
La vocecita mental de Gay Talese
Casi todos los que escriben conocen esa vocecita mental que aparece para hablarte de lo mal que lo estás haciendo. Hay que saber mantenerla a raya, porque es responsable de innumerables rendiciones (pasa con cualquier actividad creativa; estamos parados sobre hombros de gigantes y, si nos medimos frente a esos parámetros, deberíamos quedarnos en casa mirando series, pero entonces nadie produciría series nuevas).
En periodismo, la vocecita mental es un mal necesario porque contempla variables ligadas a los hechos, la información probada y el punto de vista de los involucrados. En el mejor de los casos, se convierte en nuestro primer fact-checker (un rol que existe en las grandes redacciones del norte del mundo); en el peor, es un objetor neurótico de todo lo que tipeamos.
Esto viene a cuento porque acaba de publicarse en castellano, vía Alfaguara, El motel del voyeur, de Gay Talese, un libro que generó una polémica áspera cuando salió a la venta en 2016. A los 85 años, Talese es una leyenda viva del periodismo escrito, un héroe de la revolución non-fiction del siglo pasado, autor de piezas clásicas como "Frank Sinatra está resfriado" (Esquire, 1968) y de libros de crónica como Honrarás a tu padre (1971), que inspiró la serie Los Soprano. El motel del voyeur -cuyos derechos ya fueron adquiridos por Dreamworks- cuenta la historia de Gerald Foos, un tipo que en los sesenta compró un motel en Aurora, Colorado, y que diseñó una "plataforma de observación" en el desván, instalando rejillas sobre algunas habitaciones. Foos se pasó unas cuatro décadas espiando a sus huéspedes, exprimiendo una pulsión voyeurista que arrastraba desde la infancia -cuando espiaba a la tía Katheryn mientras acariciaba desnuda su colección de muñecas- y confiriendo a su metódica violación de la intimidad un carácter seudosociológico. Escribió un diario en el que registró los hábitos privados de la población norteamericana y narró escenas de sexo con una prosa digna del correo de lectores de la Eroticón. En el camino, Foos no se privó de apuntar conclusiones morales sobre los individuos a los que fisgoneaba y ponía a prueba mediante "dilemas éticos".
La pregunta de fondo es qué habrá estado diciendo la vocecita mental de Gay Talese durante todos estos años, desde que empezó a cartearse con Foos en 1980 y confirmó la existencia de su guarida. No es fácil descifrarlo. Entre otras cosas, Foos le contó cómo vio el asesinato de una mujer a manos de su pareja y no hizo nada para impedirlo. En 2013, décadas después del primer contacto, el voyeur le dijo a Gay que quería publicar su historia con nombre y apellido. El libro, finalmente, es una metáfora oscura del periodismo, y su eventual complicidad como testigo indolente.
Mientras se defendía de las acusaciones que cayeron sobre él (desde que había caído en la trampa de un fabulador -hasta hoy no está claro qué es verdad y qué no- hasta que era un encubridor), Talese recibió a un cronista de Vulture. El entrevistador registró lo que el autor le dijo a alguien de su casa editorial. En una especie de desolación fría, el viejo Gay parecía traducir la melodía de su vocecita mental, un instrumento antiguo y preciado con alguna cuerda rota: "Estoy harto de tener que ser honesto y al mismo tiempo cuidadoso -dijo-. No soy cuidadoso. Si fuera cuidadoso, no habría escrito nunca nada".







