Las alertas cuando llega el momento de armar el CV

Mercedes Korin
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3 de diciembre de 2018  • 16:30

Mariano tuvo buenas notas en la facultad, un trabajo mientras estudiaba, uno mejor al conseguir el título, luego posgrado, siguiente ascenso y así fue andando su recorrido profesional hasta hoy, con esfuerzo, aprendizaje y logros.

¿Qué no está funcionando, entonces? ¿Por qué envía su curriculum a los trabajos que le interesan y ni siquiera consigue que lo llamen para una primera entrevista?

Seguramente puede haber motivos diversos y muchos no tendrán nada que ver con Mariano. No depende de él que la empresa que publica una búsqueda termine cubriendo el puesto con un empleado que ya viene trabajando ahí o con alguien que haya sido recomendado por una persona con poder en ese ámbito.

Pero otros motivos sí tienen que ver con Mariano. Uno de ellos es cómo se está presentando a esas búsquedas, y en eso su curriculum vitae es clave. No alcanza con que la información que allí aparece sea ordenada. El CV tiene que ser pensado de manera estratégica.

Basado en hechos reales

Como Mariano, hay personas talentosas y con grandes recorridos laborales y académicos que parece que hicieran lo posible por usar su CV para esconder su trayectoria más que para hacerla visible. Los que siguen son alertas tomados de ejemplos reales que muestran malas decisiones en cuanto a cómo armar un CV y, a partir de ellos, sugerencias de mejora.

•¿Quién protagoniza el CV? Hay CVs en los que se les da más lugar a las organizaciones que a la persona. Mientras que el lugar de trabajo consigue una larga descripción estilo "Empresa dedicada a fabricar tubos de acero de distinto diámetro y largo, con y sin costura, utilizados para construcciones, instalaciones de gas, industria automotriz", no aparece nada sobre el desempeño de la persona. Quien quiera saber sobre la empresa puede googlearla; en cambio, es mejor usar ese espacio para detallar, en cada puesto, el rol (Gerente de Finanzas, Jefe de Compras, Analista de Recursos Humanos), las funciones (coordinación de equipo, elaboración de presupuestos, diseño e implementación de un proyecto) y los logros (disminución de los costos de operación, diversificación de clientes, neutralización de riesgos).

•Cuando datos interesantes quedan afuera. Hay veces en que los filtros para decidir qué va y qué no en el CV son desacertados. Un filtro desacertado es el que no incluye reconocimientos a no ser que sea haber obtenido una beca para la Unversidad de Harvard: ése no es el único tipo de valoración que cabe incluir en un CV. Haber ganado un puesto entre 100 postulantes o ser parte de un grupo reducido elegido para un programa interno de capacitación dentro de la empresa son hecho a destacar. Otro de estos filtros es el que evita incluir experiencias por ser demasiado distintas al empleo buscado. "A quién le importa que estuve un año de viaje trabajando por mi cuenta, si no me postulo para un trabajo en Turismo" es una manera muy acotada de ver la experiencia. En cambio, que ese dato esté permite interpretar que la persona en cuestión tuvo iniciativa y pudo arreglárselas durante un tiempo en el exterior.

•La generalidad extrema y la precisión sin sentido. En esto de qué incluir y qué no, dónde poner el foco y cuánto detallar, hay una tendencia a incluir una sección del curriculum que muestra hasta qué punto un CV puede ser confuso: el área de las habilidades o capacidades (creatividad, comunicación, negociación) y los conocimientos técnicos (tecnología, idiomas). Es fácil caer en vaguedades o en algo demasiado minucioso. ¿Cuánto le suma a alguien decir de sí mismo que ejerce un "liderazgo transformacional"? En todo caso, mejor darle espacio a hechos concretos que lo demuestren. Si no, se vuelve un término vacío y un poco pedante. Lo contrario pero igualmente ineficaz es describir un aspecto otorgándole una precisión que no suma nada. ¿Qué sentido tiene, para informar el nivel de inglés o de conocimiento en tecnología, armar un gráfico de barras con porcentajes? En cambio, es más útil informar dónde se obtuvo un conocimiento de este tipo y si se utiliza en un nivel básico, medio o avanzado.

A veces (¿muchísimas veces?) da fiaca hacer el CV, actualizarlo o volverlo más estratégico. Pero prestarles atención a estas cuestiones de la vida laboral suma. El CV bien hecho es una herramienta poderosa no solo para ganar visibilidad entre otros postulantes sino por el ejercicio de poner en valor el propio recorrido. Es un modo de honrar la experiencia. Así que dedicarle tiempo y cabeza tiene un doble resultado: por el producto que queda y que nos da a conocer y porque el proceso de hacerlo nos ayuda a identificar nuestro camino, a dónde estamos parados e incluso, a partir de allí, qué proyectamos hacer.

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