
Los tres programas que integran la cuarta temporada de Sherlock serán, probablemente, los últimos capítulos de la serie protagonizada por Benedict Cumberbatch en muchísimo tiempo.
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Por Marcelo Pavazza
Ni Sir Arthur Conan Doyle hubiese imaginado mejor encarnación de su Sherlock Holmes que la lograda por Benedict Cumberbatch. La cara angulosa, los ojos grises, la blanca palidez, el aire levemente andrógino del londinense que gracias a Sherlock se ha transformado en una superestrella mundial envuelven una actuación prodigiosa que le da al célebre detective del 221 B de Baker Street un aire de suficiencia y modernidad que parece clausurar cualquier otro intento de abordar el personaje (incluida en la ecuación la cancherísima performance de Robert Downey Jr. en la más bien pobre saga cinematográfica dirigida por Guy Ritchie). Después de una larga espera –la única aparición del programa en 2016 fue en el lúdico especial The Abominable Bride, donde gran parte de la acción devolvía a Holmes a su escenario natural, la Londres de fines del siglo XIX–, Cumberbatch está de vuelta con la cuarta temporada de la serie, que debuta el 1 de enero.
Desde que arrancó, en 2010, Sherlock lleva solo 10 capítulos al aire y, sin embargo, esa brevedad le alcanza para ser la más perfecta de las adaptaciones de la emblemática colección de relatos que en 2017 llegará a los 130 años de existencia. Las muchas historias escritas por Doyle que los creadores Steven Moffat y Mark Gatiss adaptaron para esta decena de episodios mostraron el pulso del dúo para imbricar la personalidad y el poder deductivo de Holmes con las nuevas tecnologías. También con el mismo timing reeditaron la química del famoso detective y su eterno Sancho Panza, el Dr. Watson, interpretado por Martin Freeman, otro que logró estatus internacional a partir de Sherlock. Los anglófilos, que hoy pasean sus preferencias de Downton Abbey a Black Mirror así como ayer se maravillaron con Los vengadores, Los profesionales o Prime Suspect, felices.
En los últimos 15 años, Holmes –“sociópata de alto funcionamiento”, según sus propias palabras– estuvo presente, de una u otra manera, en personajes como el Dr. Gregory House o los protagonistas de Monk, The Mentalist o Bones; pero aquí hablamos de la fuente original (un sagaz investigador de altísimo coeficiente intelectual que ofrece sus servicios a Scotland Yard) y del tratamiento que sobre ella ejercieron Moffat y Gatiss: un policial que es puro vértigo para un antihéroe ácido, misántropo y desdeñoso. “Very british”, podría decirse. Basta husmear el “Honest Trailer” que le dedicó la gente de la revista digital y canal de YouTube Screen Junkies para comprobarlo. Allí, a pesar de que en tono de mofa se repiten obsesivamente los tópicos que se suceden una y otra vez en pantalla (las entonaciones y giros verbales de Cumberbatch, los reiterados fruncimientos de ceño de Freeman), la serie sale indemne debido a su calidad indiscutible. O revisar las críticas que el programa viene recogiendo desde su debut, todas ellas laudatorias.
A lo largo de la serie, Holmes ha resuelto varios crímenes/dilemas, a la vez que encontró villanos a su medida –el escalofriante profesor Jim Moriarty de Andrew Scott; el inmoral Charles Augustus Magnussen–. Los tiempos actuales calzaron a la perfección con el personaje: ya no están la lupa ni el famoso gorro de caza (al menos no como elementos habituales de la trama), y tanto la telefonía celular como internet son herramientas indispensables para sus investigaciones, aunque a veces –solo a veces– sean más veloces que su privilegiada mente. No faltan ni las referencias a sus nulas relaciones con mujeres (salvo algunos escarceos histéricos con la patóloga Molly Hooper y la fascinación que produce en la villana Irene Adler) ni –como contrapartida– cierto regodeo de los autores en teñir de ambigüedad sexual su relación de amigo-enemigo con Watson; tampoco el policía “admirador” (el inspector Lestrade) ni esa especie de amenaza constante que es su sombrío hermano mayor, Mycroft (interpretado por el mismísimo Gatiss), encumbrado agente de inteligencia de un organismo jamás especificado.
En su vaivén caprichoso de episodios –el encanto de la serie también radica en ese dato–, hasta hubo lugar para que Holmes fingiera su muerte y para el –aparente– suicidio de Moriarty. En esta cuarta temporada, se esperan un nuevo villano, Culverton Smith, interpretado por Toby Jones (según Moffat, “el villano más oscuro que hemos tenido, pura maldad”) y un detalle que intriga: el hijo de Watson, que recompuso la relación con su esposa, Mary, y ahora se prueba como hombre de familia. ¿Cómo reaccionará “tío” Sherlock a esto? Un misterio aún más indescifrable que cualquier crimen que le toque resolver.






