
La profundida del alma rusa
Habiendo vivido y trabajado hasta hace pocos años en Moscú, una de las preguntas más difíciles de contestar es por qué los rusos, en general, no son simpáticos con los extranjeros. Y la respuesta a ese interrogante esconde muchos de los secretos del alma rusa.
"Si algún día voy a Buenos Aires seguramente también me van a mirar con mala cara cuando se den cuenta de que soy extranjero. Es algo lógico", respondió Ivan, de 28 años, un colega ruso compañero de trabajo cuando intentó contestar esa duda. Tuvo que intervenir otra compañera mexicana para confirmar que en América Latina sucede lo opuesto a Rusia. El trato, la mayoría de las veces, suele ser solidario e incluso más respetuoso con los extranjeros que con los locales.
La palabra rusa nemetz, significa "alemán", y es una metonimia para nombrar en general a los extranjeros. Además, es una forma de decir "mudo", pero también "tonto". Básicamente en Rusia, un país que históricamente tuvo más emigración que inmigración, miran con desconfianza a quien es incapaz de comunicarse en su idioma. Con el inglés se viaja a todo el mundo… menos a Rusia. Por supuesto que hay excepciones según el nivel de educación, pero la cara del ruso común, que no suele ser bilingüe, cuando se le pregunta "Do you speak English?" es una mezcla de desprecio, sentimiento de agravio y rechazo.
Una conversación privada en español con otro colega argentino en el metro de Moscú fue interrumpida por un pasajero, totalmente desconocido, que nos increpó con fastidio en ruso: "¡Esto es Rusia! ¡Aquí se habla ruso!".
La anécdota lleva a otra faceta que sorprende a los extranjeros: el autoritarismo. Con 18 años en el poder, Vladimir Putin es la encarnación de ese rasgo que atraviesa desde la época de los zares a toda la sociedad rusa.
Al zar no se lo discutía, a Putin tampoco, y no se cuestiona en general a ninguna autoridad. Y eso lo aprende un chico desde el detsad, el jardín de infantes. Hay una palabra rusa utilizada en el ámbito docente, que es difícil para traducir exactamente al español. Vospitanie es "educación", pero también "formación", en el sentido de enseñar las normas que hacen a las buenas costumbres de una persona, desde los modales hasta saber escuchar y hablar de manera respetuosa, y la forma de comportarse ante la autoridad.
Los colegas rusos del canal de televisión donde trabajaba, formados en este sistema, eran avisados desde horas antes cuando la directora, una periodista de alrededor de 35 años, pensaba "bajar" a visitar la Redacción. Ante su llegada disminuía automáticamente el tono de voz de las conversaciones, y ella caminaba entre los escritorios muy erguida, consciente del respeto que imponía su presencia.
No es de extrañar entonces que los rusos, entrenados desde pequeños en la disciplina, descollen en artes que requieren un alto control sobre sí mismo y el propio cuerpo, como son el ballet o la gimnasia artística.
¿Será tanta presión social lo que hace que muchos rusos encuentren en el alcohol una vía de escape?
Hay un dato aterrador: un cuarto de los hombres rusos muere antes de cumplir los 55 años, y la mayor parte de los fallecimientos es consecuencia del consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
No es raro que al finalizar el horario laboral, en la misma vereda del lugar de trabajo, los compañeros se pongan a charlar y compartir sus petacas con vodka.
Y esto da pie a otra característica en la que sobresalen los rusos: el valor de la amistad. Superada la primera barrera de la frígida cara de un moscovita en el metro, cuando un ruso se abre a la amistad (druzhba) la relación adquiere un sorprendente nivel de compromiso, lealtad y estabilidad que va mucho más allá de las palabras. "Mis mejores amigos son rusos", decía un colega brasileño con fluidos contactos en todo el mundo.
Es que detrás de un parco amigo ruso se esconde la filosofía de Fyodor Dostoyevski, que supo interpretar como nadie los secretos del alma de sus compatriotas cuando escribía "queda muchísimo más adentro de lo que puede salir en palabras".






