietnam.
Tras un discurso del embajador argentino, Tomás Ferrari, Pablo Saraví, violinista de la orquesta filarmónica del Teatro Colón y miembro de la Camerata Bariloche, y la pianista Inés Sabatini, también del Colón y de la Escuela Nacional de Danza, cautivaron a los presentes con un variado repertorio.
Ejecutaron, entre otras, piezas de Vivaldi, Mozart y Grieg. Para el final, Huy Du , una melodía local, y una emotiva versión de Adiós Nonino , de Astor Piazzolla, que levantó al auditorio de sus butacas.
"Nuestro país puede hacer punta también en cuanto a la cultura", afirmó Saraví a LNR. "Se notó que el público lo disfrutó. Pienso que estaban ávidos de nuevas experiencias culturales", completó Sabatini.
Ambos destacaron la energía del presidente de Goldmund, Dante Choi, que organizó el evento con el apoyo de la Secretaría de Cultura local, y la embajada argentina en Vietnam.






