
La Renga
Después de un año, dos recitales en Atlanta
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Para quienes no se decidieron a armar la mochila y viajar al interior, la espera para ver nuevamente a La Renga en vivo ha sido larga.
Pero no eterna. A un año justo de su última presentación en la Capital, la banda vuele a mostrarse en el mismo estadio de Atlanta, en Humboldt al 500. Pero esta vez serán dos fechas: hoy y mañana, a las 22.
Sin promoción y sin aparecer en los medios, el trío integrado por Chizzo, en guitarra y voz; Tete, en bajo y Tanque en batería -más vientos y armónica de Manu y Chiflo- va haciendo su "caminito al costado del mundo", y demostrando en estos diez años que transitar nuevos rumbos puede ser una buena experiencia.
En el año último entre aquel Atlanta y estos dos, la banda habló poco, pero hizo mucho. El resultado más tangible es La Renga , su nuevo álbum. El quinto de la banda si las cuentas comienzan con Esquivando charcos , aquel cassette independiente de 1991 que, hace unos meses, fue reeditado en CD. A ese siguió Adónde me lleva la vida y Bailando en una pata, grabado en vivo en el estadio Obras y, en 1996, Despedazado por mil partes , producido, al igual que el último, por Ricardo Mollo.
Pero no sólo de escribir canciones y grabarlas estuvo ocupado el año rengo . Antes de entrar en los estudios, viajaron a España, invitados por una banda de allá, Los Suaves. Con ellos tocaron en dos de las tres fechas que realizaron, en Barcelona, Madrid y Valencia.
Ya de vuelta, y con el disco en la calle, La Renga se presentó en algunas ciudades del interior. Los recitales de Córdoba, a mediados de octubre, y de Mendoza, a principios de este mes, sirvieron para calentar los motores y el alma de este puñado de nuevas canciones.
Desde aquel Club Larrazábal inaugural, hasta hoy, el rumbo ha sido certero. Por eso, esta noche y mañana, los que saben escuchar, sabrán exactamente de qué se habla cuando, desde el escenario, Chizzo cante que "es tu canción la que quiero oír en mi voz". Una banda que no se rinde, y por eso brindarán con rock y los mismos de siempre.
El ritual del encuentro volverá a producirse. El público llevará sus banderas y la banda entregará su música, pero también alguna escenografía preparada para la ocasión y, como también ya es habitual, una nueva edición de la publicación El Precipicio.
Será entonces una fiesta. Para escuchar música, compartir la noche, brindar por no rendirse y reír. Reír hasta morir.





