
Lo que dejó Gesell
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VILLA GESELL.- El rock dio los primeros pasos luego de lo ocurrido en República Cromañón. Habrá que esperar a que el tiempo ubique en su lugar las sensaciones, preocupaciones y sentimientos que afectan a los músicos, los organizadores y al público, que se traslucieron en el festival. Para que el rock continúe siendo una fiesta, una celebración.
Es auspicioso que todo haya ido de menor a mayor y que los artistas encargados de cerrar cada noche, Bersuit Vergarabat, León Gieco, Charly García y Las Pelotas, mostraran toda su vigencia.
Aquí, algunas instantáneas del Gesell Rock 2005.
En Bersuit lo cuidan. El afecto y la gratitud que la banda de Gustavo Cordera le profesa a Andrés Calamaro se mostraron en el escenario. "Che, loco, que cante una canción más Andrés", invitaba el Pelado en los bises, luego de "La soledad". "Grande Andrés, impresionante", lo felicitó después de "Mi caramelo". "Lo hacemos descansar un momento y después sube a cantar una cancioncita más", lo cuidaba Cordera. En varios pasajes de las canciones que interpretaron juntos, la banda se corría un poco hacia atrás y Calamaro quedaba como frontman.
Charly and The Prostitutions. Así bautizó al grupo que lo acompaña. Explicó, antes de arrancar con "Me tiré por vos", que uno de sus temas favoritos era "hacer sentir culpable a la gente, a tu hermana, a tu mamá, a todos menos a mí". Además, mantuvo a los organizadores en alerta, que respiraron aliviados sólo cuando terminó el show.
Disfrutar de Las Pelotas. Los ex Sumo y compañía dieron un recital memorable y tocaron el todavía inédito "Como se curan las heridas", donde poetizan "no mires más/ no puedes ver por las heridas/ viviendo sin nunca aprender/ a pesar de nuestra piel/ a pesar del amor". Germán Daffunchio, guitarrista y cantante, le comentó a Vía Libre que está próxima la salida de "Show", un disco en vivo que reflejará la gira que realizaron por el país después de lanzar "Esperando el milagro".
Una joyita. Terminado el show de Attaque 77, sus fans huyeron en masa del lugar y se perdieron un pequeño lujo: Ciro (presentado como "un amigo") y León Gieco, con su guitarra acústica como único instrumento, cantaron a dúo una emotiva e improvisada versión de "La colina de la vida". El público, agradecido.
Autohomenaje. León Gieco comenzó su set, el más cálido de toda la segunda jornada por su comunicación con la gente, recordando los veinte años de la trilogía "De Ushuaia a La Quiaca". "Cachito, campeón de Corrientes" y "Kilómetro 11" fueron los elegidos. Vestía de negro, gorra de igual color incluida, y llevaba unos anteojos marrones que evocaban las fotos del viaje que lo llevó a cruzar el país de Sur a Norte. Al final, dedicado a "todos los hijos que se perjudicaron en Cromañón", cerró con "Sólo le pido a Dios".
Attaque audiovisual. En un concierto al que le faltó algo de potencia en el sonido, la banda de Pertusi fue la única que contó con un despliegue más visual. Ciro describía, en "La gente que habla sola" (de su último disco, "Antihumano"), a "un ejército de gente balbuceando su verdad/ ...en cada esquina en la ciudad/ hay un corazón partido/ que no para de sangrar", y las pantallas gigantes, montadas a cado lado del escenario, mostraban en video la fauna típica de hombres y mujeres caminando indiferentes por la calle Florida un día de semana. En "Barreda´s way", las imágenes bizarras de película clase B, donde un sádico dentista terminaba un tratamiento con su paciente lleno de sangre, acompañaban la letra que decía "un día me cansé de esperar / ... se burlaron de mí y ahí nomás les disparé".
Lo que importa es la melodía. "No me importa morir", entonaba Cristian Aldana, la voz de El Otro Yo, en la canción que lleva el mismo título. A pocos metros del escenario, tres chicas cuya edad no superaba los 13 años cantaban y saltaban en ronda, tomadas de la mano, en una escena que bien podría pertenecer a "La novicia rebelde".
Iorio, polémico. A los rockeros de Almafuerte los tuvieron que echar del escenario. Entregaron un set preciso, contundente, donde mostraron todo su oficio, con pasajes que mezclaban acrobáticos solos de guitarra con logrados momentos de introspección. Pero todo quedó empañado por las polémicas frases que Ricardo Iorio arrojaba al público, a pesar de que el guitarrista Claudio Marciello le pedía que se callara. Al final, como la gente quería un tema más, Iorio decidió acceder al deseo del público y salirse del programa. Conclusión: terminaron compartiendo el escenario con el personal de backstage que acomodaba los instrumentos para "El Otro Yo", que era el número siguiente.
Morpho Touch. Fue una de las innovaciones en seguridad. En catorce segundos, y después de apoyar los dedos índice sobre una pantalla, este identificador de huellas digitales utilizado por la policía determina si la persona en cuestión, elegida al azar, está libre de culpa y cargo y puede entrar en el recital o si, por el contrario, es "invitada" a otro lugar, menos placentero seguramente.






