Isak Andic: el inmigrante turco que fundó un imperio textil, facturó millones, y sospechan que fue asesinado por su heredero
Su familia dejó Turquía en 1968 tras el primer golpe de estado y luego de que su padre perdiera el negocio; Isak Andic, creador de la marca de ropa española, empezó vendiendo blusas en el baúl de su auto
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Mango es una compañía española con sede en 115 países, 2700 puntos de venta y más de 15.000 empleados. Pero antes de todo eso, Mango fue una idea de Isak Andic, que se abrió lugar dede joven con la venta de ropa en un puesto callejero, en el mercado de Barcelona.

De origen sefaradí y familia turca, los Andic llegaron a Cataluña en 1968, cuando Isak tenía 14 años. La década del 60 en Turquía se caracterizó por la fuerte inestabilidad sociopolítica y económica, además del primer intento de golpe de Estado en el país. En 1960 estallaron las protestas contra el Gobierno, con movilizaciones en las principales ciudades y muertes. El Partido Demócrata, que había gobernado durante una década, fue derrocado en mayo de ese año por una junta militar que encarceló a todos los líderes.
El padre de Isac trabajaba en la importación de materiales eléctricos en Estambul cuando, por los problemas políticos perdió el negocio. La familia decidió emigrar, buscar suerte afuera. Pararon brevemente en Roma, pero enseguida continuaron rumbo a Barcelona. Llegaron con lo puesto.

No era fácil, por supuesto. Las culturas, los idiomas, eran muy diferentes. Pero por la herencia sefardí de su religión, mantenían como tradición el uso del idioma judeoespañol, como un castellano medieval. Aunque eso no fue de mucha ayuda: “Cuando llegué aquí, esa lengua me sirvió de poco; no entendía nada y tuve que empezar de cero”, le dijo a El País.
En España terminó el colegio. Aunque no era buen estudiante, se matriculó en Economía, ya desde entonces apuntaba, de alguna manera, al ámbito de los negocios. “Yo no sabía lo que quería ser. Básicamente, ganarme la vida”, sostuvo. Sí sabía que le gustaba la vida nómada, “el placer del comercio”.
El germen de Mango
No tardó en armar un negocio pequeño: compraba blusas bordadas a mano en el Gran Bazar de Estambul. Vendía de forma ambulante en distintos mercados españoles. Así ganó sus primeros seis euros. Lo fue reinvirtiendo, hasta que a los 18 se compró un auto (Seat 850). Trasladaba en el baúl la mercadería por toda España. “No sé si por orgullo o por honor, pero hasta que no lo vaciaba, no volvía a casa”.

Logró ahorrar, entre idas y vueltas, 6000 euros, los que invirtió en un viaje a Londres para importar productos que no encontraba en España, como zuecos holandeses, abrigos afganos, blusas hindúes. Todo lo que el ambiente hippie consumía. Lo exponía en un puesto de 16 metros cuadrados en el mercadillo de Balmes, en Barcelona. Sabía manejar la plata, ahorrar, invertir, reinvertir. Así se expandió rápido con locales en las galerías de Portaferrissa y en el Portal de l’Àngel.
El negocio lo acaparaba. Viajaba por toda Europa buscando tendencias: París, Londres, Milán. Logró abrir una tienda en La Rambla, el emblemático paseo de Barcelona. La llamó Isak: vendía sobre todo jeans, mientras se alejaba de esa estética más underground de los primeros años. Se centraba cada vez más en lo que se ofrecía en el mundo, en la moda de temporada. Fabricaba él mismo los productos. Era el germen de Mango.

Pensar globalmente y actuar localmente
Aprendía rápido. Y siguiendo con sus viajes, se dio cuenta de “la importancia de concentrar la fuerza de una marca en un solo nombre”, como explica Europa Press.
En 1984 decidió diseñar y fabricar sus propias prendas. “Por suerte o por intuición”, dijo, abrió una primera tienda en el Paseo de Gracia, una de las avenidas más elegantes de Barcelona. La bautizó Mango.
El modelo no tardó en expandirse por toda Europa. “Dejé de vender ropa para vender un concepto Mango, en el que cada tienda franquiciada tenía el mismo interiorismo, el mismo escaparatismo, el mismo producto, la misma gestión. Empezamos a expandirnos. El que quería abrir una tienda de Mango en tal ciudad, le dábamos la exclusividad”, detalló.

En 1992 llegó a Portugal. Su expansión internacional estaba empezando. Siguió Francia y una mudanza de fábrica a China. “Nos hicimos fuertes en el Mediterráneo y luego en Europa Central, Oriente Próximo y Extremo Oriente. Mi secreto ha sido pensar globalmente y actuar localmente. En 1994 abrimos en Taiwán y Singapur. En 1995 creamos la primera página web del sector y en 2000 fuimos pioneros en el comercio electrónico”, contó.
“Yo no sabía lo que era internet, pero le dije a la responsable, Elena Carasso: ‘Te doy las armas y tú gáname la guerra’. En 2006 abrimos la primera tienda de Nueva York, en el Soho. En 2007 ya teníamos 1000 en todo el mundo, y volvimos a la moda masculina, que habíamos abandonado en 1996″, agregó.

La intención de expandir el imperio fue su ambición desde el principio. De ahí que eligiera ese nombre para la marca. La idea se le apareció en un viaje de vacaciones por Filipinas. Ahí probó la fruta y notó la gramaticalidad del nombre: se escribe y se pronuncia igual en cualquier idioma. Eso resultaba clave para su compañía, para sus sueños imperiales.
Esa especie de espíritu previsor marcaba ya un camino que, en poco tiempo, lo llevó a ocupar un lugar en las ciudades más grandes del mundo.
La historia de una nueva victoria
Como se contó, su primer destino internacional fue, casi ocho años después de su fundación, Portugal, el primer paso en una carrera ascendente. Abrieron tiendas y franquicias en todo el mundo. Pero eso sí: todas, estén donde estén, deben seguir directrices precisas de gestión.

Pero su historia no es toda de éxito y buena suerte. Por el contrario, Andic vivió con la empresa uno de los peores momentos en 2015, cuando sufrió un estancamiento y se endeudó gravemente. La reputación de Mango tambaleó, y tuvo que recortar, renegociar y controlar las cuentas. Además, en ese entonces había dejado a cargo a su hijo, Jonathan, hoy acusado por su muerte. Isak decidió contratar a un director financiero, y juntos consiguieron esquivar el problema.
Sobre ese momento, le dijo al diario español, en una de las pocas entrevistas que dio: “Desde 2015, después de los errores y los bandazos, cuando los clientes se olvidaron un poco de nosotros, hemos ido echando raíces profundas, como el bambú, que durante seis años no lo ves porque crece para dentro y, de pronto, empieza a crecer para arriba y sube 30 metros. Cada nudo de nuestro bambú es la historia de una victoria o de una derrota”.

Pese a esos errores, a ese momento en donde tuvo que maniobrar para recuperar el rumbo, Andic siempre fue de esas personas que no creen en los límites, que de hecho decía “sky is the limit” (el cielo es el límite), y que remarcó: “Lo primero, la cultura del trabajo; que no te dé pereza nunca nada. Dos, la gente de que te rodeas. Tres, tener los objetivos claros y pensar en el futuro. Y también la intuición. Hay que ser positivo y no vivir encorsetado. Hay que ponerse en la piel del otro para solucionar los problemas. Y no echar la culpa a nadie: si eres el jefe, el culpable de los fracasos eres tú. Tienes que ser honesto, porque así te ganarás la confianza del otro. Y, además, he sido algunas veces un poco inconsciente. Y, sobre todo, para qué engañarnos, he tenido suerte. ¡Ah, la suerte!”.
Empezó para ganarse la vida y escaló alto, acompañado de talento y suerte. Implementó una marca slow fashion que mira hacia las principales preocupaciones ambientales. Supo usar a las celebridades para que su fama despuntara, y acunó una de las fortunas más grandes de España.

El 18 de marzo de 2024 Andic recibió el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial. Se lo entregó el rey Felipe VI, con quien mantenía una estrecha relación. En ese momento, y como siempre, estaba lleno de planes: “Tenemos una gran cantidad de trabajo por delante. Es una ambición más brutal que nunca. Yo tengo la misma de siempre, pero ahora el horizonte está más lejos”.
Meses después, en diciembre de 2024, Isak hacía senderismo en una montaña a las afueras de Barcelona cuando cayó 150 metros y falleció. Iba acompañado de su hijo mayor Jonathan, quien entonces declaró que caminaba unos metros por delante de su padre cuando escuchó el ruido de las piedras y lo vio caer. Pero el martes pasado, la investigación determinó, gracias al estudio de sus huellas, que la muerte no fue accidental. El sospechoso es Jonathan, quien fue detenido y liberado tras el pago de una fianza. La fortuna de Andic en ese momento se estimaba en unos 4500 millones de dólares.
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