La trampita semántica que suele esconder el perdón "trucho"

Miguel Espeche
Miguel Espeche PARA LA NACION
(0)
7 de septiembre de 2019  

Si alguna vez debe usted pedir perdón, hágalo por algo que haya hecho mal, no por algo que el otro sintió o interpretó. ¿A qué viene el comentario? Ocurre que en los medios se da muy a menudo algo que escenifica situaciones que ocurren, también, en la vida "real". La cuestión sería más o menos así: una persona dice de otra (o de alguna institución, grupo, etcétera) algo violento, inapropiado, insultante o cosa similar. Como eco de esto, la persona aludida siente el agravio, lo sufre de alguna manera, se percibe tocada, humillada, agredida, mancillada en su honor o lo que sea, a partir de los dichos antes mencionados y, desde ese sentir, actúa con ánimo de que se repare lo que considera una afrenta o agresión.

Quien manifestó aquello que al otro le resultaba hiriente o agraviante, presionado por los efectos del caso, dice que se retracta y, al parecer, se disculpa. pero no.

La declaración de supuestas disculpas suele decir algo así: "Pido perdón si alguien se sintió ofendido (insultado, herido, etcétera) por lo que dije, no era mi intención que se sintiera de esa manera". La trampa está, por supuesto, en el hecho de que las disculpas no se ofrecen por lo dicho, sino por el hecho de que el otro se sintió mal por lo declarado. Eso es hacer mula, por cierto, y es deber de bien nacido señalarlo.

Es muy diferente decir: "Pido disculpas por lo que dije, me arrepiento de haberme expresado en esos términos porque está mal lo dicho y lamento los daños ocasionados". Ahí va mejor la cosa ya que implica asumir la responsabilidad del hecho, sin endosar lo "negativo" de la cuestión al que se sintió mal. La disculpa genuina implica reconocer que lo dicho era erróneo, violento o impropio, y el sentir del otro es solo un eco de ese mal proceder.

Si bien muchos no se percatan de la cuestión, la trampita semántica existe y su uso es muy frecuente. Se trata de un proceder psicológico que suele llamarse "manipulación". Con el falso pedido de disculpas, de alguna manera parece que el que sintió la molestia del caso es el responsable de que lo manifestado sea "malo". Si no hubiera sido tan susceptible, sensible o complicadito a la hora de interpretar los dichos, los mismos no hubieran sido repudiables.

Claro que puede ocurrir que aquel que dijo aquello supuestamente ofensivo crea de verdad lo que dijo y hasta es posible que tenga razón (no es eso lo que acá evaluamos). Si fuera así, no habría disculpas que pedir, y el conflicto seguirá su curso pero con las cartas sobre la mesa.

Demos un ejemplo de lo que queremos decir. "Todos sabemos que los hinchas de Sportivo Fulano son todos ladrones y mal vividos", podría decir uno por ahí (un dirigente de Sportivo Zutano, por ejemplo). Ofendidos, los dirigentes del Sportivo del caso trinarían ofendidos ante el agravio y exigirían una retractación. Ante la presión, el que emitió esos juicios puede darse cuenta de que lo que dijo es una generalización inapropiada, y pedir disculpas por lo dicho, o, si realmente eso es lo que piensa de los hinchas del Sportivo Fulano, bancarse la que venga.

También puede pasar que, convencido de la indignidad irredimible de los hinchas del club contrario, pero presionado y atemorizado por las ulterioridades de su pensamiento, el emisor de los juicios negativos puede apelar a la fórmula transaccional arriba mencionada: "Pido perdón si alguien se sintió molesto con lo dicho, no era mi intención herir a nadie". Así parece que se disculpa, cuando en realidad no lo hace.

Disculpen los lectores si se sienten mal porque acá develamos algún truco habitual que suelan realizar. No era nuestra intención arruinarles el truco. o, mejor dicho (y desdiciendo los renglones anteriores), sí lo era, y no sentimos ninguna culpa por ello. En ese sentido, nos bancamos la que venga, y a mucha honra.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Lifestyle

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.