La Venus criolla / Cómo ver la obra

Además de representar un hito en la carrera de su autor, esta pintura constituye un bello homenaje a las mujeres americanas
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29 de febrero de 2004  

Los ideales de belleza femenina varían según las diferentes culturas. Famosas son las apreciaciones de Paul Gauguin comparando a la maorí con la parisiense, registradas en Avant et après: "(...) el brazo de la maorí es igual que el de todas las mujeres orientales, sólo que más fuerte (...). La pierna sigue, desde la cadera al pie, una linda línea recta. El muslo es muy fuerte, pero no a lo ancho (...). Su piel es de un amarillo dorado". No puede escapársenos que para otras visiones de lo bello se hace hincapié en la blancura de la piel.

Pues bien, Emilio Centurión quiso celebrar en La Venus criolla la belleza femenina tal cual él la percibió en el arquetipo que adoptó como modelo. Sin duda que esta modelo está más cerca del ideal de Gauguin captado en las maoríes que de otros ideales, como los que podrían reflejar las Venus del Tiziano. O en Velázquez, la famosa Rockeby Venus que el genio español pintó de espaldas, haciéndonos rebotar el enigma de su espejo.

Emilio Centurión está considerado con justicia uno de los mayores clásicos que produjo el arte de nuestro país y de su tiempo. Consagrado como maestro de maestros, no pudo evitar hacia el final de su vida sentirse obligado a ensayar otras formas expresivas para evitar que se lo considerara anticuado. Recuerdo esa época por haberla compartido.

Ahora bien, en la culminación de su genio pintó La Venus criolla, donde desplegó su admiración por un tipo de belleza más próximo al ideal de Gauguin que al mayoritario gusto europeo. Fue Marechal que dijo que el poeta es voz exacta de su pueblo, en un sentido amplio de poeta, que abarca pintores y músicos. A esa estirpe pertenece este autor, a cuya creación procuré acompañar con estos versos que rinden homenaje a su Venus.

Largo peregrinar hasta vos/ Salpicado/ de duros papelones./ Hasta que al fin/ La tierra se hizo amiga/ Y me devolvió/ Al crujir/ De tus muslos de piedra.

Aprender a mirar una obra de arte supone captar su esencia. Esta, en la pintura, logra plasmar con equivalencias plásticas un mensaje.

Eso es lo que el artista con personalidad logra transmitirnos a partir de la intensidad de su sentimiento. Así, transfigura el tiempo efímero por el presente de la eternidad. Conquistar esta victoria es privilegio de genios como Emilio Centurión, que más allá de modas (siempre pasajeras) logró introducirnos en el ideal estético que supo vislumbrar.

Toda belleza captada es un reconocimiento, y para lograr ese reconocimiento hay que empezar por llevarla dentro de nosotros mismos.

El autor es poeta y crítico de arte. Publicó setenta y tres libros. Ha traducido Hamlet y La tempestad, de Shakespeare.

Datos útiles

  • Año: 1934
  • Técnica: óleo sobre tela
  • Medidas: 183 cm x 130 cm
  • Dónde encontrarlo: patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473; 4803-0802
  • Emilio Centurión

    (1894-1970) Es una de las figuras más destacadas de nuestras artes plásticas, que cobró notoriedad muy tempranamente. Con la obra que se reproduce en estas páginas obtuvo su consagración definitiva en el XXV Salón Nacional.

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