La voz de La Bombonera. Hizo radioteatro, presentó peleas de box y ahora “hace rugir” a la hinchada de Boca Juniors
Camila Ansaldo es periodista especializada en locución; desde hace dos años presenta a los equipos cuando Boca Juniors juega como local
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Camila Ansaldo (27) siempre va a la cancha de Boca con su papá. Él va a la popular, le gusta estar donde la muchedumbre. Ella tiene su platea un poco más arriba, al borde de la tercera bandeja, en la cabina de la voz del estadio, su lugar de trabajo. Antes de cada partido, como si fuera la primera vez, siente mariposas en el estómago cuando se encienden los altoparlantes: “Muy buenas noches, hinchas del Club Atlético Boca Juniors, les damos la bienvenida nuevamente a su casa, sean bienvenidos y sean bienvenidas a la Boom-boo-neee-ra”, dispara. Es su saludo característico.
Su pupitre irradia fútbol: hay papeles con viejas alineaciones, posters con imágenes de leyendas auriazules y un balón de esos con gajos pentagonales de cuerina. También hay un micrófono y dos prismáticos que sirven para ver bien los números del tablero del cuarto árbitro. Uno es para ella, el otro es para Jorge Formento, su colega, al que todos recuerdan por su participación en el programa ‘Feliz Domingo para la juventud’.
Camila recuerda “como si fuera ayer” el día en el que le tocó debutar como voz del estadio. Fue el domingo 26 de enero de 2020. Aquella noche, Boca recibió a Independiente en un partido que tuvo más tarjetas rojas que goles. El resultado fue 0 a 0 y hubo un expulsado por equipo: entre los xeneizes vio la roja Carlos Izquierdoz, mientras que Pablo Pérez fue el echado de los visitantes.

Hasta tres días antes de ese partido, la voz del estadio iba a ser la de Claudio Orellano, el locutor emblemático de Crónica TV, pero la dirigencia decidió instaurar un dúo mixto. “Tenía unos nervios que no podía más”, cuenta Camila a LA NACIÓN, “quería que llegara el día pero, al mismo tiempo, que no llegara”. Esa “oferta laboral” la sorprendió, aunque no tanto: ella, “bostera desde la cuna”, ya participaba activamente en la política del club, y uno de los proyectos en el que venía trabajando era la implementación de una voz del estadio femenina.
-¿Te pusiste nerviosa aquella noche?
-No. Estuve firme, por suerte, junto al gran Claudio Orellano.
-¿Hay alguna regla a la hora de presentar la formación de Boca? La voz del estadio puede destacar el nombre de un jugador sobre otro, puede hacer una pausa para destacar la ovación de la tribuna...
-No, nunca ,me dijeron nada, nosotros (ella y su compañero de cabina) los mencionamos a todos por igual. Destacamos más a los titulares que a los suplentes, pero esa sería la única diferencia que marcamos.
-¿Cuál fue tu mayor satisfacción en estos dos años como voz de La Bombonera?
-Cuando Boca salió campeón, el 7 de marzo de 2020, y pude anunciar el nombre de Diego Maradona. Él estaba como DT de Gimnasia, el rival de esa noche. Estuve todo el campeonato mirando el fixture, rezando para que Diego dirigiese a Gimnasia en La Bombonera. No iba a todos los partidos, estaba mal de salud, lo llevaban de acá para allá... Finalmente todo salió perfecto, esa noche fue mágica.
-¿Hablás con las otras voces de estadio femeninas? Siguen siendo pocas, pero cada vez hay más...
-¡Sí! De hecho, tenemos un grupo de WhatsApp, somos 17. Nos unió Ivana Rodríguez, que está en Gimnasia de La Plata. Hace dos años el chat tenía siete miembros. Si bien ese número crece, seguimos siendo pocas, en especial si se tiene en cuenta la cantidad de clubes que hay en el fútbol argentino.
La primera vez que vio a Boca
“Nací en Villa Pueyrredón y viví ahí toda mi vida. Hice la primaria en la escuela número 13, que quedaba cerca de mi casa”, cuenta Camila, a modo de presentación.
Recuerda que era estudiosa, una alumna aplicada, pero que pasaba la semana esperando el domingo para ver a Boca. “A esa edad, veía los partidos por televisión. Yo era socia, me habían inscripto en 2001, cuando tenía 7 años, pero mi papá todavía no me llevaba a la cancha”, asegura.

-¿Tu familia era muy boquense?
-Sí, muy bostera. Cuando era miraba todos los partidos, cantaba con la popular y me sabía los nombres de los jugadores de memoria. Me divertía con las historias de cancha de mi viejo, que en esa época, y aún ahora, va mucho a la popular.
-¿Cuándo fuiste a La Bombonera por primera vez?
-Recién conocí La Bombonera a los ocho años, después de haber insistido mucho. Mi papá me dijo que íbamos de sorpresa a la casa de mi tía, pero a la altura de Retiro empecé a intuir que estábamos yendo a La Boca... Fue el 8 de septiembre de 2002. Fuimos a la tribuna “socios baja”, detrás del arco más cercano a Casa Amarilla. El rival era Gimnasia de La Plata, ganamos 2 a 0 con dos goles de Héctor Bracamonte. Desde ese día, vine siempre.
Su sueño: ser locutora
En la escuela Normal 6, en el barrio de Palermo, conoció a una docente que influyó en su destino. “Ella daba clases de Comunicación y me hizo conocer la carrera de Locución”, define.
-¿Te entusiasmaba la idea de comunicar?
-Sí, mucho. Además, vengo de una familia politizada. Siempre existieron los debates, de hecho siempre se consumió mucho periodismo político. A mí, en especial, siempre me cautivó la comunicación no verbal: las posturas, los tonos, las velocidades a medida que el debate se ponía más caliente...
A los 14 años, Camila creó su primer programa radial (un noticiero de rock). “Le dábamos lugar a bandas que, al no tener mucha producción, eran desconocidas. Bandas como ‘Los Gardelitos’, ‘Ojos locos’, ‘La perra que los parió'... El programa se llamó ‘Reyes del Under’. Y hoy sigue sonando”.
A los 17 años se inscribió en la carrera de locución radiofónica en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica. Luego, casi en paralelo, comenzó Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata.
Ya de universitaria incursionó en varias “secciones”: hizo locución artística, co-conducción en programas de radio, anuncios en peleas de boxeo amateur y radioteatro. Su primer trabajo formal fue en Radio Perfil, de lunes a viernes, en el boletín informativo, en 2019. Poco después, en enero de 2020, debutó como la voz del estadio de Boca Juniors. Fue la primera mujer en cubrir, de manera permanente, ese puesto en el club.
“Sueño con presentar un superclásico”
Ingresó al club luego de militar en una agrupación partidaria. El “trato a los socios por parte de la seguridad en el ingreso a los partidos” y la “falta de un espacio para que los socios participasen” son algunos de los problemas que la incomodaban cuando iba a la cancha. “En ese momento yo tenía 20 y pico de años y empecé a notar que era egoísta de mi parte quedarme con lo lindo que me daba Boca y no generar nada para el club, porque yo consideraba que las cosas estaban mal con la gestión anterior, trataban al club como a una empresa”, explica.
-¿Cuál fue tu reacción?
-Empecé a participar en una agrupación llamada Juntos por Boca, donde había gente que yo conocía de ir a la cancha, de viajar a ver partidos, y me pareció que era lo que necesitaba Boca: hinchas de verdad y personas que vieran al club desde otro ángulo. Ahí me encargaba de hacer la gestión de eventos. Realizábamos reuniones en las que se debatía sobre diversos temas.

Unos meses después, en diciembre de 2019, los socios fueron a las urnas y la fórmula Ameal-Pergolini (de la que también formaba parte Juan Román Riquelme y que era de mucha sintonía con Juntos por Boca) ganó las elecciones, y Camila, al igual que los otros integrantes, comenzó a tener una participación activa y a elevar propuestas. Una de ellas fue implementar una voz del estadio femenina fija.
Para esa época, en muchos clubes ese puesto era cubierto por una mujer los días 8 de marzo -el día de la mujer-. “Me candidateé yo”, se ríe. El club le presentó una contrapropuesta que le pareció atractiva: “Me ofrecieron hacer un trabajo mixto a dos voces, con un hombre y una mujer. Claramente dije que sí”.
-Se te ve afianzada en el puesto. ¿Te gustaría seguir por muchos años más?
-¡¡Sí!! ¡Todo lo que se pueda!
-¿Hay algo de este trabajo que aún te quede por vivir?
-No tuve la chance de trabajar en un Boca-River, es mi sueño. Pero pronto, el 11 de septiembre, voy a tener la oportunidad. ¡Tengo unas ganas terribles!
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