
Las fiestas silenciosas están entre nosotros
Nacida en Europa, la moda de bailar escuchando la música sólo por medio de auriculares llegó a Buenos Aires; en la pista pueden convivir diferentes ritmos, a elección de cada participante
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La música no se oye. Ni desde afuera ni cuando se entra en la fiesta. La respuesta se asoma en el primer punto de control: alguien pide un documento, una tarjeta, o algo que identifique, a cambio de un par de auriculares inalámbricos.
Después será cuestión de llegar a la pista y oír ese murmullo en el aire, el de los que susurran una letra, el de los que tararean un ritmo, el de los pasos de baile que ensayan unas zapatillas contra el suelo. Pero no la música. Porque la música está en los auriculares. En los que lleva cada uno de los que están bailando. En ese aparente silencio, con sólo tocar un botón del auricular, pueden elegir la música que prefieren: un DJ u otro, música electrónica o reggaeton.
Son las denominadas fiestas silenciosas, una movida muy popular en Europa, que llegó hace un año a la Argentina de la mano del productor de eventos Andrés Schnayman. "Mariano Bilinkis, ingeniero en sonido de bandas como Catupecu Machu, investigando sobre el sonido tridimensional, dio con estos auriculares -cuenta Schnayman-. En ese momento yo no sabía que existía ese furor en Europa desde hacía unos seis años."
Y, entonces, se preguntó: ¿por qué esto funciona en Estados Unidos y Europa y en la Argentina y Brasil no está? Así fue como trajeron la primera tanda de auriculares y arrancaron con las primeras fiestas y eventos de Silent Sound.
"El auricular tiene dos, o incluso puede tener tres canales: en cada canal, A o B, elegís la música que preferís escuchar -explica Schnayman-. Muchas veces se ponen dos DJ, uno al lado del otro, o uno de música electrónica y otro de reggaeton."
Lo divertido, más allá de la experiencia en sí, es justamente que la gente que comparte una pista baila dos o hasta tres estilos distintos.
"Es una experiencia espectacular -dice Carolina Villa Aprile, de 30 años, que ya estuvo en varias-. Es un show ver a la gente con los auriculares, cada uno en su mambo, escuchando algo diferente, cantando eso que está escuchando. Y, si te sacás los auriculares, se escucha eso: los murmullos de cada uno."
Pero en toda fiesta hay interacción y, por supuesto, levante. Y con auriculares y todo, Carolina afirma que esta interacción se da: poniendo en mute los auriculares, bajándoles el sonido, o con los que se buscan por estar bailando lo mismo. De hecho, dice que es raro que alguien encare a una persona que está bailando otro ritmo.
Para las fiestas, de todas maneras, han probado distintas alternativas: como poner música ambient que no estuviera al volumen que suele estar en un boliche, o dividir una fiesta con un vidrio, y que de un lado fuera una fiesta convencional a todo volumen y del otro fuera modo silent , con la posibilidad de escuchar en uno de los canales lo que pasaba del otro lado del cristal.
Pero para estos auriculares no todo es fiesta. Schnayman cuenta que los han utilizado ya para distintos eventos, como lo fue algún silent concert , donde una banda toca y cada persona del público elige el volumen para escucharlo con su propio auricular.
En 2005, fue en el festival británico de Glastonbury donde echaron mano a estos auriculares: había que evitar los problemas de volumen con los vecinos a partir de cierta hora, y esto fue una solución para que la música no se cortara de noche.
Pero no hay que confundir estas fiestas silenciosas con las denominadas " quiet party ", esas que tuvieron origen en Nueva York, en 2003, donde el leit motiv es no hablar, y comunicarse únicamente a través de notas o con gestos. Un verdadero culto al silencio.
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