
Límites, ¿qué es eso?
La sistemática transgresión de todo tipo de normativas parecería ser una parte inseparable de nuestro ser nacional. Especialistas en el tema explican las causas de un fenómeno en estudio y sugieren algunos posibles remedios
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La conducta transgresora que no se involucra en el cumplimiento de las normas es un rasgo congénito de la identidad nacional?
Tres equipos universitarios de investigación trazan sus respuestas para iluminar la psicología del (des)calificativo Yo, argentino, incluido en la enciclopedia virtual Wikipedia como sinónimo de Yo no me hago responsable.
Un estudio realizado por integrantes del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) indagó a un grupo de estudiantes para delimitar su percepción sobre el sistema normativo nacional y analizar cómo evaluaban la relación de los argentinos con las normas. Los participantes se reconocieron como "actores de prácticas cotidianas que infringen la ley", pero se justificaron bajo el paraguas de que la culpa sería de un entorno que propicia la transgresión: "El nivel de incumplimiento es tan alto que si nosotros no infringimos las normas, otros lo van a hacer", dijeron.
Los estudiantes denunciaron cierta presión social que estimula el incumplimiento de las normas, aun las más protectoras ("Te miran raro si decís vamos a cruzar la calle por la esquina"). Y resaltaron una conducta habitual frente a la transgresión ajena: la pasividad del no te metás.
"Más allá de la falta de control institucional, hay una norma social por la cual uno no puede exigirle a alguien que infringe una norma que la cumpla", expresan la doctora Elena Zubieta y la licenciada Maite Beramendi, autoras de la investigación.
Un aspecto sorprendente del estudio es que los participantes teorizaron sobre las normas como un eje directriz que organiza a las sociedades, pero cambiaron de parecer al trasladar el análisis al contexto argentino. En territorio nacional "la norma ya no ordena, sino limita; ya no deviene de un consenso, sino que es arbitraria; ya no es única y directriz, sino que hay varias que conviven y se superponen. Es decir, comienza a tener un cariz negativo", sintetiza Zubieta, que es doctora en Psicología, socióloga e investigadora del Conicet.
Una de las explicaciones a esta sugestiva bifurcación de la interpretación radica en el doble funcionamiento del sistema normativo argentino: uno formal, que comunica cómo se debe actuar (los peatones tienen prioridad de paso en las esquinas) ,y otro informal, que es el que realmente se cumple (los automovilistas cruzan las esquinas como si los peatones no existieran). "Quien intenta controlar la norma formal es percibido como autoritario. Cuando las personas perciben que no hay un proceso legal justo tienden a considerar a las autoridades y las normas como autoritarias o injustas, socabando la credibilidad tanto de las autoridades como de las normas", opina Zubieta.
Autoridad o autoritarismo
Esta tendencia a confundir el ejercicio legítimo y normativo de la autoridad con la práctica sin fundamento ni consenso del autoritarismo es uno de los resortes que explica la resistencia a cumplir y hacer cumplir las reglas, y a rechazar el rol que éstas ejercen para evitar los excesos individuales en la convivencia social.
"Constantemente observamos una dificultad para sostener lugares de autoridad", comenta el doctor Orlando Calo, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) y cabeza de múltiples investigaciones sobre el modo en que las personas se posicionan en relación con las normas. "En el ámbito docente escuchamos a una cantidad de educadores declararse impotentes frente a ciertas conductas de los alumnos y reclamar a los equipos técnicos de las escuelas que resuelvan las dificultades que en realidad les competen", comenta. Y resalta un fenómeno similar hallado en padres que participan en grupos barriales de reflexión. "Es responsabilidad de padres y docentes transmitir y sostener las normas además de cumplirlas, porque si quien está en el lugar de autoridad transgrede las normas o está sospechado de incumplimiento, es la norma misma la que queda deslegitimada", expresa el doctor Calo.
"Hay anécdotas increíbles que evidencian este cuestionamiento a las figuras de autoridad", agrega el licenciado Hugo Martínez Alvarez, a cargo de la Secretaría de Extensión de la UNMdP. Y relata el caso planteado por los padres de "una alumna que no pudo ser abanderada porque había recibido una amonestación colectiva. No aceptando ni la autoridad de la directora ni la legitimidad del estatuto apelaron directamente a la Justicia".
Otra investigación coordinada por la licenciada Alicia Zanghellini, vicedecana de la misma facultad, llegó a conclusiones similares: un equipo de psicólogos e integrantes de la fiscalía marplatense trabajó con personas procesadas por accidentes de tránsito, en quienes hallaron "dificultad para responsabilizarse por el acto cometido, posicionándose inicialmente como víctimas y no como actores responsables, justificándose constantemente y depositando la culpa del accidente en el otro, en las leyes o en el tránsito en general".
"Hay una tendencia a correrse del lugar de responsabilidad a través del famoso Yo, argentino que funciona como una fórmula para declararse no implicado y exculparse -interpreta el doctor Orlando Calo-. Además se suele tomar la avivada como rasgo nacional, bajo un simplificador Somos así. Y no: no todos somos así. Y quienes lo son pueden dejar de serlo", apuesta.
Hacerse cargo
Para romper con el Yo, argentino, los profesionales de la Facultad de Psicología de la UNMdP proponen que padres y maestros asuman su lugar de autoridad-sostén y su rol privilegiado en la transmisión de lo normativo. Desde este lugar, la propuesta es que generen sanciones transformadoras y no solamente punitivas frente al incumplimiento. Además apelan a que cada uno se haga cargo de su lugar y se responsabilice por sus acciones, es decir que se adueñe de sus actos y decisiones.
La doctora Elena Zubieta sostiene que renegar de las normas es participar del juego de la doble moral. "Es necesario reconocer que las normas están. Sólo hay que cumplirlas."
Por último, la doctora Virginia García Beaudoux, codirectora del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, que realizó numerosas investigaciones sobre la corrupción en el país, considera que el socio principal de la transgresión es la impunidad. "Deben existir visibles y reales ejemplos de sanciones. Se trata de cortar un círculo vicioso que lleva ya demasiadas generaciones: desde que somos chicos aprendemos que en nuestra sociedad quienes transgreden no son castigados, casi siempre zafan y a veces hasta son mirados con cierta benevolencia vinculada con la viveza criolla. Pero si se los sanciona tanto material como socialmente, las cosas empiezan a cambiar."






